Quizá, una de las eras más hermosas en la historia del libro es la Edad Media. Entonces, los libros eran producidos e iluminados a mano. Los últimos siglos han acostumbrado a los lectores a la inmediatez de ediciones hechas por máquinas, en serie. Pero el encanto y valor que tiene un libro (y cualquier objeto) hecho a mano, es extraordinario —como si el contacto con las manos y la intención lo dotara de un espíritu.  

Los llamados manuscritos iluminados fueron obras de arte editorial que nacieron antes de la creación de la imprenta en el siglo XVI. Uno de sus más bellos elementos es el uso de estilizadas caligrafías, además de la inclusión de ilustraciones hechas completamente a mano, y cuyos pigmentos —algunas veces, derivados de procesos alquímicos— se mezclaban con clara de huevo, que fijaba el color en el papel. La tinta negra u ocre, por ejemplo, se extraía de bellotas de roble molidas y hervidas; y para su hechura se usaban plumas de aves grandes, como gansos o cisnes.

Los manuscritos iluminados —libros de temática religiosa y muy costosos— resultaban de una labor colectiva que incluía el trabajo de un grupo de escribanos (generalmente monjes), que tardaban alrededor de cinco meses en transcribir un texto de 200 páginas. Posteriormente, otro grupo de artistas decoraba e ilustraba minuciosamente las letras y páginas, cuyas guardas eran cubiertas con piel de borrego, cabra o venado.

Como un fascinante homenaje a estas antiguos obras de arte, la British Library produjo una serie de siete videos cortos que muestran, paso por paso, cómo se producían estos manuscritos. La narradora es Patricia Lovett, calígrafa, iluminadora y experta en técnicas medievales; ella describe distintos procesos, desde la hechura de una pluma para la caligrafía, hasta los pasos que se llevaban a cabo para hacer tinta y pigmentos. Una viaje al alma de lo editorial, estos tutoriales pueden aprovecharse para hacer un manuscrito medieval propio.

 

.

 

Imagen: Dominio público

Quizá, una de las eras más hermosas en la historia del libro es la Edad Media. Entonces, los libros eran producidos e iluminados a mano. Los últimos siglos han acostumbrado a los lectores a la inmediatez de ediciones hechas por máquinas, en serie. Pero el encanto y valor que tiene un libro (y cualquier objeto) hecho a mano, es extraordinario —como si el contacto con las manos y la intención lo dotara de un espíritu.  

Los llamados manuscritos iluminados fueron obras de arte editorial que nacieron antes de la creación de la imprenta en el siglo XVI. Uno de sus más bellos elementos es el uso de estilizadas caligrafías, además de la inclusión de ilustraciones hechas completamente a mano, y cuyos pigmentos —algunas veces, derivados de procesos alquímicos— se mezclaban con clara de huevo, que fijaba el color en el papel. La tinta negra u ocre, por ejemplo, se extraía de bellotas de roble molidas y hervidas; y para su hechura se usaban plumas de aves grandes, como gansos o cisnes.

Los manuscritos iluminados —libros de temática religiosa y muy costosos— resultaban de una labor colectiva que incluía el trabajo de un grupo de escribanos (generalmente monjes), que tardaban alrededor de cinco meses en transcribir un texto de 200 páginas. Posteriormente, otro grupo de artistas decoraba e ilustraba minuciosamente las letras y páginas, cuyas guardas eran cubiertas con piel de borrego, cabra o venado.

Como un fascinante homenaje a estas antiguos obras de arte, la British Library produjo una serie de siete videos cortos que muestran, paso por paso, cómo se producían estos manuscritos. La narradora es Patricia Lovett, calígrafa, iluminadora y experta en técnicas medievales; ella describe distintos procesos, desde la hechura de una pluma para la caligrafía, hasta los pasos que se llevaban a cabo para hacer tinta y pigmentos. Una viaje al alma de lo editorial, estos tutoriales pueden aprovecharse para hacer un manuscrito medieval propio.

 

.

 

Imagen: Dominio público