El oro resplandece en el imaginario humano como el metal más poderoso de todos. Su protagonismo lo llevó a ser —además de objeto de mitos y cosmogonías— el fin último de la alquimia, una de las prácticas más simbólicas y misteriosas jamás creadas. Antiguas crónicas europeas del siglo XI narran que el más puro de todos era el oro proveniente del oeste de África, pero esto se consideró una leyenda, hasta hace muy pocos años.

En 2014, el arqueólogo de la Universidad de East Anglia, Sam Nixon, reconstruyó el antiguo método que se usaba en dicha región de África, específicamente en Mali, para separar el oro de los minerales que naturalmente lo acompañan —en Occidente, el proceso tradicional para hacerlo implicaba el uso de mercurio, que es altamente tóxico y peligroso. Todo empezó cuando, estando en Tademekka, Mali, Nixon encontró moldes y calderos que contenían vidrio manchado con restos de oro. Él supuso que el vidrio, entonces, era parte del legendario proceso de purificación del elemento áureo.

A partir de este hallazgo y al lado de un especialista en tecnologías antiguas, el profesor Thilo Rehren, Nixon publicó un estudio que proponía que en dicha zona de Mali, los procesos para purificar el oro implicaban calentar el metal con arena y vidrio para así separar el oro de partículas de otros minerales. Al llevar a cabo este método, obtenían el codiciado metal con una pureza que sólo podía compararse con aquella resultante del proceso que implicaba el uso de mercurio.

Tras la publicación de la investigación de Nixon y Rehren, el doctor Marc Waldon, de la Northewestern University, se dispuso a probar el método que hasta entonces había sido sólo un mito. El resultado lo dejó sin habla, pues el proceso africano de purificación de oro funcionaba a la perfección.

Esto puede explicarse en términos geográficos: por encontrarse en un punto estratégico de antiguas rutas de comercio del Sahara, esta región aprendió el valor del oro por su contacto con comerciantes árabes. Las civilizaciones africanas de la zona utilizaban el oro sólo para sus ornamentos: su moneda de cambio eran, por lo general, cuentas hechas de vidrio. Nixon también descubrió que estas sociedades desarrollaron otros procesos metalúrgicos sofisticados con materiales como el acero y el cobre.

El proceso de purificación de oro desarrollado en Mali —su única y muy propia alquimia— no es conocido en ningún registro histórico anterior. La gente de la región de Tadmekkan descubrió cómo purificar el valioso metal amarillo a través de un método mucho menos peligroso que el de civilizaciones que llevaban siglos usándolo como moneda de cambio, recordándonos así que la alquimia, pensada como una práctica simbólica, no pertenece a ninguna época o lugar.

Imagen: PIX1861 – Dominio público

  

El oro resplandece en el imaginario humano como el metal más poderoso de todos. Su protagonismo lo llevó a ser —además de objeto de mitos y cosmogonías— el fin último de la alquimia, una de las prácticas más simbólicas y misteriosas jamás creadas. Antiguas crónicas europeas del siglo XI narran que el más puro de todos era el oro proveniente del oeste de África, pero esto se consideró una leyenda, hasta hace muy pocos años.

En 2014, el arqueólogo de la Universidad de East Anglia, Sam Nixon, reconstruyó el antiguo método que se usaba en dicha región de África, específicamente en Mali, para separar el oro de los minerales que naturalmente lo acompañan —en Occidente, el proceso tradicional para hacerlo implicaba el uso de mercurio, que es altamente tóxico y peligroso. Todo empezó cuando, estando en Tademekka, Mali, Nixon encontró moldes y calderos que contenían vidrio manchado con restos de oro. Él supuso que el vidrio, entonces, era parte del legendario proceso de purificación del elemento áureo.

A partir de este hallazgo y al lado de un especialista en tecnologías antiguas, el profesor Thilo Rehren, Nixon publicó un estudio que proponía que en dicha zona de Mali, los procesos para purificar el oro implicaban calentar el metal con arena y vidrio para así separar el oro de partículas de otros minerales. Al llevar a cabo este método, obtenían el codiciado metal con una pureza que sólo podía compararse con aquella resultante del proceso que implicaba el uso de mercurio.

Tras la publicación de la investigación de Nixon y Rehren, el doctor Marc Waldon, de la Northewestern University, se dispuso a probar el método que hasta entonces había sido sólo un mito. El resultado lo dejó sin habla, pues el proceso africano de purificación de oro funcionaba a la perfección.

Esto puede explicarse en términos geográficos: por encontrarse en un punto estratégico de antiguas rutas de comercio del Sahara, esta región aprendió el valor del oro por su contacto con comerciantes árabes. Las civilizaciones africanas de la zona utilizaban el oro sólo para sus ornamentos: su moneda de cambio eran, por lo general, cuentas hechas de vidrio. Nixon también descubrió que estas sociedades desarrollaron otros procesos metalúrgicos sofisticados con materiales como el acero y el cobre.

El proceso de purificación de oro desarrollado en Mali —su única y muy propia alquimia— no es conocido en ningún registro histórico anterior. La gente de la región de Tadmekkan descubrió cómo purificar el valioso metal amarillo a través de un método mucho menos peligroso que el de civilizaciones que llevaban siglos usándolo como moneda de cambio, recordándonos así que la alquimia, pensada como una práctica simbólica, no pertenece a ninguna época o lugar.

Imagen: PIX1861 – Dominio público