Utsuro-bune significa “barco hueco” en japonés, y el término hace referencia a una de las leyendas más extrañas de seres provenientes de otro planeta. Para algunos, resultado de una mezcla de diferentes mitos antiguos, para otros, uno de los registros más viejos de contacto con extraterrestres, esta singular historia narra la llegada, a principios del siglo XIX, de una bella y extraña mujer a la costa de la provincia de Hitachi, al este de Japón.

La leyenda de Utsuro-bune se encuentra registrada en tres textos escritos pocos años después del suceso. El primero es Toen shōsetsu (Historias del jardín de los conejos), un manuscrito de 1825 que hace una descripción impresionantemente detallada de la visita de la extraña dama; el segundo texto es Hyōryū kishū (Diarios e historias de náufragos), escrito en 1835; y, finalmente, Ume-no-chiri (Polvo del durazno) de 1844. Las tres fuentes narran el mismo suceso con variaciones mínimas en sus descripciones, y en el nombre del lugar al que llegó un barco hueco y extraño tripulado por una dama, que muchos aseguraron venía de otro planeta.

Según estos tres textos, el 22 de febrero de 1803 pescadores de la región de Hitachi avistaron una extraña embarcación de unos 3.3 metros de alto por 5.4 de ancho, flotando cerca de la orilla del mar. El pequeño barco era como una especie de cápsula hueca con la forma de un quemador de incienso (Kōhako) o una hoya de arroz; estaba hecho de madera y revestido, en la parte inferior, de placas de cobre que protegían la nave de las escarpadas rocas de aquella costa. El barco hueco, además, tenía ventanas hechas de vidrio, sujetadas por barras de madera que había sido fijadas con resina.

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Los pescadores decidieron llevar la nave a tierra para investigarla y, en su interior, escritas en las paredes, encontraron inscripciones en un lenguaje desconocido, además de agua, comida, tapetes y sábanas. La detallada descripción en los textos que registraron esta leyenda indica cuántos litros de agua había dentro de la embarcación (3.6) y cómo se veían los alimentos que contenía, que incluían carne y pan de alguna clase. Los pescadores también encontraron a una mujer en el interior del barco.

La joven es descrita como hermosa y extraña: cejas rojas, de unos 18 o 20 años, una estatura de 1.5 metros, piel pálida y cabello rojo adornado con extensiones blancas que parecían hechas de piel o tela cortada finamente. La chica vestía ropas largas hechas de una tela desconocida, y entre sus manos sujetaba una caja de color claro de alrededor de 23 centímetros. Los pescadores, impresionados, intentaron comunicarse con ella, pero ésta hablaba un idioma que no era japonés, y mostraba un comportamiento muy extraño, pues no dejaba que nadie tocara la pequeña caja que guardaba celosamente entre sus manos.

Los pobladores de la región hicieron toda clase de suposiciones sobre el origen de la joven mujer. Algunos sospechaban que era la reina de un país lejano acusada de adulterio y exiliada; otros, incluso aseguraban que la pequeña caja podría contener la cabeza de su amante. Asustados por su rareza e incapaces de comunicarse con la joven, los pescadores decidieron ponerla en su barco hueco y devolverla al mar.

La historia de Utsuro-bune ha interesado a historiadores, antropólogos, etnólogos y ufólogos por igual. Para los primeros, la historia de la extraña mujer venida del mar es una especie de modernización de mitos del folclor japonés, y han encontrado distintas narrativas antiguas que podrían ser el origen de esta historia llena de interrogantes; para los segundos, la leyenda de esta joven es uno de los registros más viejos que se tienen de contacto con seres de otro planeta, e incluso, comparan los extraños símbolos encontrados en las paredes de la nave con otros hallados en lugares donde ha habido un supuesto contacto con extraterrestres, así como la forma del barco hueco con la de los platillos voladores. Existen también algunos historiadores que sostienen que la extraña visitante era una mujer proveniente de Rusia por sus rasgos físicos.

Cualquiera que sea la explicación elegida, la leyenda Utsuro-bune nos enfrenta con cuestiones maravillosamente indescifrables y profundamente humanas: no es una coincidencia que la visitante haya sido una mujer, joven y hermosa, o que los pescadores lazaran toda clase de sentencias sobre su pasado; tampoco carece de significado el hecho de que éstos la hayan devuelto al mar al no poder comprenderla, en una época (el periodo Edo) en la que Japón estaba aislado del mundo exterior. Finalmente, esta extraña leyenda lanza al aire un amplio espectro de interrogantes y misterios provistos de la preciosa excentricidad que caracteriza a la poética japonesa. Uno de ellos podría ser ¿qué había dentro de la pequeña caja de color claro que cuidaba celosamente la bella visitante?

