QK567_Se1_Sea_Weeds_p022_PS4

A discutir entre biólogos, nuestro antepasado más antiguo, nuestro primer respiro, nuestro primer movimiento y nuestra primera forma física, a no dudarlo hermosa, fue el alga. Para ser más específicos, un alga cianofícea verde-azulada. “De las algas salió el oxígeno y del oxígeno salimos todos”, escribió José Emilio Pacheco. Millones de años después de haber sido bacteria, protozoario, pez, reptil, ave y quién sabe cuantos animales, seguimos compartiendo el mundo con las algas, que aún se encargan de dotar de oxígeno y fijar el nitrógeno en los ecosistemas marinos. Tenemos para nosotros que el primer enunciado de la crónica molecular de la vida en el planeta sigue por aquí, moviéndose en praderas con los vientos submarinos silenciosos.

El siglo XIX, donde ocurrieron las mejores y más extravagantes obsesiones (¿dónde, si no allí, se inventó la experiencia poética del naturalismo?), tuvo lugar una ola de fascinación por las algas marinas. El testimonio de ello son una serie de álbumes que no sólo inventariaban las especies con taxonomía y descripciones sino que también las acomodaban con narrativa libresca, como si éstas contaran una historia esencial de la estética orgánica que el ser humano había pasado por alto hasta entonces.

20685412168_8e60374423_o

La disposición de cada alga en la página, enmarcada siempre con encajes de papel o tela, solicita el asombro y la mirada exploratoria de quien la observa. Los particularmente finos ejemplos presentados aquí son de un álbum dedicado a Augustus Graham, miembro del primer consejo de directores de la Apprentices’ Library de Brooklyn, que después se convirtió en el Brooklyn Institute of Arts and Sciences y en el Brooklyn Museum. El álbum fue creado por una tal Eliza A. Jordson como objeto de reconocimiento por su trabajo.

El álbum contiene –además de los especímenes de alga– un ensayo sobre cómo transferir alga a papel, al igual que un poema de “las flores del mar”:

Ah! call us not weeds —
We are flowers of the sea
For lovely and bright
And gay tinted are we —

We are quite independent
Of culture and showers
Then call us not weeds
We are oceans’s gay flowers.

 20252386393_6231f4081e_o 20252387313_dfd7ac48a4_o 20252387443_d668871d2d_o 20873399575_339a6190d8_o 20686649529_38b804f067_o 20250805924_42a1b97144_o 20686651339_2e97defe91_o 20685409438_3e256c41e9_o 20873402465_578484b0b1_o 20685333070_241a8f2b2e_o 20685331620_7b4ebef8a9_o 20686650319_4b1581b9b4_o 20686650089_51a8c3c533_o 20863748642_786eb4a077_o

Si podemos disfrutar la danza de estas algas en papel, estamos entonces honrando una estética que dio a luz al mundo como lo conocemos, y que eso sea suficiente por ahora.

.

QK567_Se1_Sea_Weeds_p022_PS4

A discutir entre biólogos, nuestro antepasado más antiguo, nuestro primer respiro, nuestro primer movimiento y nuestra primera forma física, a no dudarlo hermosa, fue el alga. Para ser más específicos, un alga cianofícea verde-azulada. “De las algas salió el oxígeno y del oxígeno salimos todos”, escribió José Emilio Pacheco. Millones de años después de haber sido bacteria, protozoario, pez, reptil, ave y quién sabe cuantos animales, seguimos compartiendo el mundo con las algas, que aún se encargan de dotar de oxígeno y fijar el nitrógeno en los ecosistemas marinos. Tenemos para nosotros que el primer enunciado de la crónica molecular de la vida en el planeta sigue por aquí, moviéndose en praderas con los vientos submarinos silenciosos.

El siglo XIX, donde ocurrieron las mejores y más extravagantes obsesiones (¿dónde, si no allí, se inventó la experiencia poética del naturalismo?), tuvo lugar una ola de fascinación por las algas marinas. El testimonio de ello son una serie de álbumes que no sólo inventariaban las especies con taxonomía y descripciones sino que también las acomodaban con narrativa libresca, como si éstas contaran una historia esencial de la estética orgánica que el ser humano había pasado por alto hasta entonces.

20685412168_8e60374423_o

La disposición de cada alga en la página, enmarcada siempre con encajes de papel o tela, solicita el asombro y la mirada exploratoria de quien la observa. Los particularmente finos ejemplos presentados aquí son de un álbum dedicado a Augustus Graham, miembro del primer consejo de directores de la Apprentices’ Library de Brooklyn, que después se convirtió en el Brooklyn Institute of Arts and Sciences y en el Brooklyn Museum. El álbum fue creado por una tal Eliza A. Jordson como objeto de reconocimiento por su trabajo.

El álbum contiene –además de los especímenes de alga– un ensayo sobre cómo transferir alga a papel, al igual que un poema de “las flores del mar”:

Ah! call us not weeds —
We are flowers of the sea
For lovely and bright
And gay tinted are we —

We are quite independent
Of culture and showers
Then call us not weeds
We are oceans’s gay flowers.

 20252386393_6231f4081e_o 20252387313_dfd7ac48a4_o 20252387443_d668871d2d_o 20873399575_339a6190d8_o 20686649529_38b804f067_o 20250805924_42a1b97144_o 20686651339_2e97defe91_o 20685409438_3e256c41e9_o 20873402465_578484b0b1_o 20685333070_241a8f2b2e_o 20685331620_7b4ebef8a9_o 20686650319_4b1581b9b4_o 20686650089_51a8c3c533_o 20863748642_786eb4a077_o

Si podemos disfrutar la danza de estas algas en papel, estamos entonces honrando una estética que dio a luz al mundo como lo conocemos, y que eso sea suficiente por ahora.

.

Etiquetado: , , ,