El arte y las matemáticas tienen una relación imprescindible y milenaria. Desde el número áureo y las teorías en torno al punto de fuga en la pintura, las espectaculares obras que el cubismo regaló al mundo, hasta los objetos imposibles de M. C. Escher, esta relación ha resultado en piezas de arte llenas de belleza y elegancia. Pero si a la ecuación añadimos un factor más, la tecnología, nos encontramos con ejemplos que cobran una nueva dimensión. Este es el caso de Engare, un nuevo videojuego que echa mano de elementos matemáticos, artísticos y arquitectónicos para resultar en una especie de rompecabezas virtual que reta a sus usuarios a emular cuerpos geométricos utilizando patrones que remiten, claramente, a la preciosa estética del arte y la arquitectura del Islam.

Su creador es el joven iraní Mahdi Bahrami de 24 años, y Engare nació de su profundo amor por las matemáticas pero, sobre todo, por la geometría. Así, no es una sorpresa que la extraña mente de este creador sea capaz de encontrar en las formas algo que no todos percibimos. “Cuando veo estas formas matemáticas en la mezquita y otros lugares, siento que puedo percibir las reglas detrás de todo, que soy capaz ver las matemáticas en ello”, afirmó en una entrevista reciente.

El juego funciona de la siguiente manera: el usuario elige una estructura previamente creada para luego emularla usando herramientas (parecidas a las de un espirógrafo) que giran, se doblan o se mueven haciendo patrones geométricos. La belleza de Engare no es opacada por la frialdad de su matemático funcionamiento; su cualidad altamente visual es lo que hace que, a pesar de tratarse de un juego que utiliza exactas geometrías y medidas, se trate de un ejercicio estético más que uno técnico. Es, finalmente, un juego sobre el arte, lleno de detalles y delicadas curvas.

Aunque en principio la finalidad de este juego no era la de difundir el arte islámico, Bahrami acepta que le gusta la idea de recordar al mundo que las culturas del Medio Oriente no solamente celebran la guerra y la violencia, mostrar que su arte se encuentra entre los más sofisticados del mundo. Así, este videojuego incluye, orgullosamente, caracteres y números en persa. El arte de esta región del mundo se diferencia del arte occidental de muchas maneras, la más obvia es su resistencia por representar al hombre y, en ocasiones, a otros seres vivos (una restricción religiosa), uno de los motivos de la gran abstracción de esta expresión artística.

A diferencia de los juegos de video a los que estamos acostumbrados —simulaciones de guerras, carreras o juegos deportivos llenos de personajes extraños y caricaturizados—, Engare sobresale como una oda al arte. Sus geométricas torres, mezquitas y superficies recubiertas de mosaicos nos recuerdan el misterioso y profundamente emocional lenguaje que tienen las matemáticas.

 

 

 

Imagen: Creative Commons

El arte y las matemáticas tienen una relación imprescindible y milenaria. Desde el número áureo y las teorías en torno al punto de fuga en la pintura, las espectaculares obras que el cubismo regaló al mundo, hasta los objetos imposibles de M. C. Escher, esta relación ha resultado en piezas de arte llenas de belleza y elegancia. Pero si a la ecuación añadimos un factor más, la tecnología, nos encontramos con ejemplos que cobran una nueva dimensión. Este es el caso de Engare, un nuevo videojuego que echa mano de elementos matemáticos, artísticos y arquitectónicos para resultar en una especie de rompecabezas virtual que reta a sus usuarios a emular cuerpos geométricos utilizando patrones que remiten, claramente, a la preciosa estética del arte y la arquitectura del Islam.

Su creador es el joven iraní Mahdi Bahrami de 24 años, y Engare nació de su profundo amor por las matemáticas pero, sobre todo, por la geometría. Así, no es una sorpresa que la extraña mente de este creador sea capaz de encontrar en las formas algo que no todos percibimos. “Cuando veo estas formas matemáticas en la mezquita y otros lugares, siento que puedo percibir las reglas detrás de todo, que soy capaz ver las matemáticas en ello”, afirmó en una entrevista reciente.

El juego funciona de la siguiente manera: el usuario elige una estructura previamente creada para luego emularla usando herramientas (parecidas a las de un espirógrafo) que giran, se doblan o se mueven haciendo patrones geométricos. La belleza de Engare no es opacada por la frialdad de su matemático funcionamiento; su cualidad altamente visual es lo que hace que, a pesar de tratarse de un juego que utiliza exactas geometrías y medidas, se trate de un ejercicio estético más que uno técnico. Es, finalmente, un juego sobre el arte, lleno de detalles y delicadas curvas.

Aunque en principio la finalidad de este juego no era la de difundir el arte islámico, Bahrami acepta que le gusta la idea de recordar al mundo que las culturas del Medio Oriente no solamente celebran la guerra y la violencia, mostrar que su arte se encuentra entre los más sofisticados del mundo. Así, este videojuego incluye, orgullosamente, caracteres y números en persa. El arte de esta región del mundo se diferencia del arte occidental de muchas maneras, la más obvia es su resistencia por representar al hombre y, en ocasiones, a otros seres vivos (una restricción religiosa), uno de los motivos de la gran abstracción de esta expresión artística.

A diferencia de los juegos de video a los que estamos acostumbrados —simulaciones de guerras, carreras o juegos deportivos llenos de personajes extraños y caricaturizados—, Engare sobresale como una oda al arte. Sus geométricas torres, mezquitas y superficies recubiertas de mosaicos nos recuerdan el misterioso y profundamente emocional lenguaje que tienen las matemáticas.

 

 

 

Imagen: Creative Commons