Pocas cosas más deliciosas que entrar al cerebro de alguien a quien uno admira. Este video ofrece exactamente dicha oportunidad y expone brevemente una serie de momentos que reflejan la personalidad, los métodos de trabajo, las opiniones y la vida cotidiana de Vladimir Nabokov.

El escritor ruso es introducido mientras explica, en una entrevista, por qué no volverá a Rusia; está seguro de que ha tomado lo que necesita de su país natal y lo lleva dentro de sí a donde quiera que vaya. A continuación, el momento más exquisito del video: Nabokov lee en inglés y en ruso las más que conocidas primeras líneas de su obra maestra Lolita, en un momento completamente inspirador e inolvidable para cualquiera que ha leído y disfrutado de la novela.

Más adelante, Nabokov muestra a la cámara las notas de su nuevo libro, cuyo título provisional era en ese momento La textura del tiempo. Para escribirla empezará, dice, con una especie de ensayo académico sobre el tiempo que transformará después en la historia que quiere contar. Su meta es, probablemente, de la mayor envergadura posible: hablar del tiempo sin utilizar símiles o metáforas para nombrarlo.

“Me he quedado perplejo y me divierten las nociones fabricadas de lo que se conoce como ‘grandes libros’ ”, declara Nabokov con evidente desprecio. Así, el consagrado personaje descarta lo que canónicamente se conoce como “obras maestras”, y critica ferozmente libros considerados geniales como La muerte en Venecia de Thomas Mann, El doctor Zhivago de Boris Pasternak o la prosa del renombrado William Faulkner. Aquí aprovecha para exponer, en orden de calidad, las que él considera obras maestras de la prosa del siglo XX —en una selección innegablemente impecable—:

1. Ulises de James Joyce.

2. La metamorfosis de Franz Kafka.

3. Petersburgo de Andréi Bely.

4. En busca del tiempo perdido (la primera mitad) de Marcel Proust.

Inmediatamente, Nabokov aparece leyendo una lista personal de las cosas que literalmente detesta: los pasajes novelísticos en los que se describen los pensamientos geniales de sus protagonistas; la música de supermercado, la música portátil, la música impuesta; los diccionarios y manuales abreviados; los clichés periodísticos; la humildad y lo que él llama “los momentos de verdad o iluminación”. Este último cae en un lugar extraño tomando en cuenta que su novela favorita es el Ulises y Leopoldo Bloom está lleno de iluminaciones y momentos de verdad.

Las últimas imágenes del video muestran a Nabokov al lado de Vera, su compañera de vida y editora, jugando ajedrez en un momento cotidiano e íntimo, en el hotel suizo donde ambos vivieron de 1961 hasta su muerte.

Este video —una joya para cualquier amante de Nabokov y su literatura— es un acercamiento visual a la mente y la personalidad de un hombre categórico y un gran rebelde, una ventana que nos convida su pasión por la vida cotidiana y sus singulares métodos de trabajo.

Pocas cosas más deliciosas que entrar al cerebro de alguien a quien uno admira. Este video ofrece exactamente dicha oportunidad y expone brevemente una serie de momentos que reflejan la personalidad, los métodos de trabajo, las opiniones y la vida cotidiana de Vladimir Nabokov.

El escritor ruso es introducido mientras explica, en una entrevista, por qué no volverá a Rusia; está seguro de que ha tomado lo que necesita de su país natal y lo lleva dentro de sí a donde quiera que vaya. A continuación, el momento más exquisito del video: Nabokov lee en inglés y en ruso las más que conocidas primeras líneas de su obra maestra Lolita, en un momento completamente inspirador e inolvidable para cualquiera que ha leído y disfrutado de la novela.

Más adelante, Nabokov muestra a la cámara las notas de su nuevo libro, cuyo título provisional era en ese momento La textura del tiempo. Para escribirla empezará, dice, con una especie de ensayo académico sobre el tiempo que transformará después en la historia que quiere contar. Su meta es, probablemente, de la mayor envergadura posible: hablar del tiempo sin utilizar símiles o metáforas para nombrarlo.

“Me he quedado perplejo y me divierten las nociones fabricadas de lo que se conoce como ‘grandes libros’ ”, declara Nabokov con evidente desprecio. Así, el consagrado personaje descarta lo que canónicamente se conoce como “obras maestras”, y critica ferozmente libros considerados geniales como La muerte en Venecia de Thomas Mann, El doctor Zhivago de Boris Pasternak o la prosa del renombrado William Faulkner. Aquí aprovecha para exponer, en orden de calidad, las que él considera obras maestras de la prosa del siglo XX —en una selección innegablemente impecable—:

1. Ulises de James Joyce.

2. La metamorfosis de Franz Kafka.

3. Petersburgo de Andréi Bely.

4. En busca del tiempo perdido (la primera mitad) de Marcel Proust.

Inmediatamente, Nabokov aparece leyendo una lista personal de las cosas que literalmente detesta: los pasajes novelísticos en los que se describen los pensamientos geniales de sus protagonistas; la música de supermercado, la música portátil, la música impuesta; los diccionarios y manuales abreviados; los clichés periodísticos; la humildad y lo que él llama “los momentos de verdad o iluminación”. Este último cae en un lugar extraño tomando en cuenta que su novela favorita es el Ulises y Leopoldo Bloom está lleno de iluminaciones y momentos de verdad.

Las últimas imágenes del video muestran a Nabokov al lado de Vera, su compañera de vida y editora, jugando ajedrez en un momento cotidiano e íntimo, en el hotel suizo donde ambos vivieron de 1961 hasta su muerte.

Este video —una joya para cualquier amante de Nabokov y su literatura— es un acercamiento visual a la mente y la personalidad de un hombre categórico y un gran rebelde, una ventana que nos convida su pasión por la vida cotidiana y sus singulares métodos de trabajo.

Etiquetado: , ,