“Encuentro que algunas veces puedo controlar mis sueños y a veces puedo dirigirme a mí mismo antes de dormir para soñar con algún tema…”, comenta William Burroughs en una conferencia que impartió en la Universidad Naropa en 1980. En ella el escritor hace un paseo por cuestiones interesantes y potencialmente trascendentes sobre el tema de los sueños. Él mismo cuenta que llegó a experimentar sueños lúcidos guiado por los consejos de Don Juan Matus, maestro de Carlos Castaneda, quién decía que lo importante es mirar tus manos en el sueño. Hacer un esfuerzo consciente por observarlas, para darte cuenta que estás soñando y “despertar en el sueño”.

Burroughs, fascinado por la versión lúcida de los sueños, platica sobre el famoso experimento científico en que unos investigadores privaron del sueño a voluntarios por algún tiempo y se dieron cuenta que, de hacer esto por más tiempo, los voluntarios morirían. Es decir, comprendieron que los sueños (no sólo el sueño) son una necesidad biológica. Partiendo de esta idea, Burroughs suscribe a Timothy Leary diciendo que el próximo paso del sueño lúcido es ir al espacio. Su lógica es que, si el cuerpo humano es demasiado denso para las condiciones espaciales, tenemos para ello un modelo ingrávido y que no tiene peso: el cuerpo astral o cuerpo de sueño.

Pienso que el propósito de los sueños es prepararnos para el espacio, y por ello son una necesidad biológica. En cuanto a si el cuerpo del sueño puede existir separado del cuerpo físico, eso asunto de investigación.

Luego de esto, y quizá la parte más poética e interesante de su conferencia, Burroughs nos recuerda al ingeniero inglés John Dunne, quien descubrió que los sueños contienen referencias a un tiempo futuro experimentado por el soñador (Dunne publicó sus hallazgos en An Experiment With Time en 1924). El ingeniero puntualizó que las referencias en el sueño no se relacionan al evento en sí, sino al momento en que el sujeto se entera del evento. El sueño refiere al futuro del soñador. Cuando soñamos acerca de un terremoto o un incendio, por ejemplo: no estamos soñando acerca del evento sino acerca del momento en que nos hacemos conscientes de él, usualmente en una foto del periódico o algo de la índole. En otras palabras, soñamos acerca de nuestra línea temporal del futuro. Como soñar con alguien y encontrarlo: esa es la premonición.

Lo que postula Burroughs es que el sueño está biológicamente diseñado para prepararnos, entre otras cosas, para el espacio. Al igual que algunas teorías proponen que los bebés no podrían caminar o alimentarse hasta que hayan entrenado lo suficiente en sueños, el adulto podría estar entrenando para las condiciones espaciales. Así, el hecho de poder “despertar en sueños” o dirigir los sueños hacia allá es una de las formas de evolución para explorar aquello que nuestro cuerpo nos impide.

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“Encuentro que algunas veces puedo controlar mis sueños y a veces puedo dirigirme a mí mismo antes de dormir para soñar con algún tema…”, comenta William Burroughs en una conferencia que impartió en la Universidad Naropa en 1980. En ella el escritor hace un paseo por cuestiones interesantes y potencialmente trascendentes sobre el tema de los sueños. Él mismo cuenta que llegó a experimentar sueños lúcidos guiado por los consejos de Don Juan Matus, maestro de Carlos Castaneda, quién decía que lo importante es mirar tus manos en el sueño. Hacer un esfuerzo consciente por observarlas, para darte cuenta que estás soñando y “despertar en el sueño”.

Burroughs, fascinado por la versión lúcida de los sueños, platica sobre el famoso experimento científico en que unos investigadores privaron del sueño a voluntarios por algún tiempo y se dieron cuenta que, de hacer esto por más tiempo, los voluntarios morirían. Es decir, comprendieron que los sueños (no sólo el sueño) son una necesidad biológica. Partiendo de esta idea, Burroughs suscribe a Timothy Leary diciendo que el próximo paso del sueño lúcido es ir al espacio. Su lógica es que, si el cuerpo humano es demasiado denso para las condiciones espaciales, tenemos para ello un modelo ingrávido y que no tiene peso: el cuerpo astral o cuerpo de sueño.

Pienso que el propósito de los sueños es prepararnos para el espacio, y por ello son una necesidad biológica. En cuanto a si el cuerpo del sueño puede existir separado del cuerpo físico, eso asunto de investigación.

Luego de esto, y quizá la parte más poética e interesante de su conferencia, Burroughs nos recuerda al ingeniero inglés John Dunne, quien descubrió que los sueños contienen referencias a un tiempo futuro experimentado por el soñador (Dunne publicó sus hallazgos en An Experiment With Time en 1924). El ingeniero puntualizó que las referencias en el sueño no se relacionan al evento en sí, sino al momento en que el sujeto se entera del evento. El sueño refiere al futuro del soñador. Cuando soñamos acerca de un terremoto o un incendio, por ejemplo: no estamos soñando acerca del evento sino acerca del momento en que nos hacemos conscientes de él, usualmente en una foto del periódico o algo de la índole. En otras palabras, soñamos acerca de nuestra línea temporal del futuro. Como soñar con alguien y encontrarlo: esa es la premonición.

Lo que postula Burroughs es que el sueño está biológicamente diseñado para prepararnos, entre otras cosas, para el espacio. Al igual que algunas teorías proponen que los bebés no podrían caminar o alimentarse hasta que hayan entrenado lo suficiente en sueños, el adulto podría estar entrenando para las condiciones espaciales. Así, el hecho de poder “despertar en sueños” o dirigir los sueños hacia allá es una de las formas de evolución para explorar aquello que nuestro cuerpo nos impide.

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