Situada en el cauce del río Loira en los antiguos astilleros de la isla francesa de Nantes, se encuentra Les Machines de l’île (Las máquinas de la isla), un ambicioso y colosal proyecto a cargo de Françoise Delarozière y Pierre Orifice. Se trata de un espacio surrealista, fantasioso y monumental.

El proyecto consiste en el diseño, construcción y animación de distintas máquinas y esculturas mecánicas gigantes que se mueven gracias a su compleja confección. Éstas fueron creadas por un equipo de expertos en ingeniería, carpintería, herrería, programación, escenografía y artes. Se trata de un intrincado mundo que bien podría haber nacido de los diseños de Leonardo da Vinci o de las novelas de Julio Verne. Este último, de hecho, nació en Nantes y ha tenido una inmensa influencia histórica sobre el imaginario local.

Sin duda, estas máquinas fantásticas no podrían haber nacido en otro lugar. Nantes, además de ser la ciudad natal de Verne, es considerada la cuna del steampunk que, a grandes rasgos, fue un subgénero literario retro-futurista de ciencia ficción, que surgió a finales de la de década de 1970 y principios de la de 1980. Las historias que forman parte de esta corriente literaria se desarrollan, generalmente, en un contexto donde la tecnología de vapor predomina y están situadas a menudo en la Inglaterra en la época victoriana, en pleno auge de la Revolución Industrial. Evidentemente este subgénero tomó como punto de partida a Julio Verne, así como a H.G. Wells, y hasta hoy hace eco en su ciudad de origen. 

maquinasisla1
Sus creadores, Delarozière y Orifice, fundaron este espacio hace más de una década con apoyo del gobierno, después de haber realizado proyectos de urbanismo en Nantes. Ambos provienen del mundo de las artes escénicas, y han estado involucrados en todos sus rubros, desde la administración, la dirección y hasta el diseño escenográfico. Sus diseños colosales, máquinas que son también bestias mecánicas, incluyen un mamut que carga una casa en su lomo, arañas gigantes, aves que llevan canastas donde la gente puede subirse, entre otras. Todos estos increíbles artefactos son operados por un maquinista humano, alguien que le da vida a la máquina.

La idea es hermosamente inverosímil: un viejo astillero en una isla (abierto al público), hogar de máquinas imposibles. Ahí, además, los visitantes pueden atestiguar el proceso de construcción de estos seres mecánicos, algo que permite un atisbo de la cantidad de trabajo y talento que se requiere para su existencia. En un mundo donde la inmediatez nos envuelve, el proyecto es también un bello recordatorio, vibrante de fantasía, de que la colaboración y la imaginación generalmente derivan en algo mágico.

Imágenes: 1) Guilhem Vellut – Creative Commons 2) Nantes Culture & Patrimoine – Creative Commons 

 

Situada en el cauce del río Loira en los antiguos astilleros de la isla francesa de Nantes, se encuentra Les Machines de l’île (Las máquinas de la isla), un ambicioso y colosal proyecto a cargo de Françoise Delarozière y Pierre Orifice. Se trata de un espacio surrealista, fantasioso y monumental.

El proyecto consiste en el diseño, construcción y animación de distintas máquinas y esculturas mecánicas gigantes que se mueven gracias a su compleja confección. Éstas fueron creadas por un equipo de expertos en ingeniería, carpintería, herrería, programación, escenografía y artes. Se trata de un intrincado mundo que bien podría haber nacido de los diseños de Leonardo da Vinci o de las novelas de Julio Verne. Este último, de hecho, nació en Nantes y ha tenido una inmensa influencia histórica sobre el imaginario local.

Sin duda, estas máquinas fantásticas no podrían haber nacido en otro lugar. Nantes, además de ser la ciudad natal de Verne, es considerada la cuna del steampunk que, a grandes rasgos, fue un subgénero literario retro-futurista de ciencia ficción, que surgió a finales de la de década de 1970 y principios de la de 1980. Las historias que forman parte de esta corriente literaria se desarrollan, generalmente, en un contexto donde la tecnología de vapor predomina y están situadas a menudo en la Inglaterra en la época victoriana, en pleno auge de la Revolución Industrial. Evidentemente este subgénero tomó como punto de partida a Julio Verne, así como a H.G. Wells, y hasta hoy hace eco en su ciudad de origen. 

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Sus creadores, Delarozière y Orifice, fundaron este espacio hace más de una década con apoyo del gobierno, después de haber realizado proyectos de urbanismo en Nantes. Ambos provienen del mundo de las artes escénicas, y han estado involucrados en todos sus rubros, desde la administración, la dirección y hasta el diseño escenográfico. Sus diseños colosales, máquinas que son también bestias mecánicas, incluyen un mamut que carga una casa en su lomo, arañas gigantes, aves que llevan canastas donde la gente puede subirse, entre otras. Todos estos increíbles artefactos son operados por un maquinista humano, alguien que le da vida a la máquina.

La idea es hermosamente inverosímil: un viejo astillero en una isla (abierto al público), hogar de máquinas imposibles. Ahí, además, los visitantes pueden atestiguar el proceso de construcción de estos seres mecánicos, algo que permite un atisbo de la cantidad de trabajo y talento que se requiere para su existencia. En un mundo donde la inmediatez nos envuelve, el proyecto es también un bello recordatorio, vibrante de fantasía, de que la colaboración y la imaginación generalmente derivan en algo mágico.

Imágenes: 1) Guilhem Vellut – Creative Commons 2) Nantes Culture & Patrimoine – Creative Commons