Apenas en diciembre pasado, a casi sesenta años de su muerte, la reina Isabel de Inglaterra otorgó el perdón real a Alan Mathison Turing, matemático, criptógrafo y filósofo británico, condenado en 1952 a un proceso de castración química debido a su declarada homosexualidad.

La comunidad científica internacional no pareció tomarse a bien el anuncio de la Casa Real inglesa: el castigo absurdo al que fue sometido Turing ocasionó que dejara truncos sus estudios sobre la inteligencia artificial, una de las muchas áreas de las que fue pionero y donde sus aportaciones continúan siendo primordiales.

Alan Turing cobró importancia en las altas esferas del poder político durante la Segunda Guerra Mundial, dándose a conocer como uno de los primeros hackers cuando colaboró con el gobierno británico para romper el código Enigma que utilizaban el ejército, la marina y la fuerza aérea nazi. Turing proporcionaba la información cifrada a los Aliados, quienes de este modo lograron anticipar numerosos ataques, lo que prácticamente les garantizó el triunfo y permitió que el conflicto bélico se acortara entre dos y cuatro años, salvando así millones de vidas (consideremos que durante esta guerra se perdieron cerca de 7 millones de vidas al año).

Sus investigaciones en criptoanálisis le permitieron desarrollar la primera computadora programable electrónica digital, llamada Colossus, en 1943. Posteriormente, en 1945, diseñó la primera computadora de almacenamiento programado que podía cambiar, con un solamente un comando, de una tarea a otra, cosa impensable para su época, convirtiéndose así en el padre de la informática.

Turing comenzó a preguntarse si era posible que una computadora pudiera “pensar”, y desarrolló para esa investigación lo que ahora conocemos como Test de Turing: si un humano no puede distinguir las respuestas dadas por un ordenador de las de otro humano, la máquina puede considerarse inteligente. Los captchas (pruebas tipográficas automatizadas que diversos sitios web utilizan para verificar que el usuario es efectivamente un humano y no un programa informático) que utilizamos hoy en día son la forma inversa de este test, la computadora nos pone a prueba para saber si somos o no humanos.

Alan Turing se suicidó en 1954 debido a los estragos que la castración química ocasionó en su cuerpo: senos, sobrepeso y depresión. Fue encontrado en su laboratorio después de haber mordido una manzana con cianuro. Se cree que el logo de la manzana mordida de Apple es un homenaje del genio de la informática moderna al genio que la hizo posible: un precursor tan importante que los premios AM Turing son considerados hoy en día como el “Nobel” de las ciencias informáticas, con lo que se rinde un merecido homenaje al pionero de las comunicaciones entre humanos y máquinas, sin cuyas contribuciones nuestro mundo sería sin duda muy diferente.

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Apenas en diciembre pasado, a casi sesenta años de su muerte, la reina Isabel de Inglaterra otorgó el perdón real a Alan Mathison Turing, matemático, criptógrafo y filósofo británico, condenado en 1952 a un proceso de castración química debido a su declarada homosexualidad.

La comunidad científica internacional no pareció tomarse a bien el anuncio de la Casa Real inglesa: el castigo absurdo al que fue sometido Turing ocasionó que dejara truncos sus estudios sobre la inteligencia artificial, una de las muchas áreas de las que fue pionero y donde sus aportaciones continúan siendo primordiales.

Alan Turing cobró importancia en las altas esferas del poder político durante la Segunda Guerra Mundial, dándose a conocer como uno de los primeros hackers cuando colaboró con el gobierno británico para romper el código Enigma que utilizaban el ejército, la marina y la fuerza aérea nazi. Turing proporcionaba la información cifrada a los Aliados, quienes de este modo lograron anticipar numerosos ataques, lo que prácticamente les garantizó el triunfo y permitió que el conflicto bélico se acortara entre dos y cuatro años, salvando así millones de vidas (consideremos que durante esta guerra se perdieron cerca de 7 millones de vidas al año).

Sus investigaciones en criptoanálisis le permitieron desarrollar la primera computadora programable electrónica digital, llamada Colossus, en 1943. Posteriormente, en 1945, diseñó la primera computadora de almacenamiento programado que podía cambiar, con un solamente un comando, de una tarea a otra, cosa impensable para su época, convirtiéndose así en el padre de la informática.

Turing comenzó a preguntarse si era posible que una computadora pudiera “pensar”, y desarrolló para esa investigación lo que ahora conocemos como Test de Turing: si un humano no puede distinguir las respuestas dadas por un ordenador de las de otro humano, la máquina puede considerarse inteligente. Los captchas (pruebas tipográficas automatizadas que diversos sitios web utilizan para verificar que el usuario es efectivamente un humano y no un programa informático) que utilizamos hoy en día son la forma inversa de este test, la computadora nos pone a prueba para saber si somos o no humanos.

Alan Turing se suicidó en 1954 debido a los estragos que la castración química ocasionó en su cuerpo: senos, sobrepeso y depresión. Fue encontrado en su laboratorio después de haber mordido una manzana con cianuro. Se cree que el logo de la manzana mordida de Apple es un homenaje del genio de la informática moderna al genio que la hizo posible: un precursor tan importante que los premios AM Turing son considerados hoy en día como el “Nobel” de las ciencias informáticas, con lo que se rinde un merecido homenaje al pionero de las comunicaciones entre humanos y máquinas, sin cuyas contribuciones nuestro mundo sería sin duda muy diferente.

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