El libro impreso más antiguo del que se tiene conocimiento es el El sutra del diamante, un texto del budismo Mahāyāna, descubierto en una cueva hace 1146 años. Perteneciente a la tradición del Prajñāpāramitā o “Perfección de la sabiduría”, este sutra data del año 868 (siglos antes de que Occidente conociera el papel) y agrupa la enseñanzas del Buda en torno a la naturaleza de la percepción y la ilusión del mundo material. De su traducción del sánscrito, su nombre completo es El sutra de la perfección de la sabiduría del diamante que corta a través de la ilusión.

Quizá el origen primario del conocimiento es un cuenco frugal, abierto pero medido; un recipiente infinito que se auto-genera y regenera. Y en este sentido no debiera sorprendernos que el precioso pergamino de unos cinco metros de largo había permanecido oculto, junto a otros 40 mil libros y manuscritos, en una cueva. El pétreo “contenedor”, que se encontraba sellado, era parte las “Cuevas de los mil budas” al noroeste de China, y el pergamino fue descubierto allí por el arqueólogo húngaro-británico Aurel Stein.

Stein llevó los documentos a India y luego a Londres. En su momento, El sutra del diamante fue exhibido en el British Museum a un lado de la Biblia de Gutenberg. Actualmente, debido a su fragilidad, se encuentra resguardado fuera del escrutinio público.

El enigmático texto de este pequeño libro puede ser recitado en cuarenta minutos. Con paradojas como “Lo que se conoce como la enseñanza del Buda no es la enseñanza del Buda”, evoca la catártica ligereza del pensamiento Zen, y apunta, tal vez, a la dilución de los pilares de conocimiento en favor de la ubiquidad del vacío.

El libro impreso más antiguo del que se tiene conocimiento es el El sutra del diamante, un texto del budismo Mahāyāna, descubierto en una cueva hace 1146 años. Perteneciente a la tradición del Prajñāpāramitā o “Perfección de la sabiduría”, este sutra data del año 868 (siglos antes de que Occidente conociera el papel) y agrupa la enseñanzas del Buda en torno a la naturaleza de la percepción y la ilusión del mundo material. De su traducción del sánscrito, su nombre completo es El sutra de la perfección de la sabiduría del diamante que corta a través de la ilusión.

Quizá el origen primario del conocimiento es un cuenco frugal, abierto pero medido; un recipiente infinito que se auto-genera y regenera. Y en este sentido no debiera sorprendernos que el precioso pergamino de unos cinco metros de largo había permanecido oculto, junto a otros 40 mil libros y manuscritos, en una cueva. El pétreo “contenedor”, que se encontraba sellado, era parte las “Cuevas de los mil budas” al noroeste de China, y el pergamino fue descubierto allí por el arqueólogo húngaro-británico Aurel Stein.

Stein llevó los documentos a India y luego a Londres. En su momento, El sutra del diamante fue exhibido en el British Museum a un lado de la Biblia de Gutenberg. Actualmente, debido a su fragilidad, se encuentra resguardado fuera del escrutinio público.

El enigmático texto de este pequeño libro puede ser recitado en cuarenta minutos. Con paradojas como “Lo que se conoce como la enseñanza del Buda no es la enseñanza del Buda”, evoca la catártica ligereza del pensamiento Zen, y apunta, tal vez, a la dilución de los pilares de conocimiento en favor de la ubiquidad del vacío.

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