Los viajes son momentos idóneos para la lectura. No hay como aprovechar la lejanía del trabajo y la mala cobertura de internet para obtener momentos de soledad y silencio perfectos para la concentración y la memoria. Los libros que se leen durante un viaje impregnan los lugares que visitamos y viceversa. Para siempre quedan asociados en nuestra mente el espacio y la historia. Una forma de fortalecer incluso más este vínculo entre lectura y viaje es leer sobre los lugares a los que se viaja.

En las últimas décadas, los faros se han convertido en populares atracciones turísticas. Al encontrarse junto al mar, los paisajes que los rodean suelen ser por lo menos interesantes, cuando no hermosos o hasta sublimes. Por este motivo, y por su valor histórico, muchos de ellos se han convertido en hoteles o museos.

La función noble que cumplen de guiar a los marineros extraviados, advertir de ciertas zonas peligrosas y refugiar a los náufragos; el paisaje que los rodea y la soledad que representan, han convertido a los faros también en un motivo literario. Hay historias de fantasmas, de monstruos marinos, de aventuras y piratas que transcurren alrededor de los faros. He aquí cuatro faros reales y literarios que vale la pena visitar y leer al mismo tiempo, cuatro novelas largas que sería mejor leer en viajes no cronometrados, para los viajeros como los de antaño, que partían sin fecha fija de regreso.

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1. To the Lighthouse y el faro de Cornwall

Virginia Woolf viajaba cuando era niña a una casa de campo en Uptown Beach desde donde se veía el faro de Cornwall. Hoy la vista sigue siendo muy parecida a la que probablemente observaba Woolf en su infancia. La zona, llena de pequeñas tiendas y cafés, recibe muchísimos turistas todos los años.

Cualquiera de esos cafés, una ventana con vista al faro, o una silla en la playa, son lugares perfectos para leer To the Lighthouse. Esta es la historia de un viaje fallido al faro. Cuenta también de una pintora y de una familia, de la memoria y el paso del tiempo. Las palabras de Virginia Woolf tienen un ritmo oceánico y describen con exactitud, imaginación y poesía los espacios del faro, las colinas verdes, las olas y el viento.

2. El faro del fin del mundo: San Juan de Salvamento

Dirígete al sur, lo más al sur que puedas imaginar. Allí donde termina el mundo está el faro de San Juan de Salvamento. Disfruta de los paisajes de la Patagonia Argentina, del mar helado y las colinas verdes. Mira este faro extraño, ancho y no muy alto, con el techo azul y las paredes blancas, que inspiró a Jules Verne para escribir El faro del fin del mundo. Entre el estruendo de las olas casi antárticas uno puede imaginarse a la perfección la historia de piratas y aventuras que escribió Verne. Acción e ingenio en los confines de la civilización.

3. Eddystone Lighthouse: Moby Dick

Nantucket, uno de los principales escenarios en Moby Dick, fue el puerto ballenero más importante de Estados Unidos. Hoy en día es un puerto protegido que, a pesar de ya no practicar la caza de ballenas, aún conserva el carácter de esa época oscura en la que el hombre surcaba los mares, y arriesgaba su vida por el precioso aceite de los cetáceos. El puerto está lleno de casas de viejos marineros a la orilla del mar, de barcos y de faros. “How it stands there, away off shore, more lonely than the Eddystone lighthouse.”

4. El faro de Howth: Ulises

Ulises es una de esas novelas inseparables de la geografía en que transcurren. Dublín no es el mismo desde que lo traspasó la imaginación de James Joyce y lo reinventó por completo. El faro, que aparece en más de un momento, es esencial en uno de los episodios más entrañables de la historia, cuando Leopold Bloom se acuesta en la playa y observa a una hermosa chica mientras el sol se pone y se enciende el faro de Howth. La lectura de Ulises, densa y, a pesar de lo que aparenta, llena de humor y muy disfrutable, merece un viaje largo, un viaje a Irlanda, y de preferencia en barco.

