Para hablar sobre el Sutra del corazón (o cualquier otro texto budista) es necesario entender que el budismo es una filosofía que busca la liberación —una doctrina tan filosófica como espiritual— y no solamente una religión. La lógica budista integra un conjunto de preceptos que buscan la emancipación del sufrimiento y la iluminación, es decir, la experiencia de lo divino. Existen dos ramas principales del budismo: Theravada (La Escuela de los Ancianos) y Mahāyāna (El Gran Camino). El Sutra del corazón es uno de los más breves, misteriosos y fascinantes de la segunda rama, probablemente, uno de sus escritos capitales.

También conocido como el Sutra de la esencia de la sabiduría por su nombre en sánscrito, se trata uno de los textos más abreviados —no por ello menos complejo— del budismo Mahāyāna. Existen muchas versiones de este sutra, de distintas extensiones e innumerables traducciones. Es recitado (y a veces cantado) en todos los países donde se practica el budismo: China, Japón, Vietnam, Corea e India, entre otros. Está compuesto por catorce shlokas, o versos escritos también en sánscrito.

Como muchos otros sutras, el del corazón está organizado como un diálogo. Narra las conversaciones entre dos figuras: Avalokiteshvara (seguidor de Buda que encarna la compasión) y Shariputra (uno de los dos discípulos principales de Gautama Buda). La temática de su conversación explora uno de los preceptos más complejos del budismo: el de la vacuidad fundamental (shunyatá), que está presente en todo ser individual y es característica de todos los fenómenos.

En el diálogo de este sutra, dicho vacío se estipula presente en lo que se conoce como los cinco agregados de la existencia humana (skandhas): la forma (rūpa), el sentimiento (vedanā), las voliciones (samskārā), las percepciones (sajñā), y la consciencia (vijñāna). Posteriormente Avalokiteshvara acierta con una de las frases más conocidas y misteriosas del sutra: “La forma sólo es vacío y el vacío es en verdad forma”.

Posteriormente, Avalokiteshvara habla de las enseñanzas fundamentales del budismo, como las  Cuatro Nobles Verdades —dukha (toda existencia es insatisfactoria), samudaya (el sufrimiento proviene del deseo, el apego y la ignorancia), nirodha (el sufrimiento puede ser vencido) y magga (el noble camino óctuple: corrección de la comprensión, el pensamiento, la palabra, la acción, la ocupación, el esfuerzo, la atención y concentración)— para asegurar que en el vacío, ese vacío fundamental, ninguna de estas nociones pueden ser aplicadas.

Según expertos, Avalokiteshvara se expresa sobre las enseñanzas que, aunque constituyen una descripción de la verdad convencional, son sólo una lectura de la realidad y no la realidad en sí misma. Por esta razón, las doctrinas y las enseñanzas no pueden ser aplicadas a La Verdad, que no puede ser entendida a cabalidad por la mente. Así, el discípulo habla de la perfección de la sabiduría que es capaz de percibir esa Verdad sin la necesidad del apego a los conceptos de la mente. Esa es la única manera de alcanzar el nirvana o la iluminación, de acuerdo a  este texto.

 El sutra concluye con un rezo:

 Partir. Partir.

Partir a lo alto.

Partir a lo más alto.

Despertar. Así sea.

Para una persona occidental, los conceptos de la filosofía budista podrían ser complejos y opacos. El caso del vacío podría ser un buen ejemplo. Se trata de una característica ontológica de la realidad y, al mismo tiempo, de un análisis fenomenológico de la experiencia. En cualquier caso y haciendo una lectura simplificada, ese vacío o vacuidad fundamental (shunyatá) y su presencia en los agregados de la existencia humana, bien podrían invitarnos a la siguiente reflexión: si la realidad existe sin nuestra lectura de ella, esa lectura es necesariamente una interpretación, y si esa interpretación depende de nuestros apegos y nuestro ego (otro concepto lleno de complejidad), es altamente probable que esté contaminada por percepciones que no son la realidad inicial. Ante esto queda solamente una solución posible y ésta es la meditación, uno de los caminos propuestos por el budismo: la introspección como medio de unión con el todo.

Vivimos y crecemos pensando que nuestras percepciones de la realidad son precisamente la realidad. Confiamos en nuestros sentidos, instintos y emociones para delimitar el mundo que nos rodea, a nuestra propia semejanza. En el budismo, y particularmente en este texto, se nos propone no confiar en el ego, algo que también invita a repensar nuestra percepción del éxito, del sufrimiento y, particularmente, del dolor.

