Alrededor del mundo existen determinados sitios que ostentan una relevancia particular dentro del desarrollo espiritual de una cultura. Entendiblemente, muchos de estos corresponden a magníficos escenarios naturales cuya belleza, por sí sola y más allá de su contexto histórico o mitológico, bien pudo haber inspirado una comunión mística entre grupos humanos de la antigüedad.

Tal es el caso del Monte Kailash o Kailas, que forma parte de la cordillera de las Himalayas, y se ubica en la región que corresponde al Tíbet. SuKAILASH IV figura es considerada un ícono del mítico Axis Mundi, el centro del universo. Curiosamente, y para disipar cualquier duda sobre su sacra naturaleza, el protagonismo místico de esta cumbre no es exclusivo de una sola religión, ya que el Kailas figura en las tradiciones espirituales de budistas, hinduistas y jainas.

En el primero de los casos, se le considera la morada del Buda conocido como Demchog, asociado con la felicidad máxima. Además, se considera a este monte como el testigo de la victoria de Milarepa sobre Naro-Bonchung, suceso que propicio la llegada del budismo a tierras tibetanas. Para el hinduismo este sitio es donde reside Shiva, una de sus máximas deidades.

En algunas corrientes hinduistas el Monte Kailash es considerado la materialización del paraíso en este mundo. En cuanto al jainismo, sus seguidores afirman que la cima de esta montaña fue el lugar en el que el primer jaina alcanzó el Nirvana.

El Monte Kailash recibe anualmente a miles de peregrinos, pero no obstante su majestuosidad natural y su importancia espiritual, pocos son los turistas que se deciden a penetrar los Himalayas para encontrarse con este impasible gigante. Para visitarlo es necesario volar a Lhasa, la capital de Tíbet, y a partir de ahí emprender un trayecto de aproximadamente cuatro días hasta llegar al último campamento de peregrinos. Una vez ahí tendrás que recorrer, ya sea caminando o a caballo, los cincuenta kilómetros que restan hasta la base del Kailash. Por cierto, no existe registro alguno de un ser humano que haya alcanzado su cumbre, lo cual complementa la virginal identidad de esta montaña.

Alrededor del mundo existen determinados sitios que ostentan una relevancia particular dentro del desarrollo espiritual de una cultura. Entendiblemente, muchos de estos corresponden a magníficos escenarios naturales cuya belleza, por sí sola y más allá de su contexto histórico o mitológico, bien pudo haber inspirado una comunión mística entre grupos humanos de la antigüedad.

Tal es el caso del Monte Kailash o Kailas, que forma parte de la cordillera de las Himalayas, y se ubica en la región que corresponde al Tíbet. SuKAILASH IV figura es considerada un ícono del mítico Axis Mundi, el centro del universo. Curiosamente, y para disipar cualquier duda sobre su sacra naturaleza, el protagonismo místico de esta cumbre no es exclusivo de una sola religión, ya que el Kailas figura en las tradiciones espirituales de budistas, hinduistas y jainas.

En el primero de los casos, se le considera la morada del Buda conocido como Demchog, asociado con la felicidad máxima. Además, se considera a este monte como el testigo de la victoria de Milarepa sobre Naro-Bonchung, suceso que propicio la llegada del budismo a tierras tibetanas. Para el hinduismo este sitio es donde reside Shiva, una de sus máximas deidades.

En algunas corrientes hinduistas el Monte Kailash es considerado la materialización del paraíso en este mundo. En cuanto al jainismo, sus seguidores afirman que la cima de esta montaña fue el lugar en el que el primer jaina alcanzó el Nirvana.

El Monte Kailash recibe anualmente a miles de peregrinos, pero no obstante su majestuosidad natural y su importancia espiritual, pocos son los turistas que se deciden a penetrar los Himalayas para encontrarse con este impasible gigante. Para visitarlo es necesario volar a Lhasa, la capital de Tíbet, y a partir de ahí emprender un trayecto de aproximadamente cuatro días hasta llegar al último campamento de peregrinos. Una vez ahí tendrás que recorrer, ya sea caminando o a caballo, los cincuenta kilómetros que restan hasta la base del Kailash. Por cierto, no existe registro alguno de un ser humano que haya alcanzado su cumbre, lo cual complementa la virginal identidad de esta montaña.

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