El café es una sustancia tan extraña que ha hecho emanar un mundo de su negrura. Millones de personas a lo largo de la historia han buscado un buen café y acompañado con él sus días. El café es una droga elaborada que contiene efectos saludables: ayuda a la atención y el enfoque, repliega el sueño y acelera la actualización de nuevas ideas. Tiene la cualidad de regresarnos desde el mundo de los sueños, trago a trago, a la tierra. Pero el ritual de preparar un café, que a muchos, como a Lynch, les ha servido de vía hacía el ánimo creativo, puede ser en sí mismo un acto de verdadera belleza.

La pequeña muestra de alquimia culinaria que vemos en el video sucede en Aqaba, Jordania. Se trata de una manera especial de prepararlo que involucra arena y café. El video se ha vuelto viral en la red ya que, además de despedir un aroma a todas las imaginaciones delicioso, parece ser un acto de magia. Por lo que vemos, el hombre que lo prepara podría estar invocando el líquido al recipiente de cobre.

El café turco es una suerte de embajador de los buenos cafés del mundo, o al menos lo es para un gran número de “conocedores”. Normalmente, para preparar un buen café turco solo hace falta calentarlo al punto en que comienza a hervir, esperar a que la espuma suba a hasta el cuello del recipiente (cezve) y reducir la flama para que la espuma muera. Esto se hace tres o cuatro veces antes de que la mezcla se vierta en una pequeña taza y el resultado sea un café extremadamente rico y fuerte, con granos suspendidos que rápidamente se hunden al fondo. Es decir, un acto alquímico donde los hay. Pero, ¿qué hay de la arena?

El hombre del video modifica varios de estos pasos para hacer café con utensilios tradicionales. Está transportando, en un acto de hermosa teatralidad, las costumbres antiguas del desierto a un momento moderno y ahora virtualmente global. Los hombres del desierto, esos centinelas elegantes que cruzaban en caravana de un lugar a otro, hacían uso de las temperaturas heladas y ardientes de la arena para preparar su comida.

En el caso del café turco de arena, esta última proporciona un calor más consistente y estable que las llamas del fuego. Metafóricamente, la arena también se añade al café con un espíritu terrestre, aún más terrestre que el mismo café, cuyo efecto es precisamente el de acercarnos la tierra a la piel trago con trago. El mundo del café puede ser un mundo hermoso.

El café es una sustancia tan extraña que ha hecho emanar un mundo de su negrura. Millones de personas a lo largo de la historia han buscado un buen café y acompañado con él sus días. El café es una droga elaborada que contiene efectos saludables: ayuda a la atención y el enfoque, repliega el sueño y acelera la actualización de nuevas ideas. Tiene la cualidad de regresarnos desde el mundo de los sueños, trago a trago, a la tierra. Pero el ritual de preparar un café, que a muchos, como a Lynch, les ha servido de vía hacía el ánimo creativo, puede ser en sí mismo un acto de verdadera belleza.

La pequeña muestra de alquimia culinaria que vemos en el video sucede en Aqaba, Jordania. Se trata de una manera especial de prepararlo que involucra arena y café. El video se ha vuelto viral en la red ya que, además de despedir un aroma a todas las imaginaciones delicioso, parece ser un acto de magia. Por lo que vemos, el hombre que lo prepara podría estar invocando el líquido al recipiente de cobre.

El café turco es una suerte de embajador de los buenos cafés del mundo, o al menos lo es para un gran número de “conocedores”. Normalmente, para preparar un buen café turco solo hace falta calentarlo al punto en que comienza a hervir, esperar a que la espuma suba a hasta el cuello del recipiente (cezve) y reducir la flama para que la espuma muera. Esto se hace tres o cuatro veces antes de que la mezcla se vierta en una pequeña taza y el resultado sea un café extremadamente rico y fuerte, con granos suspendidos que rápidamente se hunden al fondo. Es decir, un acto alquímico donde los hay. Pero, ¿qué hay de la arena?

El hombre del video modifica varios de estos pasos para hacer café con utensilios tradicionales. Está transportando, en un acto de hermosa teatralidad, las costumbres antiguas del desierto a un momento moderno y ahora virtualmente global. Los hombres del desierto, esos centinelas elegantes que cruzaban en caravana de un lugar a otro, hacían uso de las temperaturas heladas y ardientes de la arena para preparar su comida.

En el caso del café turco de arena, esta última proporciona un calor más consistente y estable que las llamas del fuego. Metafóricamente, la arena también se añade al café con un espíritu terrestre, aún más terrestre que el mismo café, cuyo efecto es precisamente el de acercarnos la tierra a la piel trago con trago. El mundo del café puede ser un mundo hermoso.

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