Los objetos mágicos tienen una doble naturaleza. Por un lado existe su materialidad y, por otro, su metafísica o “espíritu”, su existencia como conjuros. En el caso de los amuletos, esto toma un sentido igualmente doble, pues se trata de objetos para combatir un hechizo o maldición que los precede. Se sabe que durante los siglos XVI, XVII y XVIII, existieron en las islas británicas (llevadas posteriormente a Estados Unidos) prácticas muy específicas de protección contra las brujas —una de ellas era la costumbre de hacer marcas en distintos espacios de una casa para ahuyentar a estos seres malignos, otra de ellas, una de las más curiosas, fueron las botellas contra las brujas.

Hechas de vidrio o cerámica, a veces con diseños de rostros humanos, las botellas contra las brujas eran pequeños talismanes dentro de los cuales se introducían uñas, huesos, pelo, madera, sangre y orina; muchos objetos filosos o puntiagudos —como clavos, alfileres o espinas— se han encontrado dentro de estos contenedores. Generalmente los clavos se doblaban antes de ser introducidos en la botella, pues se pensaba que de esta forma se les mataba, ritualmente, y éstos llegaban a la dimensión por la que las brujas transitaban. Por su parte, la orina servía para atraerlas.

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Al igual que las marcas contra brujas, las botellas se colocaban o incrustaban dentro de las casas, en lugares estratégicos: cerca de puertas, dentro de chimeneas, debajo del piso y en otros espacios que pudieran servir como entradas para las brujas —que acostumbraban introducirse a los hogares por lugares anormales. Cuando la botella era colocada cerca de la chimenea, el calor, se creía, calentaba los clavos o los alfileres, que a su vez forzaban a la bruja a alejarse.

Las botellas contra las brujas y su existencia intiman con la historia de la medicina. Muchas veces, cuando los tratamientos médicos no aliviaban un padecimiento, éste era adjudicado a la presencia o mala fe de una bruja. Se sabe, por ejemplo, que durante los siglos XVI y XVII, los padecimientos urinarios eran muy comunes, y quienes los sufrían usaban las extrañas botellas para así transferir la enfermedad de su cuerpo al de la bruja —esto muchas veces resultó en acusaciones falsas de brujería, pues si alguien cercano contraía la misma enfermedad, era acusado de ser el hechicero o hechicera que habría mandado el embrujo inicial. Por lo mismo, las botellas contra las brujas abundaron en periodos de epidemias, crisis sociales y hasta en temporadas de mala cosecha.

Estos objetos son también valiosos registros antropológicos. Se han encontrado cerca de 200 de estas botellas en el Reino Unido y unas pocas más en Estados Unidos. Recientemente, el Museo de Arqueología de Londres comenzó un proyecto para su búsqueda y conservación, invitando a quienquiera que encontrara una botella en su hogar a dejarla como la había encontrado y llamar a especialistas. También solicitan a quienes encuentren unas de estas botellas, dejar su contenido intacto, para así poder investigar mejor y entender esta antigua práctica popular: hechizos embotellados y ejemplos perfectos de la materialidad del pensamiento mágico.

Imagen: 1) Dominio público 2) Malcolm Lidbury – Creative Commons

Los objetos mágicos tienen una doble naturaleza. Por un lado existe su materialidad y, por otro, su metafísica o “espíritu”, su existencia como conjuros. En el caso de los amuletos, esto toma un sentido igualmente doble, pues se trata de objetos para combatir un hechizo o maldición que los precede. Se sabe que durante los siglos XVI, XVII y XVIII, existieron en las islas británicas (llevadas posteriormente a Estados Unidos) prácticas muy específicas de protección contra las brujas —una de ellas era la costumbre de hacer marcas en distintos espacios de una casa para ahuyentar a estos seres malignos, otra de ellas, una de las más curiosas, fueron las botellas contra las brujas.

Hechas de vidrio o cerámica, a veces con diseños de rostros humanos, las botellas contra las brujas eran pequeños talismanes dentro de los cuales se introducían uñas, huesos, pelo, madera, sangre y orina; muchos objetos filosos o puntiagudos —como clavos, alfileres o espinas— se han encontrado dentro de estos contenedores. Generalmente los clavos se doblaban antes de ser introducidos en la botella, pues se pensaba que de esta forma se les mataba, ritualmente, y éstos llegaban a la dimensión por la que las brujas transitaban. Por su parte, la orina servía para atraerlas.

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Al igual que las marcas contra brujas, las botellas se colocaban o incrustaban dentro de las casas, en lugares estratégicos: cerca de puertas, dentro de chimeneas, debajo del piso y en otros espacios que pudieran servir como entradas para las brujas —que acostumbraban introducirse a los hogares por lugares anormales. Cuando la botella era colocada cerca de la chimenea, el calor, se creía, calentaba los clavos o los alfileres, que a su vez forzaban a la bruja a alejarse.

Las botellas contra las brujas y su existencia intiman con la historia de la medicina. Muchas veces, cuando los tratamientos médicos no aliviaban un padecimiento, éste era adjudicado a la presencia o mala fe de una bruja. Se sabe, por ejemplo, que durante los siglos XVI y XVII, los padecimientos urinarios eran muy comunes, y quienes los sufrían usaban las extrañas botellas para así transferir la enfermedad de su cuerpo al de la bruja —esto muchas veces resultó en acusaciones falsas de brujería, pues si alguien cercano contraía la misma enfermedad, era acusado de ser el hechicero o hechicera que habría mandado el embrujo inicial. Por lo mismo, las botellas contra las brujas abundaron en periodos de epidemias, crisis sociales y hasta en temporadas de mala cosecha.

Estos objetos son también valiosos registros antropológicos. Se han encontrado cerca de 200 de estas botellas en el Reino Unido y unas pocas más en Estados Unidos. Recientemente, el Museo de Arqueología de Londres comenzó un proyecto para su búsqueda y conservación, invitando a quienquiera que encontrara una botella en su hogar a dejarla como la había encontrado y llamar a especialistas. También solicitan a quienes encuentren unas de estas botellas, dejar su contenido intacto, para así poder investigar mejor y entender esta antigua práctica popular: hechizos embotellados y ejemplos perfectos de la materialidad del pensamiento mágico.

Imagen: 1) Dominio público 2) Malcolm Lidbury – Creative Commons