*Imágenes: 1) Lady from the sea, Edvard Munch, 1896; 2) Hatō zu (olas)  / Dominio Público

Utsuro-bune significa “barco hueco” en japonés, y el término hace referencia a una de las leyendas más extrañas de seres provenientes de otro planeta. Para algunos, resultado de una mezcla de diferentes mitos antiguos, para otros, uno de los registros más viejos de contacto con extraterrestres, esta singular historia narra la llegada, a principios del siglo XIX, de una bella y extraña mujer a la costa de la provincia de Hitachi, al este de Japón.

La leyenda de Utsuro-bune se encuentra registrada en tres textos escritos pocos años después del suceso. El primero es Toen shōsetsu (Historias del jardín de los conejos), un manuscrito de 1825 que hace una descripción impresionantemente detallada de la visita de la extraña dama; el segundo texto es Hyōryū kishū (Diarios e historias de náufragos), escrito en 1835; y, finalmente, Ume-no-chiri (Polvo del durazno) de 1844. Las tres fuentes narran el mismo suceso con variaciones mínimas en sus descripciones, y en el nombre del lugar al que llegó un barco hueco y extraño tripulado por una dama, que muchos aseguraron venía de otro planeta.

Según estos tres textos, el 22 de febrero de 1803 pescadores de la región de Hitachi avistaron una extraña embarcación de unos 3.3 metros de alto por 5.4 de ancho, flotando cerca de la orilla del mar. El pequeño barco era como una especie de cápsula hueca con la forma de un quemador de incienso (Kōhako) o una hoya de arroz; estaba hecho de madera y revestido, en la parte inferior, de placas de cobre que protegían la nave de las escarpadas rocas de aquella costa. El barco hueco, además, tenía ventanas hechas de vidrio, sujetadas por barras de madera que había sido fijadas con resina.

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Los pescadores decidieron llevar la nave a tierra para investigarla y, en su interior, escritas en las paredes, encontraron inscripciones en un lenguaje desconocido, además de agua, comida, tapetes y sábanas. La detallada descripción en los textos que registraron esta leyenda indica cuántos litros de agua había dentro de la embarcación (3.6) y cómo se veían los alimentos que contenía, que incluían carne y pan de alguna clase. Los pescadores también encontraron a una mujer en el interior del barco.

La joven es descrita como hermosa y extraña: cejas rojas, de unos 18 o 20 años, una estatura de 1.5 metros, piel pálida y cabello rojo adornado con extensiones blancas que parecían hechas de piel o tela cortada finamente. La chica vestía ropas largas hechas de una tela desconocida, y entre sus manos sujetaba una caja de color claro de alrededor de 23 centímetros. Los pescadores, impresionados, intentaron comunicarse con ella, pero ésta hablaba un idioma que no era japonés, y mostraba un comportamiento muy extraño, pues no dejaba que nadie tocara la pequeña caja que guardaba celosamente entre sus manos.

Los pobladores de la región hicieron toda clase de suposiciones sobre el origen de la joven mujer. Algunos sospechaban que era la reina de un país lejano acusada de adulterio y exiliada; otros, incluso aseguraban que la pequeña caja podría contener la cabeza de su amante. Asustados por su rareza e incapaces de comunicarse con la joven, los pescadores decidieron ponerla en su barco hueco y devolverla al mar.

La historia de Utsuro-bune ha interesado a historiadores, antropólogos, etnólogos y ufólogos por igual. Para los primeros, la historia de la extraña mujer venida del mar es una especie de modernización de mitos del folclor japonés, y han encontrado distintas narrativas antiguas que podrían ser el origen de esta historia llena de interrogantes; para los segundos, la leyenda de esta joven es uno de los registros más viejos que se tienen de contacto con seres de otro planeta, e incluso, comparan los extraños símbolos encontrados en las paredes de la nave con otros hallados en lugares donde ha habido un supuesto contacto con extraterrestres, así como la forma del barco hueco con la de los platillos voladores. Existen también algunos historiadores que sostienen que la extraña visitante era una mujer proveniente de Rusia por sus rasgos físicos.

Cualquiera que sea la explicación elegida, la leyenda Utsuro-bune nos enfrenta con cuestiones maravillosamente indescifrables y profundamente humanas: no es una coincidencia que la visitante haya sido una mujer, joven y hermosa, o que los pescadores lazaran toda clase de sentencias sobre su pasado; tampoco carece de significado el hecho de que éstos la hayan devuelto al mar al no poder comprenderla, en una época (el periodo Edo) en la que Japón estaba aislado del mundo exterior. Finalmente, esta extraña leyenda lanza al aire un amplio espectro de interrogantes y misterios provistos de la preciosa excentricidad que caracteriza a la poética japonesa. Uno de ellos podría ser ¿qué había dentro de la pequeña caja de color claro que cuidaba celosamente la bella visitante?

*Imágenes: 1) Lady from the sea, Edvard Munch, 1896; 2) Hatō zu (olas)  / Dominio Público