 

Imagen: Dominio público

 

Para hablar sobre el Sutra del corazón (o cualquier otro texto budista) es necesario entender que el budismo es una filosofía que busca la liberación —una doctrina tan filosófica como espiritual— y no solamente una religión. La lógica budista integra un conjunto de preceptos que buscan la emancipación del sufrimiento y la iluminación, es decir, la experiencia de lo divino. Existen dos ramas principales del budismo: Theravada (La Escuela de los Ancianos) y Mahāyāna (El Gran Camino). El Sutra del corazón es uno de los más breves, misteriosos y fascinantes de la segunda rama, probablemente, uno de sus escritos capitales.

También conocido como el Sutra de la esencia de la sabiduría por su nombre en sánscrito, se trata uno de los textos más abreviados —no por ello menos complejo— del budismo Mahāyāna. Existen muchas versiones de este sutra, de distintas extensiones e innumerables traducciones. Es recitado (y a veces cantado) en todos los países donde se practica el budismo: China, Japón, Vietnam, Corea e India, entre otros. Está compuesto por catorce shlokas, o versos escritos también en sánscrito.

Como muchos otros sutras, el del corazón está organizado como un diálogo. Narra las conversaciones entre dos figuras: Avalokiteshvara (seguidor de Buda que encarna la compasión) y Shariputra (uno de los dos discípulos principales de Gautama Buda). La temática de su conversación explora uno de los preceptos más complejos del budismo: el de la vacuidad fundamental (shunyatá), que está presente en todo ser individual y es característica de todos los fenómenos.

En el diálogo de este sutra, dicho vacío se estipula presente en lo que se conoce como los cinco agregados de la existencia humana (skandhas): la forma (rūpa), el sentimiento (vedanā), las voliciones (samskārā), las percepciones (sajñā), y la consciencia (vijñāna). Posteriormente Avalokiteshvara acierta con una de las frases más conocidas y misteriosas del sutra: “La forma sólo es vacío y el vacío es en verdad forma”.

Posteriormente, Avalokiteshvara habla de las enseñanzas fundamentales del budismo, como las  Cuatro Nobles Verdades —dukha (toda existencia es insatisfactoria), samudaya (el sufrimiento proviene del deseo, el apego y la ignorancia), nirodha (el sufrimiento puede ser vencido) y magga (el noble camino óctuple: corrección de la comprensión, el pensamiento, la palabra, la acción, la ocupación, el esfuerzo, la atención y concentración)— para asegurar que en el vacío, ese vacío fundamental, ninguna de estas nociones pueden ser aplicadas.

Según expertos, Avalokiteshvara se expresa sobre las enseñanzas que, aunque constituyen una descripción de la verdad convencional, son sólo una lectura de la realidad y no la realidad en sí misma. Por esta razón, las doctrinas y las enseñanzas no pueden ser aplicadas a La Verdad, que no puede ser entendida a cabalidad por la mente. Así, el discípulo habla de la perfección de la sabiduría que es capaz de percibir esa Verdad sin la necesidad del apego a los conceptos de la mente. Esa es la única manera de alcanzar el nirvana o la iluminación, de acuerdo a  este texto.

 El sutra concluye con un rezo:

 Partir. Partir.

Partir a lo alto.

Partir a lo más alto.

Despertar. Así sea.

Para una persona occidental, los conceptos de la filosofía budista podrían ser complejos y opacos. El caso del vacío podría ser un buen ejemplo. Se trata de una característica ontológica de la realidad y, al mismo tiempo, de un análisis fenomenológico de la experiencia. En cualquier caso y haciendo una lectura simplificada, ese vacío o vacuidad fundamental (shunyatá) y su presencia en los agregados de la existencia humana, bien podrían invitarnos a la siguiente reflexión: si la realidad existe sin nuestra lectura de ella, esa lectura es necesariamente una interpretación, y si esa interpretación depende de nuestros apegos y nuestro ego (otro concepto lleno de complejidad), es altamente probable que esté contaminada por percepciones que no son la realidad inicial. Ante esto queda solamente una solución posible y ésta es la meditación, uno de los caminos propuestos por el budismo: la introspección como medio de unión con el todo.

Vivimos y crecemos pensando que nuestras percepciones de la realidad son precisamente la realidad. Confiamos en nuestros sentidos, instintos y emociones para delimitar el mundo que nos rodea, a nuestra propia semejanza. En el budismo, y particularmente en este texto, se nos propone no confiar en el ego, algo que también invita a repensar nuestra percepción del éxito, del sufrimiento y, particularmente, del dolor.

 

Imagen: Dominio público