Existen muchas ciudades cuyas expectativas de vida han sobrevivido al gobierno, civilización o reinado que las fundó. De acuerdo con Saskia Sassen de la revista Forbes, esto se debe a la naturaleza “incompleta” de las ciudades, que les permite ser repensadas y modificadas una infinidad de veces para adaptarse no a los gobiernos que las regulan sino a las poblaciones que experimentan sus calles, recovecos y etapas de desarrollo.

El término “Open Source” —utilizado por comunidades informáticas— se refiere al “software que podemos usar, leer, modificar y redistribuir gratuitamente”, un intercambio muy abierto. En este sentido, aplicar el mismo término a  la urbanización implica  volver a pensar las ciudades desde la comunidad que la habita: es pensar en los individuos como los responsables de los pequeños cambios que evolucionan gradualmente un espacio. Debe atenderse a la mudanza impuesta por los tiempos: los enormes edificios, el reemplazo de pequeños negocios por tiendas de lujo o la rápida expansión de redes de transporte.

La ventaja principal de una ciudad Open Source, además de su adaptabilidad, es la perspicacia de los cambios llevados a cabo por las comunidades y no agentes externos. Este tipo de ciudad, al contrario de las llamadas inteligentes, controla la tecnología para lograr cambios que beneficiarán a los habitantes. El Open Source propone un urbanismo en el que se abren los sistemas de conocimiento para que los habitantes contribuyan a la construcción de su ciudad, trabajando al lado de gobiernos y firmas de urbanismo para beneficiar a todos.

Streetmix, un sitio  web que permite a los usuarios crear su ciudad de ensueño, es un modelo del Open Source. Por lúdico que parezca, el programa es una genial invitación que descentraliza la planeación urbana al incluir el conocimiento y las experiencias de las personas que diariamente transitan las calles de una ciudad. People Make Parks es otro ejemplo de cómo se puede emplear la apropiación emocional de un ciudad para transformarla. Este conocimiento interno proyectado en cambios reales es un factor determinante para Sassen, quien asegura que “El urbanismo Open Source es un antídoto”, es decir, uno que contrarresta la frialdad y la ineficiencia de las agendas políticas.

En suma, el Open Source de una ciudad es una revolución urbana que busca devolverle al individuo el control de las calles. El conocimiento e iniciativa de un individuo puede determinar el futuro de una ciudad, encauzando cambios afortunados que contribuirán a la imagen de una ciudad, convirtiéndola en una fortaleza adaptable, políticamente innovadora y económicamente activa.

Existen muchas ciudades cuyas expectativas de vida han sobrevivido al gobierno, civilización o reinado que las fundó. De acuerdo con Saskia Sassen de la revista Forbes, esto se debe a la naturaleza “incompleta” de las ciudades, que les permite ser repensadas y modificadas una infinidad de veces para adaptarse no a los gobiernos que las regulan sino a las poblaciones que experimentan sus calles, recovecos y etapas de desarrollo.

El término “Open Source” —utilizado por comunidades informáticas— se refiere al “software que podemos usar, leer, modificar y redistribuir gratuitamente”, un intercambio muy abierto. En este sentido, aplicar el mismo término a  la urbanización implica  volver a pensar las ciudades desde la comunidad que la habita: es pensar en los individuos como los responsables de los pequeños cambios que evolucionan gradualmente un espacio. Debe atenderse a la mudanza impuesta por los tiempos: los enormes edificios, el reemplazo de pequeños negocios por tiendas de lujo o la rápida expansión de redes de transporte.

La ventaja principal de una ciudad Open Source, además de su adaptabilidad, es la perspicacia de los cambios llevados a cabo por las comunidades y no agentes externos. Este tipo de ciudad, al contrario de las llamadas inteligentes, controla la tecnología para lograr cambios que beneficiarán a los habitantes. El Open Source propone un urbanismo en el que se abren los sistemas de conocimiento para que los habitantes contribuyan a la construcción de su ciudad, trabajando al lado de gobiernos y firmas de urbanismo para beneficiar a todos.

Streetmix, un sitio  web que permite a los usuarios crear su ciudad de ensueño, es un modelo del Open Source. Por lúdico que parezca, el programa es una genial invitación que descentraliza la planeación urbana al incluir el conocimiento y las experiencias de las personas que diariamente transitan las calles de una ciudad. People Make Parks es otro ejemplo de cómo se puede emplear la apropiación emocional de un ciudad para transformarla. Este conocimiento interno proyectado en cambios reales es un factor determinante para Sassen, quien asegura que “El urbanismo Open Source es un antídoto”, es decir, uno que contrarresta la frialdad y la ineficiencia de las agendas políticas.

En suma, el Open Source de una ciudad es una revolución urbana que busca devolverle al individuo el control de las calles. El conocimiento e iniciativa de un individuo puede determinar el futuro de una ciudad, encauzando cambios afortunados que contribuirán a la imagen de una ciudad, convirtiéndola en una fortaleza adaptable, políticamente innovadora y económicamente activa.

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