Heligan es uno de los jardines más misteriosos de Inglaterra. Paraíso perdido (y encontrado) que durmió por décadas bajo el velo de la hiedra y las zarzamoras, hasta que en 1990 el hallazgo de una pequeña habitación subterránea conspiró para despertarlo y devolverle el esplendor que tuvo antes de la Primera Guerra Mundial. En ésta habitación, sobre una de las paredes de granito, se encontró la inscripción: “No vengan aquí a reposar o a dormir”, seguido por algunos nombres de soldados y la fecha: agosto de 1914. A partir de entonces lo descendientes Tremayne (el antiguo dueño de Heligan) se dedicaron a desentrañar los jardines perdidos que, al igual que muchos soldados, se habían refugiado de la guerra bajo el camuflaje de su atuendo.

Los jardines regresaron, convirtiéndose, con el trabajo de varias personas de la zona, en un precioso lugar del mundo, uno que cubre de flores, selva y bosque más de ciento veinte hectáreas del condado de Cornwall (por lo demás, uno de los condados más místicos y literarios de Inglaterra). Pero, más allá del espectáculo que ofrece este lugar, es su decadencia pasada la que le da una suerte de dulzura presente. Como un ser oscuro que ha surgido a la luz, y porta la placidez y el enigma del paso del tiempo. Heligan alberga a cientos de especies de animales, desde lobos y venados hasta zorros y anfibios, pero es sobretodo en sus aves donde presentimos su esencia. Las especies más ominosas de aves sobrevuelan aquí.

La urraca, por ejemplo, que abunda en Heligan, es uno de los pájaros con mayor carga supersticiosa que hay en el mundo: se dice que de no saludarla traerá tristeza a tu vida y a los tuyos; el cuervo gigante (the raven) cubre el jardín de inteligencia y negrura; y el búho blanco, contrastando con el cuervo, sobrevuela en cantidades enormes los jardines perdidos. Este último se puede ver casi en cada árbol, como si fuera los ojos del bosque, y encontró en Heligan el lugar perfecto para reproducirse y vivir.

Los jardines perdidos de Heligan, después de “la restauración del siglo” que se llevó a cabo de 1990 para acá, siguen guardando un halo de antigüedad y misterio que los hace distinguirse de otros paraísos geográficos. Sus aves se saben la historia, todos ellos en perpetua vigilia haciendo cumplir la severa insignia “no vengan aquí a reposar o a dormir”.

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Heligan es uno de los jardines más misteriosos de Inglaterra. Paraíso perdido (y encontrado) que durmió por décadas bajo el velo de la hiedra y las zarzamoras, hasta que en 1990 el hallazgo de una pequeña habitación subterránea conspiró para despertarlo y devolverle el esplendor que tuvo antes de la Primera Guerra Mundial. En ésta habitación, sobre una de las paredes de granito, se encontró la inscripción: “No vengan aquí a reposar o a dormir”, seguido por algunos nombres de soldados y la fecha: agosto de 1914. A partir de entonces lo descendientes Tremayne (el antiguo dueño de Heligan) se dedicaron a desentrañar los jardines perdidos que, al igual que muchos soldados, se habían refugiado de la guerra bajo el camuflaje de su atuendo.

Los jardines regresaron, convirtiéndose, con el trabajo de varias personas de la zona, en un precioso lugar del mundo, uno que cubre de flores, selva y bosque más de ciento veinte hectáreas del condado de Cornwall (por lo demás, uno de los condados más místicos y literarios de Inglaterra). Pero, más allá del espectáculo que ofrece este lugar, es su decadencia pasada la que le da una suerte de dulzura presente. Como un ser oscuro que ha surgido a la luz, y porta la placidez y el enigma del paso del tiempo. Heligan alberga a cientos de especies de animales, desde lobos y venados hasta zorros y anfibios, pero es sobretodo en sus aves donde presentimos su esencia. Las especies más ominosas de aves sobrevuelan aquí.

La urraca, por ejemplo, que abunda en Heligan, es uno de los pájaros con mayor carga supersticiosa que hay en el mundo: se dice que de no saludarla traerá tristeza a tu vida y a los tuyos; el cuervo gigante (the raven) cubre el jardín de inteligencia y negrura; y el búho blanco, contrastando con el cuervo, sobrevuela en cantidades enormes los jardines perdidos. Este último se puede ver casi en cada árbol, como si fuera los ojos del bosque, y encontró en Heligan el lugar perfecto para reproducirse y vivir.

Los jardines perdidos de Heligan, después de “la restauración del siglo” que se llevó a cabo de 1990 para acá, siguen guardando un halo de antigüedad y misterio que los hace distinguirse de otros paraísos geográficos. Sus aves se saben la historia, todos ellos en perpetua vigilia haciendo cumplir la severa insignia “no vengan aquí a reposar o a dormir”.

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