A lo largo de su historia el hombre ha sido capaz de lo mejor y de lo peor. Los primeros utensilios filosos, creados con obsidiana, sirvieron como instrumentos artesanales, y a la vez como armas temibles. El fuego, capaz de transformar los alimentos, era a su vez utilizado como un eficaz elemento disuasorio frente a posibles invasores. Parece ser que la pólvora fue inventada en china en tiempos remotos y por casualidad, cuando monjes taoístas buscaban el elixir de la inmortalidad. Se puede decir, entonces, que el futuro combustible de la muerte nació en un intento de alargar indefinidamente la vida.

Cai Guo-Quian (Quanzhou, 1957), embebido de la tradición pirotécnica de su país, tuvo la genial idea de utilizar la pólvora para crear pinturas. En ellas, paisajes iridiscentes aparecen poblados de plantas y animales espectrales nacidos del azar controlado de una explosión, como si los preceptos del taoísmo y el arte del renacimiento se hermanaran por unos instantes. Así es el arte de Cai Guo-Quian, una sabia combinación del suceso espontáneo y la concreción del dibujo; un encuentro entre Occidente y Oriente en la frontera de un júbilo luminoso.

En el año 2017, Cai Guo-Quian fue invitado por el Museo del Prado para realizar una intervención específica. Se trataba de establecer un diálogo entre su obra y la de los viejos maestros del pasado. El artista de la pólvora se enfrentó entonces a uno de sus ídolos de juventud: el Greco. La misma espiritualidad ardiente que emana de las figuras alargadas del pintor griego fue actualizada en las rítmicas explosiones pictóricas del artista chino.

El enorme privilegio que le fue concedido fue expresado por Quian con estas palabras de agradecimiento:

Tengo la fuerte sensación de ser un niño bendecido por los dioses… Cuando reinaba Felipe IV, encargó a los mejores pintores de la época, incluyendo a Velázquez, que crearan pinturas específicamente para El Salón de Reinos. Así que para mí, poder crear pinturas con pólvora aquí hace que las obras sean específicas no sólo en cuanto al sitio sino también a la cultura. Me imagino pintando aquí, con los rayos del ocaso derramándose a través de las ventanas… ¿Será que los espíritus de los grandes maestros surgirán de la nada para crear conmigo?

 Imagen: Arwcheek – Creative Commons

A lo largo de su historia el hombre ha sido capaz de lo mejor y de lo peor. Los primeros utensilios filosos, creados con obsidiana, sirvieron como instrumentos artesanales, y a la vez como armas temibles. El fuego, capaz de transformar los alimentos, era a su vez utilizado como un eficaz elemento disuasorio frente a posibles invasores. Parece ser que la pólvora fue inventada en china en tiempos remotos y por casualidad, cuando monjes taoístas buscaban el elixir de la inmortalidad. Se puede decir, entonces, que el futuro combustible de la muerte nació en un intento de alargar indefinidamente la vida.

Cai Guo-Quian (Quanzhou, 1957), embebido de la tradición pirotécnica de su país, tuvo la genial idea de utilizar la pólvora para crear pinturas. En ellas, paisajes iridiscentes aparecen poblados de plantas y animales espectrales nacidos del azar controlado de una explosión, como si los preceptos del taoísmo y el arte del renacimiento se hermanaran por unos instantes. Así es el arte de Cai Guo-Quian, una sabia combinación del suceso espontáneo y la concreción del dibujo; un encuentro entre Occidente y Oriente en la frontera de un júbilo luminoso.

En el año 2017, Cai Guo-Quian fue invitado por el Museo del Prado para realizar una intervención específica. Se trataba de establecer un diálogo entre su obra y la de los viejos maestros del pasado. El artista de la pólvora se enfrentó entonces a uno de sus ídolos de juventud: el Greco. La misma espiritualidad ardiente que emana de las figuras alargadas del pintor griego fue actualizada en las rítmicas explosiones pictóricas del artista chino.

El enorme privilegio que le fue concedido fue expresado por Quian con estas palabras de agradecimiento:

Tengo la fuerte sensación de ser un niño bendecido por los dioses… Cuando reinaba Felipe IV, encargó a los mejores pintores de la época, incluyendo a Velázquez, que crearan pinturas específicamente para El Salón de Reinos. Así que para mí, poder crear pinturas con pólvora aquí hace que las obras sean específicas no sólo en cuanto al sitio sino también a la cultura. Me imagino pintando aquí, con los rayos del ocaso derramándose a través de las ventanas… ¿Será que los espíritus de los grandes maestros surgirán de la nada para crear conmigo?

 Imagen: Arwcheek – Creative Commons