Durante sus últimos años, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche sufrió un dramático deterioro de salud, no sólo mental, sino física. Es una terrible paradoja que uno de los filósofos más brillantes que hayan vivido tuviera que enfrentar la decadencia física en el momento en que su pensamiento había alcanzado las cumbres más altas de su madurez. Para la década de 1880, Nietzsche sólo podía leer o escribir unos 20 minutos al día, y según su médico, su ojo derecho sólo percibía imágenes vagas y distorsionadas.

Buscando una solución para mejorar su productividad, Nietzsche compró una máquina de escribir en 1881; aunque las más populares eran las Remington americanas, se decidió por un modelo que hoy es una rareza de museo, pero que en su momento fue la máquina más barata y portátil de su tipo: la Malling-Hansen Writing Ball.

Esta “pelota de escritura” fue diseñada por el inventor danés Rasmus Malling-Hansen en 1865, y presentada en sociedad durante la exposición universal de París de 1878. Se promovía como un modelo más rápido que la Remington, con una calidad de impresión más clara, aunque tenía muchas más teclas que su contraparte estadounidense.

A pesar de que Nietzsche abrazó la nueva tecnología con gran entusiasmo, pronto se cansó del sistema; además de esto, la máquina se dañó en uno de sus viajes, y un intento fallido por repararla terminó por dejarla inservible. No obstante lo anterior, Nietzsche concluyó unos 60 textos (la historia puede seguirse en Nietzsches Screibkugel, cuya versión en inglés puede leerse aquí.)

Nietzsche se sentía muy cercano a la máquina, y consignó esta impresión en una pequeña prosa no exenta de poesía:

“LA WRITING BALL ES UNA COSA COMO YO:

HECHA DE ACERO Y FÁCILMENTE PLEGABLE EN LOS VIAJES.

SE REQUIEREN PACIENCIA Y TACTO EN ABUNDANCIA

ASÍ COMO DEDOS FINOS PARA USARNOS.”

Tal vez Nietzsche se pensaba a sí mismo como un pensador portátil, y podía espejearse en esta “laptop” del siglo XIX, hecha de duros materiales, pero maleable y dúctil. Incluso podríamos añadir que la semejanza entre la Writing Ball y el filósofo se extiende hasta dar la impresión de que una sola pieza fuera de lugar es capaz de hacer colapsar la estructura completa.

es posible jugar con un simulador de la máquina Malling-Hansen, lo cual puede darnos una idea del extraño proceso de escritura que experimentó Nietzsche en sus últimos días, pues las letras no están del todo visibles y el escritor necesita confiar ciegamente en sus ideas, pues desde una perspectiva muy literal, no puede verlas.

Durante sus últimos años, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche sufrió un dramático deterioro de salud, no sólo mental, sino física. Es una terrible paradoja que uno de los filósofos más brillantes que hayan vivido tuviera que enfrentar la decadencia física en el momento en que su pensamiento había alcanzado las cumbres más altas de su madurez. Para la década de 1880, Nietzsche sólo podía leer o escribir unos 20 minutos al día, y según su médico, su ojo derecho sólo percibía imágenes vagas y distorsionadas.

Buscando una solución para mejorar su productividad, Nietzsche compró una máquina de escribir en 1881; aunque las más populares eran las Remington americanas, se decidió por un modelo que hoy es una rareza de museo, pero que en su momento fue la máquina más barata y portátil de su tipo: la Malling-Hansen Writing Ball.

Esta “pelota de escritura” fue diseñada por el inventor danés Rasmus Malling-Hansen en 1865, y presentada en sociedad durante la exposición universal de París de 1878. Se promovía como un modelo más rápido que la Remington, con una calidad de impresión más clara, aunque tenía muchas más teclas que su contraparte estadounidense.

A pesar de que Nietzsche abrazó la nueva tecnología con gran entusiasmo, pronto se cansó del sistema; además de esto, la máquina se dañó en uno de sus viajes, y un intento fallido por repararla terminó por dejarla inservible. No obstante lo anterior, Nietzsche concluyó unos 60 textos (la historia puede seguirse en Nietzsches Screibkugel, cuya versión en inglés puede leerse aquí.)

Nietzsche se sentía muy cercano a la máquina, y consignó esta impresión en una pequeña prosa no exenta de poesía:

“LA WRITING BALL ES UNA COSA COMO YO:

HECHA DE ACERO Y FÁCILMENTE PLEGABLE EN LOS VIAJES.

SE REQUIEREN PACIENCIA Y TACTO EN ABUNDANCIA

ASÍ COMO DEDOS FINOS PARA USARNOS.”

Tal vez Nietzsche se pensaba a sí mismo como un pensador portátil, y podía espejearse en esta “laptop” del siglo XIX, hecha de duros materiales, pero maleable y dúctil. Incluso podríamos añadir que la semejanza entre la Writing Ball y el filósofo se extiende hasta dar la impresión de que una sola pieza fuera de lugar es capaz de hacer colapsar la estructura completa.

es posible jugar con un simulador de la máquina Malling-Hansen, lo cual puede darnos una idea del extraño proceso de escritura que experimentó Nietzsche en sus últimos días, pues las letras no están del todo visibles y el escritor necesita confiar ciegamente en sus ideas, pues desde una perspectiva muy literal, no puede verlas.

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