Un filtro de clorofila cubre el espacio debajo de los altísimos bambúes de los bosques de Arashiyama en Kioto, Japón. Un lugar pacífico y fresco atravesado por caminos que zigzaguean entre los tallos y dejan la luz filtrarse por las pequeñas hojas del bambú. Este pasto, con su carácter superabundante y mítico, es un ingrediente fundamental de la cultura japonesa y uno de los recursos naturales más prolíficos y con más potencial.

La simple y lineal forma del bambú ha aparecido en casas de té, muros, materiales de arte, música, koans y diseño de interiores en la historia del Japón. Por su característica firme y duradera, para el siglo X ya era considerado “el más fino e incomparable material” para construir desde arcos y flechas, hasta silbatos y cazos. Como la planta más rápida en crecer de todo la tierra, el bambú es una de las fuentes renovables numero uno del mundo.

El parque Arashiyama de Kioto es un tributo y un recordatorio de la belleza y función de estos pastos gigantescos. Un lugar lleno de frescura para caminar escuchando el crecimiento desbordante de los tallos y rindiendo culto a la fineza y sabiduría que estos representan.

Un filtro de clorofila cubre el espacio debajo de los altísimos bambúes de los bosques de Arashiyama en Kioto, Japón. Un lugar pacífico y fresco atravesado por caminos que zigzaguean entre los tallos y dejan la luz filtrarse por las pequeñas hojas del bambú. Este pasto, con su carácter superabundante y mítico, es un ingrediente fundamental de la cultura japonesa y uno de los recursos naturales más prolíficos y con más potencial.

La simple y lineal forma del bambú ha aparecido en casas de té, muros, materiales de arte, música, koans y diseño de interiores en la historia del Japón. Por su característica firme y duradera, para el siglo X ya era considerado “el más fino e incomparable material” para construir desde arcos y flechas, hasta silbatos y cazos. Como la planta más rápida en crecer de todo la tierra, el bambú es una de las fuentes renovables numero uno del mundo.

El parque Arashiyama de Kioto es un tributo y un recordatorio de la belleza y función de estos pastos gigantescos. Un lugar lleno de frescura para caminar escuchando el crecimiento desbordante de los tallos y rindiendo culto a la fineza y sabiduría que estos representan.

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