El efecto que ocasionó en los espectadores de 1895 la contemplación de Llegada de un tren a la estación de los hermanos Lumière fue histórico. La gente entró en pánico y se agolpó en los pasillos para huir de aquel colosal vehículo que se abalanzaba sobre ellos. Nuestra capacidad para diferenciar imágenes en movimiento de la propia realidad todavía no había sido forjada. Lo mismo sucedió en el estreno de Asalto y robo de un tren, de Edwin S. Porter, en 1903. El mítico plano final, en el que un vaquero dispara su pistola contra la cámara, causó un efecto similar al de la película de los Lumiére. Ingenuamente, el público temió verdaderamente por su vida en aquel primer western de la historia.

Edwin S. Porter (1870-1941) se formó en los estudios de Thomas Edison. Fascinado por el trabajo de Meliés y Ferdinand Zecca, Porter puso su empeño en desarrollar un cine eminentemente narrativo. En 1902 rodó Salvamento de un incendio, logrando apresar con la cámara secuencias reales que organizó en montaje paralelo, sentando las bases de la narrativa cinematográfica.

Con Asalto y robo de un tren, Porter inició el género western. Organizado en catorce escenas, divididas en tres actos, intervinieron ocho actores y actrices y centenares de extras. Su argumento está basado en los hechos reales acaecidos el 29 de agosto de 1900, cuando cuatro miembros de la banda de George Leroy Parker asaltaron el vagón número tres de la Union Pacific Railroad.

Para su película, Porter utilizó técnicas cinematográficas innovadoras, como la elipsis, las escenas en exteriores, el montaje paralelo, y el uso de fragmentos tomados en diferentes lugares para dar lugar a una narración unitaria. De esta manera, Porter perfeccionaba, basándose en los descubrimientos de la escuela de Brighton, los elementos principales de la narración cinematográfica que todavía hoy son empleados por los cineastas.

El hecho de que una de las primeras películas norteamericanas fuera un western no debe extrañarnos. Como bien señalo André Bazin en su análisis del género, Estados Unidos encontró en el western un modo de forjar su propia mitología nacional. Por eso la película de Porter supone a la vez un hito en la historia del cine y en la cultura de los Estados Unidos.

Algunas de sus innovaciones fueron utilizar el fuera de campo, explicándonos una secuencia sin mostrárnosla directamente, así como prescindir de la narración externa para explicitar todo mediante las propias imágenes.

Por primera vez la pantalla representaba persecuciones a caballo, tiroteos, y toda la parafernalia propia del género, como sombreros, rifles y pañuelos al cuello. Un hombre caía, por primera vez, del techo de un vagón de tren. Por primera vez alguien era obligado a bailar al ritmo de los disparos de un revólver. Escenas que se han convertido en verdaderos clichés, y que partieron de la imaginación fundacional de uno de los pioneros del arte cinematográfico.

El efecto que ocasionó en los espectadores de 1895 la contemplación de Llegada de un tren a la estación de los hermanos Lumière fue histórico. La gente entró en pánico y se agolpó en los pasillos para huir de aquel colosal vehículo que se abalanzaba sobre ellos. Nuestra capacidad para diferenciar imágenes en movimiento de la propia realidad todavía no había sido forjada. Lo mismo sucedió en el estreno de Asalto y robo de un tren, de Edwin S. Porter, en 1903. El mítico plano final, en el que un vaquero dispara su pistola contra la cámara, causó un efecto similar al de la película de los Lumiére. Ingenuamente, el público temió verdaderamente por su vida en aquel primer western de la historia.

Edwin S. Porter (1870-1941) se formó en los estudios de Thomas Edison. Fascinado por el trabajo de Meliés y Ferdinand Zecca, Porter puso su empeño en desarrollar un cine eminentemente narrativo. En 1902 rodó Salvamento de un incendio, logrando apresar con la cámara secuencias reales que organizó en montaje paralelo, sentando las bases de la narrativa cinematográfica.

Con Asalto y robo de un tren, Porter inició el género western. Organizado en catorce escenas, divididas en tres actos, intervinieron ocho actores y actrices y centenares de extras. Su argumento está basado en los hechos reales acaecidos el 29 de agosto de 1900, cuando cuatro miembros de la banda de George Leroy Parker asaltaron el vagón número tres de la Union Pacific Railroad.

Para su película, Porter utilizó técnicas cinematográficas innovadoras, como la elipsis, las escenas en exteriores, el montaje paralelo, y el uso de fragmentos tomados en diferentes lugares para dar lugar a una narración unitaria. De esta manera, Porter perfeccionaba, basándose en los descubrimientos de la escuela de Brighton, los elementos principales de la narración cinematográfica que todavía hoy son empleados por los cineastas.

El hecho de que una de las primeras películas norteamericanas fuera un western no debe extrañarnos. Como bien señalo André Bazin en su análisis del género, Estados Unidos encontró en el western un modo de forjar su propia mitología nacional. Por eso la película de Porter supone a la vez un hito en la historia del cine y en la cultura de los Estados Unidos.

Algunas de sus innovaciones fueron utilizar el fuera de campo, explicándonos una secuencia sin mostrárnosla directamente, así como prescindir de la narración externa para explicitar todo mediante las propias imágenes.

Por primera vez la pantalla representaba persecuciones a caballo, tiroteos, y toda la parafernalia propia del género, como sombreros, rifles y pañuelos al cuello. Un hombre caía, por primera vez, del techo de un vagón de tren. Por primera vez alguien era obligado a bailar al ritmo de los disparos de un revólver. Escenas que se han convertido en verdaderos clichés, y que partieron de la imaginación fundacional de uno de los pioneros del arte cinematográfico.

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