Es imposible verlo y a veces olvidamos sentirlo. El viento sopla, acaricia, susurra, viaja, ruge y, a veces, azota. Pero es su cualidad invisible (esa que imita la irrealidad) lo que hace que fotografiarlo sea una verdadera hazaña. Hacer un retrato del viento es una misión prácticamente imposible, pero la fotógrafa Rachel Cobb logró captar este portento meteorológico en una brillante colección de imágenes titulada Mistralel proyecto personal que la ha ocupado los últimos 20 años.

A lo largo de nuestra historia, hemos desarrollado una hermandad con el viento: navegamos, producimos energía, volamos y nos comunicamos con su ayuda. El viento es misterioso porque lo sentimos, lo escuchamos y hasta lo podemos oler, pero nunca verlo: ahí el homenaje de esta fotógrafa.

Para Cobb, la mejor manera de capturar lo incapturable fue retratar cómo el viento afecta a los elementos de la vida cotidiana: los objetos, las personas, los cielos, las telas, los animales. A través de los ojos de la artista es posible ver cómo el viento sacude la crin de un caballo, a personas que intentan caminar a la intemperie a pesar del vendaval, las formas y pliegues del velo de una novia fuera de la iglesia, los cabellos de una persona alborotados por el viento. La proeza de Cobb es una combinación de paciencia, habilidad y comprensión del viento: solamente de esta manera ella logra revelar un fenómeno invisible.

El nombre de esta colección proviene del mistral, nombre del viento del norte que sopla desde el Mediterráneo hacia el mar, y que se caracteriza por ser frío, seco y violento; este fenómeno, además, no presenta un patrón o ritmo descifrable. El haber vivido en Lyon durante muchos años, tocada por este aire particular, dio a la artista la inspiración necesaria. Después de dos décadas de existir, el proyecto ha sido expuesto de dos maneras, en forma de exhibición y como proyecto editorial —ambos bajo el mismo nombre: Mistral The Legendary Wind of Provence.

El arte (como el viento) tiene la sublime capacidad de afectarnos de forma invisible, de cambiar nuestra forma de ver y sentir: después del viento (y después del arte) nada es igual. Así, el trabajo fotográfico de Rachel Cobb es una invitación a notar eso que nos rodea todo el tiempo y que está lleno de poder, un trabajo de traducción visual que requirió una sensibilidad especial y años, muchos años, de observación. Movimiento, masa, aire y presión atmosférica, al observar sus fotografías casi es posible sentir el viento.

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 Imágenes: Rachel Cobb

Es imposible verlo y a veces olvidamos sentirlo. El viento sopla, acaricia, susurra, viaja, ruge y, a veces, azota. Pero es su cualidad invisible (esa que imita la irrealidad) lo que hace que fotografiarlo sea una verdadera hazaña. Hacer un retrato del viento es una misión prácticamente imposible, pero la fotógrafa Rachel Cobb logró captar este portento meteorológico en una brillante colección de imágenes titulada Mistralel proyecto personal que la ha ocupado los últimos 20 años.

A lo largo de nuestra historia, hemos desarrollado una hermandad con el viento: navegamos, producimos energía, volamos y nos comunicamos con su ayuda. El viento es misterioso porque lo sentimos, lo escuchamos y hasta lo podemos oler, pero nunca verlo: ahí el homenaje de esta fotógrafa.

Para Cobb, la mejor manera de capturar lo incapturable fue retratar cómo el viento afecta a los elementos de la vida cotidiana: los objetos, las personas, los cielos, las telas, los animales. A través de los ojos de la artista es posible ver cómo el viento sacude la crin de un caballo, a personas que intentan caminar a la intemperie a pesar del vendaval, las formas y pliegues del velo de una novia fuera de la iglesia, los cabellos de una persona alborotados por el viento. La proeza de Cobb es una combinación de paciencia, habilidad y comprensión del viento: solamente de esta manera ella logra revelar un fenómeno invisible.

El nombre de esta colección proviene del mistral, nombre del viento del norte que sopla desde el Mediterráneo hacia el mar, y que se caracteriza por ser frío, seco y violento; este fenómeno, además, no presenta un patrón o ritmo descifrable. El haber vivido en Lyon durante muchos años, tocada por este aire particular, dio a la artista la inspiración necesaria. Después de dos décadas de existir, el proyecto ha sido expuesto de dos maneras, en forma de exhibición y como proyecto editorial —ambos bajo el mismo nombre: Mistral The Legendary Wind of Provence.

El arte (como el viento) tiene la sublime capacidad de afectarnos de forma invisible, de cambiar nuestra forma de ver y sentir: después del viento (y después del arte) nada es igual. Así, el trabajo fotográfico de Rachel Cobb es una invitación a notar eso que nos rodea todo el tiempo y que está lleno de poder, un trabajo de traducción visual que requirió una sensibilidad especial y años, muchos años, de observación. Movimiento, masa, aire y presión atmosférica, al observar sus fotografías casi es posible sentir el viento.

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 Imágenes: Rachel Cobb