Las utopías podrán pertenecer al mundo de lo fantástico, pero también existen instancias de preceptos utópicos que se retomaron para construir ciudades reales. A finales del siglo XIX, con la revolución industrial en auge, aparecieron en Inglaterra una serie de pensadores que buscaban reconciliar la ciudad con el campo, la urbe con la naturaleza.

Ejemplo de ellos es William Morris, un pensador inglés, impulsor del movimiento de Artes y Oficios, fundador de Morris and Company, que diseñaba muebles y objetos con un estilo medieval, muchas veces con motivos florales y animales. Morris creía que la belleza de lo que nos rodea contribuye a hacernos mejores personas. Parte de esta teoría lo llevó a escribir Noticias de Ninguna Parte. En esta utopía narrativa Morris señala que la sobrepoblación en las grandes urbes fomenta un círculo vicioso de pobreza que lleva a la bebida y el delito. Su idea era crear colonias en el campo y reducir la escala de las ciudades.

Unos años más tarde, Ebenezer Howard retomó algunas de las ideas de Morris y escribió Mañana: un camino pacífico hacia la reforma, que después se reeditaría como Ciudades jardín de mañana. “La sociedad humana y la belleza de la naturaleza deben ser disfrutadas en conjunto”, dice Howard en este texto en el que habla de abolir la propiedad privada de la tierra y de crear ciudades de propiedad común. Sugiere revitalizar el campo para disminuir la sobrepoblación en las ciudades y construir a su vez ciudades llenas de áreas verdes. “ La ciudad y el campo deben unirse en matrimonio, y de esta feliz unión nacerá una nueva esperanza, una nueva vida, una nueva civilización.”

garden city 2Sus ciudades estaban diseñadas en círculos concéntricos. En el círculo central había un parque enorme con un jardín especial para el invierno. Le seguía el círculo de los edificios del gobierno, después un círculo de casas y jardines, y una avenida llena de árboles. Las casas serían de una arquitectura variada y tendrían jardines y comedores comunales que funcionarían como cooperativas. En la avenida pública estarían las escuelas, áreas de juego para los niños, más jardines y centros religiosos. En el círculo exterior estarían las fábricas, de forma que la contaminación no invadiera las ciudades. Allí también estarían los almacenes (para que los productos del campo llegaran a las tiendas con más facilidad), los mercados y más casas.

Antes de morir, Howard vio surgir dos pueblos basados en su utopía: Letchworth, que construyó una comunidad de cuáqueros, y Welwyn Garden City. Las imágenes de estas dos ciudades hoy en día siguen siendo verdes e inspiradoras. En su época incitaron la construcción de otras ciudades jardín en Finlandia, Australia y Alemania. Estas ciudades son prueba de que se puede encontrar un balance armónico entre la naturaleza y el hombre, y de que las utopías no son fantasías escapistas, son faros, que muestran direcciones posibles. Posibles y reales.

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Las utopías podrán pertenecer al mundo de lo fantástico, pero también existen instancias de preceptos utópicos que se retomaron para construir ciudades reales. A finales del siglo XIX, con la revolución industrial en auge, aparecieron en Inglaterra una serie de pensadores que buscaban reconciliar la ciudad con el campo, la urbe con la naturaleza.

Ejemplo de ellos es William Morris, un pensador inglés, impulsor del movimiento de Artes y Oficios, fundador de Morris and Company, que diseñaba muebles y objetos con un estilo medieval, muchas veces con motivos florales y animales. Morris creía que la belleza de lo que nos rodea contribuye a hacernos mejores personas. Parte de esta teoría lo llevó a escribir Noticias de Ninguna Parte. En esta utopía narrativa Morris señala que la sobrepoblación en las grandes urbes fomenta un círculo vicioso de pobreza que lleva a la bebida y el delito. Su idea era crear colonias en el campo y reducir la escala de las ciudades.

Unos años más tarde, Ebenezer Howard retomó algunas de las ideas de Morris y escribió Mañana: un camino pacífico hacia la reforma, que después se reeditaría como Ciudades jardín de mañana. “La sociedad humana y la belleza de la naturaleza deben ser disfrutadas en conjunto”, dice Howard en este texto en el que habla de abolir la propiedad privada de la tierra y de crear ciudades de propiedad común. Sugiere revitalizar el campo para disminuir la sobrepoblación en las ciudades y construir a su vez ciudades llenas de áreas verdes. “ La ciudad y el campo deben unirse en matrimonio, y de esta feliz unión nacerá una nueva esperanza, una nueva vida, una nueva civilización.”

garden city 2Sus ciudades estaban diseñadas en círculos concéntricos. En el círculo central había un parque enorme con un jardín especial para el invierno. Le seguía el círculo de los edificios del gobierno, después un círculo de casas y jardines, y una avenida llena de árboles. Las casas serían de una arquitectura variada y tendrían jardines y comedores comunales que funcionarían como cooperativas. En la avenida pública estarían las escuelas, áreas de juego para los niños, más jardines y centros religiosos. En el círculo exterior estarían las fábricas, de forma que la contaminación no invadiera las ciudades. Allí también estarían los almacenes (para que los productos del campo llegaran a las tiendas con más facilidad), los mercados y más casas.

Antes de morir, Howard vio surgir dos pueblos basados en su utopía: Letchworth, que construyó una comunidad de cuáqueros, y Welwyn Garden City. Las imágenes de estas dos ciudades hoy en día siguen siendo verdes e inspiradoras. En su época incitaron la construcción de otras ciudades jardín en Finlandia, Australia y Alemania. Estas ciudades son prueba de que se puede encontrar un balance armónico entre la naturaleza y el hombre, y de que las utopías no son fantasías escapistas, son faros, que muestran direcciones posibles. Posibles y reales.

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