Desde hace décadas la investigación médica ha reconocido la existencia de un efecto placebo –en el que la ilusión de un tratamiento produce mejoras reales. Asimismo, investigación reciente, ha demostrado que experimentar emociones positivas genera una serie de beneficios en la salud –tales como vivir más tiempo o enfermarse menos de gripe. Esto se sabe, pero ¿cómo es que opera este efecto, que pareciera psicológico, en la fisiología de una persona? Lo anterior sigue siendo un misterio para la ciencia establecida.

Hace tiempo The Economist reportó sobre un estudio realizado por las investigadoras Barbara Frederickson y Bethany Kok de la Universidad de North Carolina que podría conectar la piezas faltantes para entender los efectos de la relación mente-cuerpo. Frederickson y Kok se concentraron en el nervio vago (o nervio neumogástrico), el cual inicia en el cerebro y recorre varios órganos, incluyendo el corazón. Una de sus funciones, y por lo cual escogieron este nervio, es emitir señales diciendo a los órganos que bajen el ritmo durante los momentos de calma y seguridad. El buen funcionamiento de este nervio, medido en lo que conoce como el tono vagal, ha sido vinculado con una buena salud. Una buena tonificación de este nervio significa tener un leve aumento en el ritmo cardiaco cuando se inhala y una leve disminución cuando se exhala.

Estudios anteriores ya habían demostrado que un tono vagal alto hace que una persona tenga mayor tendencia a emociones positivas y pueda manejar los sentimientos negativos sin que estos la abrumen. Frederickson y Klok, en pocas palabras, descubrieron que las emociones positivas incrementan los valores del tono vagal, lo que sugiere un circuito de retroalimentación positiva entre este nervio y una emoción –como si fuera el puente o el conductor entre la mente y el cuerpo.

En el experimento en cuestión se midió el tono vagal de 65 personas antes del inició de una serie de pruebas y después de su conclusión nueve semanas después. Como parte del desarrollo, se les pidió a los voluntarios que evaluaran diariamente sus experiencia emocionales, calificando del 1 al 10 nueve emociones positivas y 11 negativas. Adicionalmente, la mitad de los participantes recibieron un entrenamiento en una técnica de meditación, la cual debieron de practica diariamente.

Los resultados indicaron que las personas que meditaron incrementaron su tono vagal de manera significativa, a diferencia de los que no lo hicieron. Pero solo aquellos que ya tenían un alto tono vagal recibieron este beneficio; los que meditaron y empezaron con un bajo valor en su tono vagal no reportaron aumento.

Esto sugiere que en primera instancia algunas personas tienen dificultades para obtener una descarga de bienestar psicosomático –las que más lo necesitan. Cuando para otras es fácil encontrar en el mundo emociones que les proporcionan estados de ánimo que se reflejan corporalmente. Sin embargo, esto no significa que exista un determinismo fisiológico definitivo a nuestra capacidad de usar nuestra mente para sanar. El nervio vagal es susceptible a la neuroplasticidad y aquellas personas un tanto más negativas pueden empezar haciendo algunos ejercicios de recapitular el día y reflexionar en sus “conexiones sociales”, lo cual según la Dra. Klok incrementa levemente el tono vagal y podría ser un paso hacia los beneficios más completos de la meditación.

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Desde hace décadas la investigación médica ha reconocido la existencia de un efecto placebo –en el que la ilusión de un tratamiento produce mejoras reales. Asimismo, investigación reciente, ha demostrado que experimentar emociones positivas genera una serie de beneficios en la salud –tales como vivir más tiempo o enfermarse menos de gripe. Esto se sabe, pero ¿cómo es que opera este efecto, que pareciera psicológico, en la fisiología de una persona? Lo anterior sigue siendo un misterio para la ciencia establecida.

Hace tiempo The Economist reportó sobre un estudio realizado por las investigadoras Barbara Frederickson y Bethany Kok de la Universidad de North Carolina que podría conectar la piezas faltantes para entender los efectos de la relación mente-cuerpo. Frederickson y Kok se concentraron en el nervio vago (o nervio neumogástrico), el cual inicia en el cerebro y recorre varios órganos, incluyendo el corazón. Una de sus funciones, y por lo cual escogieron este nervio, es emitir señales diciendo a los órganos que bajen el ritmo durante los momentos de calma y seguridad. El buen funcionamiento de este nervio, medido en lo que conoce como el tono vagal, ha sido vinculado con una buena salud. Una buena tonificación de este nervio significa tener un leve aumento en el ritmo cardiaco cuando se inhala y una leve disminución cuando se exhala.

Estudios anteriores ya habían demostrado que un tono vagal alto hace que una persona tenga mayor tendencia a emociones positivas y pueda manejar los sentimientos negativos sin que estos la abrumen. Frederickson y Klok, en pocas palabras, descubrieron que las emociones positivas incrementan los valores del tono vagal, lo que sugiere un circuito de retroalimentación positiva entre este nervio y una emoción –como si fuera el puente o el conductor entre la mente y el cuerpo.

En el experimento en cuestión se midió el tono vagal de 65 personas antes del inició de una serie de pruebas y después de su conclusión nueve semanas después. Como parte del desarrollo, se les pidió a los voluntarios que evaluaran diariamente sus experiencia emocionales, calificando del 1 al 10 nueve emociones positivas y 11 negativas. Adicionalmente, la mitad de los participantes recibieron un entrenamiento en una técnica de meditación, la cual debieron de practica diariamente.

Los resultados indicaron que las personas que meditaron incrementaron su tono vagal de manera significativa, a diferencia de los que no lo hicieron. Pero solo aquellos que ya tenían un alto tono vagal recibieron este beneficio; los que meditaron y empezaron con un bajo valor en su tono vagal no reportaron aumento.

Esto sugiere que en primera instancia algunas personas tienen dificultades para obtener una descarga de bienestar psicosomático –las que más lo necesitan. Cuando para otras es fácil encontrar en el mundo emociones que les proporcionan estados de ánimo que se reflejan corporalmente. Sin embargo, esto no significa que exista un determinismo fisiológico definitivo a nuestra capacidad de usar nuestra mente para sanar. El nervio vagal es susceptible a la neuroplasticidad y aquellas personas un tanto más negativas pueden empezar haciendo algunos ejercicios de recapitular el día y reflexionar en sus “conexiones sociales”, lo cual según la Dra. Klok incrementa levemente el tono vagal y podría ser un paso hacia los beneficios más completos de la meditación.

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