Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) atrapaba en vuelo los momentos de la vida glamorosa en París. En el pleno de una de las épocas más bellas, el hábil artista entregó su vida y su pincel a los encantos de la vida nocturna de finales del siglo XIX.

Se trata de un distinguido pintor que se dedicó a la celebración de la ciudad y su cotidianidad y con trazos decididos representaba la esencia de momentos, rostros y lugares. Un colorista nato, de memoria privilegiada, que proyectaba hábiles fugas en el plano; dibujante excepcional y carismático compañero de farra.

Lautrec conquistó la escena nocturna como pocos artistas de entonces, sus litografías publicitaron al Moulin Rouge, al igual que las puestas en escena de Oscar Wilde.  La mano del artista, que invoca la composición japonesa, capturó el dinamismo de una época al borde de significativas transformaciones para desaparecer al inicio del nuevo siglo.

Sarah Suzuki, curadora asociada del MoMa en el departamento de impresiones y dibujos, preparó un memorable montaje abordando la ciudad que vivió Lautrec. The Paris of Toulouse-Lautrec: Prints and Posters, que se exhibe hasta marzo 22 del 2015. Ordenada temáticamente explora cinco ejes en esta relación ciudad/artista:

1) Un vívido recorrido por esos inolvidables momentos en cafés, grandiosos conciertos, la cultura popular emergida en la vida nocturna y cultural de Francia.

2) Las musas del artista, que incluyen actores, actrices, cantantes y en general a los reyes del espectáculo que encendieron el momento y la imaginación del genio creador.

3) Los momentos de relajación e introspección de las chicas del cabaret, quedaron registrados en conmovedores lienzos y papeles en los que el artista capturaba la fuga y el recogimiento.

4) El papel del creador en la escena culta, presentando los carteles y programas de mano de conciertos, obras de teatro y espectáculos que iluminó el artista. También se exhiben sus impresiones para revistas y publicaciones intelectuales, como sus aportaciones al ámbito de la música impresa que volaban en los cafés y salas de París.

5) En la sección final se examinan los placeres de la capital que van desde las carreras de caballos y la equitación, hasta la moda del patinaje sobre hielo y la reconocida cultura culinaria de Francia.

Es así que en un hábil diseño curatorial se cubren todos los aspectos de la relación entre Henri de Toulouse-Lautrec con la belle époque, en una de las ciudades más poetizadas, cantadas y pintadas del mundo, el París nocturno y cultural de principios del siglo XX.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) atrapaba en vuelo los momentos de la vida glamorosa en París. En el pleno de una de las épocas más bellas, el hábil artista entregó su vida y su pincel a los encantos de la vida nocturna de finales del siglo XIX.

Se trata de un distinguido pintor que se dedicó a la celebración de la ciudad y su cotidianidad y con trazos decididos representaba la esencia de momentos, rostros y lugares. Un colorista nato, de memoria privilegiada, que proyectaba hábiles fugas en el plano; dibujante excepcional y carismático compañero de farra.

Lautrec conquistó la escena nocturna como pocos artistas de entonces, sus litografías publicitaron al Moulin Rouge, al igual que las puestas en escena de Oscar Wilde.  La mano del artista, que invoca la composición japonesa, capturó el dinamismo de una época al borde de significativas transformaciones para desaparecer al inicio del nuevo siglo.

Sarah Suzuki, curadora asociada del MoMa en el departamento de impresiones y dibujos, preparó un memorable montaje abordando la ciudad que vivió Lautrec. The Paris of Toulouse-Lautrec: Prints and Posters, que se exhibe hasta marzo 22 del 2015. Ordenada temáticamente explora cinco ejes en esta relación ciudad/artista:

1) Un vívido recorrido por esos inolvidables momentos en cafés, grandiosos conciertos, la cultura popular emergida en la vida nocturna y cultural de Francia.

2) Las musas del artista, que incluyen actores, actrices, cantantes y en general a los reyes del espectáculo que encendieron el momento y la imaginación del genio creador.

3) Los momentos de relajación e introspección de las chicas del cabaret, quedaron registrados en conmovedores lienzos y papeles en los que el artista capturaba la fuga y el recogimiento.

4) El papel del creador en la escena culta, presentando los carteles y programas de mano de conciertos, obras de teatro y espectáculos que iluminó el artista. También se exhiben sus impresiones para revistas y publicaciones intelectuales, como sus aportaciones al ámbito de la música impresa que volaban en los cafés y salas de París.

5) En la sección final se examinan los placeres de la capital que van desde las carreras de caballos y la equitación, hasta la moda del patinaje sobre hielo y la reconocida cultura culinaria de Francia.

Es así que en un hábil diseño curatorial se cubren todos los aspectos de la relación entre Henri de Toulouse-Lautrec con la belle époque, en una de las ciudades más poetizadas, cantadas y pintadas del mundo, el París nocturno y cultural de principios del siglo XX.

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