Los viajes son momentos idóneos para la lectura. No hay como aprovechar la lejanía del trabajo y la mala cobertura de internet para obtener momentos de soledad y silencio perfectos para la concentración y la memoria. Los libros que se leen durante un viaje impregnan los lugares que visitamos y viceversa. Para siempre quedan asociados en nuestra mente el espacio y la historia. Una forma de fortalecer incluso más este vínculo entre lectura y viaje es leer sobre los lugares a los que se viaja.

En las últimas décadas, los faros se han convertido en populares atracciones turísticas. Al encontrarse junto al mar, los paisajes que los rodean suelen ser por lo menos interesantes, cuando no hermosos o hasta sublimes. Por este motivo, y por su valor histórico, muchos de ellos se han convertido en hoteles o museos.

La función noble que cumplen de guiar a los marineros extraviados, advertir de ciertas zonas peligrosas y refugiar a los náufragos; el paisaje que los rodea y la soledad que representan, han convertido a los faros también en un motivo literario. Hay historias de fantasmas, de monstruos marinos, de aventuras y piratas que transcurren alrededor de los faros. He aquí cuatro faros reales y literarios que vale la pena visitar y leer al mismo tiempo, cuatro novelas largas que sería mejor leer en viajes no cronometrados, para los viajeros como los de antaño, que partían sin fecha fija de regreso.

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1. To the Lighthouse y el faro de Cornwall

Virginia Woolf viajaba cuando era niña a una casa de campo en Uptown Beach desde donde se veía el faro de Cornwall. Hoy la vista sigue siendo muy parecida a la que probablemente observaba Woolf en su infancia. La zona, llena de pequeñas tiendas y cafés, recibe muchísimos turistas todos los años.

Cualquiera de esos cafés, una ventana con vista al faro, o una silla en la playa, son lugares perfectos para leer To the Lighthouse. Esta es la historia de un viaje fallido al faro. Cuenta también de una pintora y de una familia, de la memoria y el paso del tiempo. Las palabras de Virginia Woolf tienen un ritmo oceánico y describen con exactitud, imaginación y poesía los espacios del faro, las colinas verdes, las olas y el viento.

2. El faro del fin del mundo: San Juan de Salvamento

Dirígete al sur, lo más al sur que puedas imaginar. Allí donde termina el mundo está el faro de San Juan de Salvamento. Disfruta de los paisajes de la Patagonia Argentina, del mar helado y las colinas verdes. Mira este faro extraño, ancho y no muy alto, con el techo azul y las paredes blancas, que inspiró a Jules Verne para escribir El faro del fin del mundo. Entre el estruendo de las olas casi antárticas uno puede imaginarse a la perfección la historia de piratas y aventuras que escribió Verne. Acción e ingenio en los confines de la civilización.

3. Eddystone Lighthouse: Moby Dick

Nantucket, uno de los principales escenarios en Moby Dick, fue el puerto ballenero más importante de Estados Unidos. Hoy en día es un puerto protegido que, a pesar de ya no practicar la caza de ballenas, aún conserva el carácter de esa época oscura en la que el hombre surcaba los mares, y arriesgaba su vida por el precioso aceite de los cetáceos. El puerto está lleno de casas de viejos marineros a la orilla del mar, de barcos y de faros. “How it stands there, away off shore, more lonely than the Eddystone lighthouse.”

4. El faro de Howth: Ulises

Ulises es una de esas novelas inseparables de la geografía en que transcurren. Dublín no es el mismo desde que lo traspasó la imaginación de James Joyce y lo reinventó por completo. El faro, que aparece en más de un momento, es esencial en uno de los episodios más entrañables de la historia, cuando Leopold Bloom se acuesta en la playa y observa a una hermosa chica mientras el sol se pone y se enciende el faro de Howth. La lectura de Ulises, densa y, a pesar de lo que aparenta, llena de humor y muy disfrutable, merece un viaje largo, un viaje a Irlanda, y de preferencia en barco.

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