Dentro de la rara especie de libros religiosos pero apócrifos, filosóficos pero seculares, innovadores pero vintage, la obra escrita por James Gordon Gilkey, titulada You can Master Life [Puedes controlar la vida] brilla por su utilidad.

Escrita en 1934 por un pastor cristiano, este libro es un compendio de aciertos que exhuma a la religión para dejarnos con unos cuantos consejos luminosos, tan sencillos como aprender a respirar. Es el tipo de lectura que nos recuerda técnicas que en el fondo todos sabemos usar, pero que con frecuencia olvidamos. Es, en pocas palabras, un libro herramienta.

Y aunque por momentos raye en lo positivista norteamericano, la siguiente enumeración permite que, al identificarnos con el texto, visualicemos nuestra angustia y en consecuencia nos tranquilicemos. La tabla fue diseñada para distinguir entre preocupaciones justificadas y no-justificadas:

1. Preocupaciones en torno a desastres que, como los eventos probaron luego, nuca sucedieron. Alrededor de 40% de mis ansiedades.

2. Preocupaciones en torno a decisiones que había tomado en el pasado, decisiones que, por supuesto, eran irreversibles. Alrededor de 30% de mis ansiedades.

3. Preocupaciones en torno a enfermedades posibles o crisis nerviosas, ninguna de las cuales se materializaron. Alrededor del 12% de mis preocupaciones.

4. Preocupaciones en torno a mis hijos o mis amigos, preocupaciones que surgieron del hecho de que olvidé que estas personas tienen una cantidad ordinaria de sentido común. Alrededor del 10% de mis preocupaciones.

5. Preocupaciones que tenían un fundamento real. Posiblemente el 8% del total.

Después, Gilkey prescribe:

¿Cuál, en este hombre, es el primer paso en la conquista de la ansiedad? Es limitar sus preocupaciones a los escasos riesgos en el quinto grupo. Este simple acto eliminará el 92% de sus miedos. O, para abordar el problema de distinta manera, lo dejará libre de preocupaciones el 92% de su tiempo.

Para enlazar estos consejos, en un capítulo siguiente el pastor ofrece una observación que de mucho nos ha de servir en el camino. Si algo preciado tenemos bajo nuestro cuidado es nuestra energía y el bienestar depende en gran medida de cómo la administremos.

Sólo mientras nos rendimos ante lo inexorable, sólo mientras aceptamos las situaciones en las que nos vemos impotentes de resolver, podemos liberarnos de tensiones internas que resultan fatales, y adquirir esa calma en la cual podemos buscar –y usualmente encontrar– maneras en las que nuestras limitaciones pueden ser al menos parcialmente perduradas. […] Debemos alcanzar la victoria, no demoliendo las paredes, sino aceptándolas.

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Imagen: Stu Levy

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Dentro de la rara especie de libros religiosos pero apócrifos, filosóficos pero seculares, innovadores pero vintage, la obra escrita por James Gordon Gilkey, titulada You can Master Life [Puedes controlar la vida] brilla por su utilidad.

Escrita en 1934 por un pastor cristiano, este libro es un compendio de aciertos que exhuma a la religión para dejarnos con unos cuantos consejos luminosos, tan sencillos como aprender a respirar. Es el tipo de lectura que nos recuerda técnicas que en el fondo todos sabemos usar, pero que con frecuencia olvidamos. Es, en pocas palabras, un libro herramienta.

Y aunque por momentos raye en lo positivista norteamericano, la siguiente enumeración permite que, al identificarnos con el texto, visualicemos nuestra angustia y en consecuencia nos tranquilicemos. La tabla fue diseñada para distinguir entre preocupaciones justificadas y no-justificadas:

1. Preocupaciones en torno a desastres que, como los eventos probaron luego, nuca sucedieron. Alrededor de 40% de mis ansiedades.

2. Preocupaciones en torno a decisiones que había tomado en el pasado, decisiones que, por supuesto, eran irreversibles. Alrededor de 30% de mis ansiedades.

3. Preocupaciones en torno a enfermedades posibles o crisis nerviosas, ninguna de las cuales se materializaron. Alrededor del 12% de mis preocupaciones.

4. Preocupaciones en torno a mis hijos o mis amigos, preocupaciones que surgieron del hecho de que olvidé que estas personas tienen una cantidad ordinaria de sentido común. Alrededor del 10% de mis preocupaciones.

5. Preocupaciones que tenían un fundamento real. Posiblemente el 8% del total.

Después, Gilkey prescribe:

¿Cuál, en este hombre, es el primer paso en la conquista de la ansiedad? Es limitar sus preocupaciones a los escasos riesgos en el quinto grupo. Este simple acto eliminará el 92% de sus miedos. O, para abordar el problema de distinta manera, lo dejará libre de preocupaciones el 92% de su tiempo.

Para enlazar estos consejos, en un capítulo siguiente el pastor ofrece una observación que de mucho nos ha de servir en el camino. Si algo preciado tenemos bajo nuestro cuidado es nuestra energía y el bienestar depende en gran medida de cómo la administremos.

Sólo mientras nos rendimos ante lo inexorable, sólo mientras aceptamos las situaciones en las que nos vemos impotentes de resolver, podemos liberarnos de tensiones internas que resultan fatales, y adquirir esa calma en la cual podemos buscar –y usualmente encontrar– maneras en las que nuestras limitaciones pueden ser al menos parcialmente perduradas. […] Debemos alcanzar la victoria, no demoliendo las paredes, sino aceptándolas.

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Imagen: Stu Levy

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