Uno de los placeres a distancia que podemos gozar como quien lo hubiera planeado es cuando dos personajes del folklor de lo extraño se encuentran para conversar. Así sucedió hace poco cuando BBC2 Newnight Encounters reunió a Patti Smith y a David Lynch para hablar… de lo que fuera.

En una escenografía a todas luces lyncheana, ambos platicaron sobre sus experiencias creativas y sobre la primera vez que escucharon la canción “Blue Velvet” (con la que abre la película del mismo nombre). Con su característica destreza verbal, Patti Smith relaciona todos los hilos de la conversación con el mundo cinematográfico de Lynch –del que es confesa admiradora–, y así la entrevista fluye en un caudal de complicidades que asoman en sonrisas, y todo gira en torno al amor por las extrañas y perfectas sincronías de la naturaleza y la creación.

Lynch, cuenta, ama las fábricas. Ama el humo. Ama el fuego. Y ama que la naturaleza trabaje sobre estas cosas. Smith ama que el pasto de su jardín crezca desordenadamente y deje nacer los dientes de león y las rosas salvajes a placer. Ambos sonríen como aliados en algo delicioso e inexplicable. No les importa, dicen, si algo es bello o es horrendo. No les importa saber qué es bello y que no lo es. Les importa seguir creando a partir del influjo de esos accidentes naturales.

Aunque dure apenas 8 minutos, el video es testimonio de un encuentro fortuito del tercer tipo. “Las grandes mentes piensan parecido”.

Uno de los placeres a distancia que podemos gozar como quien lo hubiera planeado es cuando dos personajes del folklor de lo extraño se encuentran para conversar. Así sucedió hace poco cuando BBC2 Newnight Encounters reunió a Patti Smith y a David Lynch para hablar… de lo que fuera.

En una escenografía a todas luces lyncheana, ambos platicaron sobre sus experiencias creativas y sobre la primera vez que escucharon la canción “Blue Velvet” (con la que abre la película del mismo nombre). Con su característica destreza verbal, Patti Smith relaciona todos los hilos de la conversación con el mundo cinematográfico de Lynch –del que es confesa admiradora–, y así la entrevista fluye en un caudal de complicidades que asoman en sonrisas, y todo gira en torno al amor por las extrañas y perfectas sincronías de la naturaleza y la creación.

Lynch, cuenta, ama las fábricas. Ama el humo. Ama el fuego. Y ama que la naturaleza trabaje sobre estas cosas. Smith ama que el pasto de su jardín crezca desordenadamente y deje nacer los dientes de león y las rosas salvajes a placer. Ambos sonríen como aliados en algo delicioso e inexplicable. No les importa, dicen, si algo es bello o es horrendo. No les importa saber qué es bello y que no lo es. Les importa seguir creando a partir del influjo de esos accidentes naturales.

Aunque dure apenas 8 minutos, el video es testimonio de un encuentro fortuito del tercer tipo. “Las grandes mentes piensan parecido”.

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