Si una biblioteca es un tesoro por los objetos que contiene (o, tal vez, por el contenido de los mismos), aquellas que se encuentran en lugares bellos son doblemente sugerentes. Cuenta la historia, que la biblioteca de la abadía de Metten empezó como una pequeña colección de libros construida alrededor de 1260. Hoy es una de las más bellas del mundo: lo es por el espacio que ocupa, delirantemente barroco, y por los miles de ejemplares que acoge.

También conocido como Kloster Metten o el Monasterio de San Miguel, este claustro ubicado en Bavaria fue establecido originalmente en el año 766 por monjes benedictinos, y se estableció como convento cerca de 1260; siempre fungió como un espacio educativo, habitado por filósofos, académicos y teólogos. Se sabe que en el siglo XV se añadió un cuarto de escritura (lugar donde los monjes copiaban los libros) al complejo y, poco a poco, el monasterio se hizo de una impresionante colección de manuscritos, especialmente durante el liderazgo de un abad de nombre Johannes Nablas (1560-1739).

La biblioteca al estilo barroco de la abadía se construyó entre 1722 y 1726, y fue resultado del trabajo de varios artistas comisionados para darle vida al espacio con hermosos frescos, esculturas y repisas decoradas. La bóveda de la biblioteca es soportada por pilares con alegóricas estatuas, obra del artista Franz Josef Ignaz Holzinger. Algunos frescos retratan personajes de la historia del cristianismo como San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio, todos portan los libros que en vida escribieron. San Jerónimo —uno de los cuatro padres de la iglesia— lleva en sus manos un volumen de Cicerón.

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Hoy, 35 mil libros integran esta avasalladora colección. No todos ellos pertenecen al periodo en el que se creó el espacio, pues entre 1803 y 1815, la propiedad fue confiscada y muchos de sus libros fueron enviados a universidades y bibliotecas de la región. Pero en 1830, el monasterio fue recuperado y abrió una escuela, tras lo cual muchos de los libros perdidos fueron devueltos y la biblioteca se completó, también, con donaciones de otros monasterios y libros comprados. Uno de los tesoros más valiosos de esta biblioteca es el Antifonario de Metten —una colección de manuscritos musicales del siglo XV—, además de una gran cantidad de manuscritos filosóficos y teológicos de distintos siglos. Recientemente, en 2019, se construyó una nueva biblioteca dentro del monasterio por falta de espacio, fue decorada por el artista Robert M. Weber y es capaz de acoger unos 300 mil volúmenes.

Al igual que el hermoso Monasterio de Strahov, este convento y su fantástica biblioteca han sido testigos resilientes del paso del tiempo, repositorios de cientos de historias y miles de libros —los objetos más hermosos jamás creados por el hombre.

Imágenes: 1) Wolfgang Sauber – Creative Commons 2) Zairon – Creative Commons 

Si una biblioteca es un tesoro por los objetos que contiene (o, tal vez, por el contenido de los mismos), aquellas que se encuentran en lugares bellos son doblemente sugerentes. Cuenta la historia, que la biblioteca de la abadía de Metten empezó como una pequeña colección de libros construida alrededor de 1260. Hoy es una de las más bellas del mundo: lo es por el espacio que ocupa, delirantemente barroco, y por los miles de ejemplares que acoge.

También conocido como Kloster Metten o el Monasterio de San Miguel, este claustro ubicado en Bavaria fue establecido originalmente en el año 766 por monjes benedictinos, y se estableció como convento cerca de 1260; siempre fungió como un espacio educativo, habitado por filósofos, académicos y teólogos. Se sabe que en el siglo XV se añadió un cuarto de escritura (lugar donde los monjes copiaban los libros) al complejo y, poco a poco, el monasterio se hizo de una impresionante colección de manuscritos, especialmente durante el liderazgo de un abad de nombre Johannes Nablas (1560-1739).

La biblioteca al estilo barroco de la abadía se construyó entre 1722 y 1726, y fue resultado del trabajo de varios artistas comisionados para darle vida al espacio con hermosos frescos, esculturas y repisas decoradas. La bóveda de la biblioteca es soportada por pilares con alegóricas estatuas, obra del artista Franz Josef Ignaz Holzinger. Algunos frescos retratan personajes de la historia del cristianismo como San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio, todos portan los libros que en vida escribieron. San Jerónimo —uno de los cuatro padres de la iglesia— lleva en sus manos un volumen de Cicerón.

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Hoy, 35 mil libros integran esta avasalladora colección. No todos ellos pertenecen al periodo en el que se creó el espacio, pues entre 1803 y 1815, la propiedad fue confiscada y muchos de sus libros fueron enviados a universidades y bibliotecas de la región. Pero en 1830, el monasterio fue recuperado y abrió una escuela, tras lo cual muchos de los libros perdidos fueron devueltos y la biblioteca se completó, también, con donaciones de otros monasterios y libros comprados. Uno de los tesoros más valiosos de esta biblioteca es el Antifonario de Metten —una colección de manuscritos musicales del siglo XV—, además de una gran cantidad de manuscritos filosóficos y teológicos de distintos siglos. Recientemente, en 2019, se construyó una nueva biblioteca dentro del monasterio por falta de espacio, fue decorada por el artista Robert M. Weber y es capaz de acoger unos 300 mil volúmenes.

Al igual que el hermoso Monasterio de Strahov, este convento y su fantástica biblioteca han sido testigos resilientes del paso del tiempo, repositorios de cientos de historias y miles de libros —los objetos más hermosos jamás creados por el hombre.

Imágenes: 1) Wolfgang Sauber – Creative Commons 2) Zairon – Creative Commons