Para la literatura botánica no hay nadie como Paul Evans. Escritor de la naturaleza, profesor en Bath Spa University y “merodeador del bosque”, Evans tiene una manera de contar las cosas como si estuviéramos con él de paseo por una vegetación inglesa que también es una antología literaria. De sus artículos brotan referencias históricas y folklóricas asociadas con cada planta que va apareciendo en su camino.

Snowdrops-catching-the-sunshine-in-Cleobury-Mortimer

En “Startled by an emerald visión in the monochrome gloom – an aberrant fern”, por ejemplo, nos cuenta que los victorianos, en su búsqueda fanática por novedad, coleccionaban los helechos más raros que encontraban en el mundo. Él encuentra uno en su camino que sin duda “los hubiera dejado helados”. El polipodio occidental, si es que eso es lo que es esto que vivimos, piensa Evans, está siempre mutando en algo más, al igual que los helechos lo han hecho por más de 300 millones años. “Este es el tipo de híbrido que subvierte nuestra visión fija de la naturaleza; rara y hermosa”.

Así, más que un informe mensual de botánica, lo de él es un diario y un monólogo interno lleno de analogías que nos vinculan al comportamiento de las plantas. Evans celebra los híbridos y las aberraciones, y la suavidad de cada uno de brotes que, además de ser magnífico, lo disparan a imaginar toda suerte de escenarios. Una frambuesa es un mirlo y un mirlo es la fruta roja que tuerce una rama de el árbol de Maple, rojo como el atardecer del día anterior.

fyBnIFS15sBNUZs4OAAR4IXXXL4j3HpexhjNOf_P3YmryPKwJ94QGRtDb3Sbc6KY

En una de sus entregas, el inglés habla sobre las violetas dulces blancas. Dice de ellas que, además de ser indistinguibles de los copos de nieve cuando se suelta una tormenta, son una cura medieval para la melancolía. “Hidratan el cerebro y curan la pesadez del espíritu”, dice, citando un libro de 1653 de Thomas Jenner. Robert Burton, curiosamente, también las menciona en su Anatomía de la Melancolía, como “correctores de accidentes”. Esta es una manera olvidada de considerar estas flores, que sea o no verdadera, deberíamos recuperar poro el sólo hecho de la estética de pensar que sea cierto. Evans las relaciona, también, con las ninfas del olor:

Otra historia enigmática de las violetas es que puedes olerlas sólo una vez. Es un mito pero la fragancia contiene iononas, un químico que mata a los receptores olfativos de la nariz. Las iononas podrían venir de las ninfas iononas que recolectaban las primeras flores de la primavera para Ion, padre mítico de las iononas, una tribu helénica de Asia Menor.

“Si [estas flores] simbolizan la pureza”, dice Evans, “es de un tipo sensual”.

Para leer los artículos mensuales sobre las plantas de temporada, remítete aquí.

.

Para la literatura botánica no hay nadie como Paul Evans. Escritor de la naturaleza, profesor en Bath Spa University y “merodeador del bosque”, Evans tiene una manera de contar las cosas como si estuviéramos con él de paseo por una vegetación inglesa que también es una antología literaria. De sus artículos brotan referencias históricas y folklóricas asociadas con cada planta que va apareciendo en su camino.

Snowdrops-catching-the-sunshine-in-Cleobury-Mortimer

En “Startled by an emerald visión in the monochrome gloom – an aberrant fern”, por ejemplo, nos cuenta que los victorianos, en su búsqueda fanática por novedad, coleccionaban los helechos más raros que encontraban en el mundo. Él encuentra uno en su camino que sin duda “los hubiera dejado helados”. El polipodio occidental, si es que eso es lo que es esto que vivimos, piensa Evans, está siempre mutando en algo más, al igual que los helechos lo han hecho por más de 300 millones años. “Este es el tipo de híbrido que subvierte nuestra visión fija de la naturaleza; rara y hermosa”.

Así, más que un informe mensual de botánica, lo de él es un diario y un monólogo interno lleno de analogías que nos vinculan al comportamiento de las plantas. Evans celebra los híbridos y las aberraciones, y la suavidad de cada uno de brotes que, además de ser magnífico, lo disparan a imaginar toda suerte de escenarios. Una frambuesa es un mirlo y un mirlo es la fruta roja que tuerce una rama de el árbol de Maple, rojo como el atardecer del día anterior.

fyBnIFS15sBNUZs4OAAR4IXXXL4j3HpexhjNOf_P3YmryPKwJ94QGRtDb3Sbc6KY

En una de sus entregas, el inglés habla sobre las violetas dulces blancas. Dice de ellas que, además de ser indistinguibles de los copos de nieve cuando se suelta una tormenta, son una cura medieval para la melancolía. “Hidratan el cerebro y curan la pesadez del espíritu”, dice, citando un libro de 1653 de Thomas Jenner. Robert Burton, curiosamente, también las menciona en su Anatomía de la Melancolía, como “correctores de accidentes”. Esta es una manera olvidada de considerar estas flores, que sea o no verdadera, deberíamos recuperar poro el sólo hecho de la estética de pensar que sea cierto. Evans las relaciona, también, con las ninfas del olor:

Otra historia enigmática de las violetas es que puedes olerlas sólo una vez. Es un mito pero la fragancia contiene iononas, un químico que mata a los receptores olfativos de la nariz. Las iononas podrían venir de las ninfas iononas que recolectaban las primeras flores de la primavera para Ion, padre mítico de las iononas, una tribu helénica de Asia Menor.

“Si [estas flores] simbolizan la pureza”, dice Evans, “es de un tipo sensual”.

Para leer los artículos mensuales sobre las plantas de temporada, remítete aquí.

.

Etiquetado: , , ,