¿Qué es o cómo surge un genio? No estamos hablando de esa figura de las mitologías árabes donde un enorme ser aparece de una lámpara para concedernos deseos, aunque la figura del genio en Occidente sin duda tenga algo que ver con las lámparas por su carácter luminoso, poderoso y revelador.

Harold Bloom es un polémico crítico literario con un gusto especial por las taxonomías poco comunes. Para Bloom, los criterios tradicionales como idioma, procedencia geográfica, afiliación política o periodo histórico nunca han sido suficientes cuando se trata de pensar y ponderar la valía de los más grandes escritores de todos los tiempos. Se puede decir que es él quien creo el nuevo canon de literatura occidental, y con todas las limitaciones que eso ha acarreado al mundo de la academia, no cabe duda que es un gran apreciador y uno de los más grandes lectores que le quedan al mundo.

Hace poco más de 30 años Bloom publicó un libro hoy clásico titulado La angustia de las influencias, donde abordó la creación poética desde un punto de vista casi esotérico, promediando la labor del “poeta joven” a partir del trabajo de un poeta previo. Hace unos años publicó una obra tan monumental como los sujetos que estudia a partir de una de las categorías más difíciles de definir y de uso más común y sobrevaluado en el mundo de las artes: Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares, publicado en español por la editorial Anagrama.

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En Genios, Bloom echa mano de su enciclopédico conocimiento para abordar la obra de cien grandes escritores de todos los tiempos. El método que utilizó para organizar estos cien nombres no pretende establecer una única genealogía (como hizo Bloom, por otra parte, en El canon occidental), sino abordar de manera creativa las semejanzas y diferencias de estos escritores a partir de un método que podría parecer exótico o desorbitado para algunos, la cábala judía.

La cábala es un método de interpretación basado en las 10 emanaciones de la divinidad para los cabalistas (comentadores de las escrituras bíblicas en la tradición medieval). La cábala establece 10 “sefirot” o aspectos de Dios. Así, por ejemplo, el sefirot Keter significa “la corona”, y representa la majestad propia de Dios. Este grupo lo encabeza Shakespeare, y lo siguen grandes escritores como Miguel de Cervantes, Michel de Montaigne, Milton y Lev Tolstoi.

Otros grupos están integrados por aspectos como Hokmah -la sabiduría de Dios, y en el libro de Bloom representada por sabios como Lucrecio, Virgilio, San Agustín, Dante y Chaucer- o Binah, una “inteligencia no tanto receptiva sino conmovedoramente abierta” a la sabiduría, donde coloca a Nietzsche, Kierkegaard, Kafka, Ibsen y Pirandello, entre otros.

Y es que a través de este libro, Bloom se propone algo más que una categorización estricta del valor literario: “Los genios, en sus escritos, son nuestro mejor camino para alcanzar la sabiduría, el uso verdadero de la literatura para la vida.” La sabiduría es, para Bloom, el más alto valor, y es en la búsqueda de la sabiduría donde los genios se organizan no para zanjar una distancia definitiva entre el artista y el hombre común, sino para particularizar las experiencias de creación y guiar nuestra experiencia de aprendizaje.

Dejemos que sea Bloom el que nos invite a esta provechosa lectura:

Mi colocación de los cien genios difícilmente los fija en un solo lugar, pues todas las Sefirot son imágenes en constante movimiento, y todo espíritu creativo se mueve a lo largo de todas ellas, en muchos laberintos y transformaciones… Debido a que los diez Sefirot forman un sistema en constante movimiento, todas mis cien personas podrían ser iluminadas casi de igual modo por las otras nueve Sefirot, más allá del grupo donde los localizo, y pretendo que este libro sea un tipo de mosaico en perpetuo movimiento.

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¿Qué es o cómo surge un genio? No estamos hablando de esa figura de las mitologías árabes donde un enorme ser aparece de una lámpara para concedernos deseos, aunque la figura del genio en Occidente sin duda tenga algo que ver con las lámparas por su carácter luminoso, poderoso y revelador.

Harold Bloom es un polémico crítico literario con un gusto especial por las taxonomías poco comunes. Para Bloom, los criterios tradicionales como idioma, procedencia geográfica, afiliación política o periodo histórico nunca han sido suficientes cuando se trata de pensar y ponderar la valía de los más grandes escritores de todos los tiempos. Se puede decir que es él quien creo el nuevo canon de literatura occidental, y con todas las limitaciones que eso ha acarreado al mundo de la academia, no cabe duda que es un gran apreciador y uno de los más grandes lectores que le quedan al mundo.

Hace poco más de 30 años Bloom publicó un libro hoy clásico titulado La angustia de las influencias, donde abordó la creación poética desde un punto de vista casi esotérico, promediando la labor del “poeta joven” a partir del trabajo de un poeta previo. Hace unos años publicó una obra tan monumental como los sujetos que estudia a partir de una de las categorías más difíciles de definir y de uso más común y sobrevaluado en el mundo de las artes: Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares, publicado en español por la editorial Anagrama.

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En Genios, Bloom echa mano de su enciclopédico conocimiento para abordar la obra de cien grandes escritores de todos los tiempos. El método que utilizó para organizar estos cien nombres no pretende establecer una única genealogía (como hizo Bloom, por otra parte, en El canon occidental), sino abordar de manera creativa las semejanzas y diferencias de estos escritores a partir de un método que podría parecer exótico o desorbitado para algunos, la cábala judía.

La cábala es un método de interpretación basado en las 10 emanaciones de la divinidad para los cabalistas (comentadores de las escrituras bíblicas en la tradición medieval). La cábala establece 10 “sefirot” o aspectos de Dios. Así, por ejemplo, el sefirot Keter significa “la corona”, y representa la majestad propia de Dios. Este grupo lo encabeza Shakespeare, y lo siguen grandes escritores como Miguel de Cervantes, Michel de Montaigne, Milton y Lev Tolstoi.

Otros grupos están integrados por aspectos como Hokmah -la sabiduría de Dios, y en el libro de Bloom representada por sabios como Lucrecio, Virgilio, San Agustín, Dante y Chaucer- o Binah, una “inteligencia no tanto receptiva sino conmovedoramente abierta” a la sabiduría, donde coloca a Nietzsche, Kierkegaard, Kafka, Ibsen y Pirandello, entre otros.

Y es que a través de este libro, Bloom se propone algo más que una categorización estricta del valor literario: “Los genios, en sus escritos, son nuestro mejor camino para alcanzar la sabiduría, el uso verdadero de la literatura para la vida.” La sabiduría es, para Bloom, el más alto valor, y es en la búsqueda de la sabiduría donde los genios se organizan no para zanjar una distancia definitiva entre el artista y el hombre común, sino para particularizar las experiencias de creación y guiar nuestra experiencia de aprendizaje.

Dejemos que sea Bloom el que nos invite a esta provechosa lectura:

Mi colocación de los cien genios difícilmente los fija en un solo lugar, pues todas las Sefirot son imágenes en constante movimiento, y todo espíritu creativo se mueve a lo largo de todas ellas, en muchos laberintos y transformaciones… Debido a que los diez Sefirot forman un sistema en constante movimiento, todas mis cien personas podrían ser iluminadas casi de igual modo por las otras nueve Sefirot, más allá del grupo donde los localizo, y pretendo que este libro sea un tipo de mosaico en perpetuo movimiento.

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