Godfrey Reggio antes de ser cineasta fue monje. Durante catorce años practicó las exigencias monacales del ayuno, el silencio y la oración. No podía imaginarse que en el mismo monasterio, y gracias al consejo de uno de sus compañeros, haría un descubrimiento que cambiaría su vida.

En un día cualquiera de su rutina monacal, Reggio vio el filme Los Olvidados, de Luis Buñuel. La experiencia espiritual que los rigores de la observancia religiosa no habían conseguido, llegaba súbitamente a través del cine. Un monje moría para ver nacer un cineasta.

Reggio es mundialmente conocido por su trilogía documental Qatsi, formada por las películas Koyaanisqatsi, Powaqqatsi y Naqoyqatsi. Profundamente preocupado por el destino del hombre, el cineasta de Luisiana utiliza su cámara como una lupa de aumento que evidencia las contradicciones del progreso. El avance imparable de las ciudades, la degradación del medio ambiente, la dependencia creciente de las tecnologías…Qatsi es un tríptico profético sobre la degradación espiritual del hombre, un espejo incómodo en el que se sintetizan todas nuestras miserias; pero también un tapiz móvil en el que se condensa la belleza del mundo y desde el que se proyecta un poderoso haz de esperanza.

En 1992 Reggio realizó el cortometraje documental Anima Mundi. Inspirado en una cita del Timeo de Platón, en la que se afirma que el mundo es un ser viviente al que corresponde un alma y una inteligencia, el director abordó el encargo de realizar una pieza para el Fondo Mundial para la Naturaleza.

A través del montaje de espectaculares imágenes del mundo natural y apoyándose, como en sus anteriores proyectos, en la música de su eximio colaborador Philip Glass, Reggio consigue un poema visual penetrante. Mamíferos, pájaros, peces, bacterias, todo queda inventariado para mostrarnos el esplendor y poder creador de la madre tierra. Arrebatados por sus imágenes, volvemos la mirada hacia un mundo que olvidamos distraídos por el fervor urbano.

La mirada impertérrita de un gran felino abre y cierra misteriosamente el film; sus enormes ojos parecen observarnos con cautela. Serenos y afligidos a un tiempo nos advierten: de seguir así ¿qué quedará de este mundo en el futuro?

Godfrey Reggio antes de ser cineasta fue monje. Durante catorce años practicó las exigencias monacales del ayuno, el silencio y la oración. No podía imaginarse que en el mismo monasterio, y gracias al consejo de uno de sus compañeros, haría un descubrimiento que cambiaría su vida.

En un día cualquiera de su rutina monacal, Reggio vio el filme Los Olvidados, de Luis Buñuel. La experiencia espiritual que los rigores de la observancia religiosa no habían conseguido, llegaba súbitamente a través del cine. Un monje moría para ver nacer un cineasta.

Reggio es mundialmente conocido por su trilogía documental Qatsi, formada por las películas Koyaanisqatsi, Powaqqatsi y Naqoyqatsi. Profundamente preocupado por el destino del hombre, el cineasta de Luisiana utiliza su cámara como una lupa de aumento que evidencia las contradicciones del progreso. El avance imparable de las ciudades, la degradación del medio ambiente, la dependencia creciente de las tecnologías…Qatsi es un tríptico profético sobre la degradación espiritual del hombre, un espejo incómodo en el que se sintetizan todas nuestras miserias; pero también un tapiz móvil en el que se condensa la belleza del mundo y desde el que se proyecta un poderoso haz de esperanza.

En 1992 Reggio realizó el cortometraje documental Anima Mundi. Inspirado en una cita del Timeo de Platón, en la que se afirma que el mundo es un ser viviente al que corresponde un alma y una inteligencia, el director abordó el encargo de realizar una pieza para el Fondo Mundial para la Naturaleza.

A través del montaje de espectaculares imágenes del mundo natural y apoyándose, como en sus anteriores proyectos, en la música de su eximio colaborador Philip Glass, Reggio consigue un poema visual penetrante. Mamíferos, pájaros, peces, bacterias, todo queda inventariado para mostrarnos el esplendor y poder creador de la madre tierra. Arrebatados por sus imágenes, volvemos la mirada hacia un mundo que olvidamos distraídos por el fervor urbano.

La mirada impertérrita de un gran felino abre y cierra misteriosamente el film; sus enormes ojos parecen observarnos con cautela. Serenos y afligidos a un tiempo nos advierten: de seguir así ¿qué quedará de este mundo en el futuro?

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