La relación entre la imagen y la palabra es estrechísima, tanto que una no puede existir una sin la otra y ambas se alimentan mutuamente, en un vínculo casi siempre provechoso que, por sus respectivas características, se abre hacia nuevas posibilidades, una cadena casi infinita en la que una imagen, una palabra, no son nunca solo una imagen y solo una palabra.

Prueba de esto es el proyecto de Internet Fotohistorias, un álbum colectivo en el que cualquier persona puede subir una narración corta, de un máximo de 150 palabras, que se cuenta acompañada de una serie de fotografías.

Así, estos modernos storytellers, estos hakawati que parecen renovar la tradición presente en Las mil y una noches, el Decamerón, Los cuentos de Canterbury y la plática matutina que sostenemos con la pareja o el vecino, se sirven de las tecnologías contemporáneas para refrescar esa que posiblemente sea la práctica más humana de todas las que nuestra cultura ha desarrollado, que nos distingue y al mismo tiempo consolida nuestra humanidad: contar historias.

Fotohistorias fue iniciativa de Diego Barracuda, diseñador web costarricense que mantiene otros sitios de contenido alternativo en línea (destaca, por ejemplo, su blog: Nistua). 

La relación entre la imagen y la palabra es estrechísima, tanto que una no puede existir una sin la otra y ambas se alimentan mutuamente, en un vínculo casi siempre provechoso que, por sus respectivas características, se abre hacia nuevas posibilidades, una cadena casi infinita en la que una imagen, una palabra, no son nunca solo una imagen y solo una palabra.

Prueba de esto es el proyecto de Internet Fotohistorias, un álbum colectivo en el que cualquier persona puede subir una narración corta, de un máximo de 150 palabras, que se cuenta acompañada de una serie de fotografías.

Así, estos modernos storytellers, estos hakawati que parecen renovar la tradición presente en Las mil y una noches, el Decamerón, Los cuentos de Canterbury y la plática matutina que sostenemos con la pareja o el vecino, se sirven de las tecnologías contemporáneas para refrescar esa que posiblemente sea la práctica más humana de todas las que nuestra cultura ha desarrollado, que nos distingue y al mismo tiempo consolida nuestra humanidad: contar historias.

Fotohistorias fue iniciativa de Diego Barracuda, diseñador web costarricense que mantiene otros sitios de contenido alternativo en línea (destaca, por ejemplo, su blog: Nistua). 

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