Su nombre completo fue María Sabina Magdalena García. Conocida también como la “sacerdotisa de los hongos” es, probablemente, la curandera mexicana más famosa que ha vivido. Su historia y reputación la llevaron a fungir como un puente entre el mundo místico y ritual de su pueblo, y la exploración mística del mundo occidental.

Proveniente de la etnia mazateca, María Sabina nació en 1894, en un pequeño pueblo llamado Huautla de Jiménez, ubicado en la Sierra de Oaxaca, al sur de México. En su familia paterna hubo varios chamanes. El contacto con ellos la acercó, desde muy pequeña, a las ceremonias tradicionales de la región que incluían la ingesta de hongos alucinógenos (conocidos como “niños santos”) como una forma de contacto con la divinidad; ella probó los hongos a la edad de ocho años. Así, María Sabina desarrolló intuitivamente el conocimiento de estos rituales y el poder curativo que en su cultura es atribuido a los hongos.

Entre los mazatecos, el método de sanación más común, desde antes de la colonia, incluye la ingesta ritual de hongos que crecen en la sierra, en particular de la especie llamada Psilocybe mexicana. Al ser visitada por alguien con algún padecimiento físico o espiritual, María Sabina fungía como una guía de viaje del paciente hacia reinos espirirtuales y su regreso (con la cura para su enfermedad). Los hongos eran para ella un instrumento que conectaba las dimensiones y realidades que suceden paralelamente. Por su peculiaridad, intensidad y reportes de su efectividad, las sesiones sanadoras de Sabina se hicieron muy populares en México a principios de la década de 1950.

Así, la entrega total a la práctica como sanadora de María Sabina comenzó hacia la mitad de su vida, en la década de los cincuentas. Sus ceremonias curativas con hongos incluían cantos mazatecos, humo de tabaco, ingesta de mezcal y ungüentos extraídos de distintas plantas medicinales. Éstas siempre se hacían durante la noche, pues era a esa hora que curandera podía ser acompañada y guiada por los astros hacia los reinos del más allá.

Con el tiempo, la historia de María Sabina, su fama y su misterio, llamaron la atención de medios y personalidades de muchos lugares del mundo y de distintas disciplinas. Uno de los primeros fue el estadounidense Robert Gordon Wasson, economista de profesión, mejor conocido por los estudios en etnobotánica (las interacciones entre humanos y su contexto vegetal) que hizo al lado de su esposa, Valentina Pavlovna Guercken. Dentro de sus varios intereses, estaba el uso de plantas alucinógenas en rituales de grupos étnicos provenientes de distintos lugares del planeta. Este interés condujo a la pareja a visitar en varias ocasiones la sierra mazateca, donde escucharon sobre la famosa curandera de Huautla.   

En 1955, Wasson y su esposa lograron que María Sabina los recibiera. Guiados por ella, llevaron a cabo algunas “vigilias” con hongos, y documentaron en imagen y sonido toda la experiencia; también obtuvieron muestras para investigación de los hongos utilizados en las sesiones. Un par de años más tarde, en 1957, un artículo escrito por el estadounidense fue publicado por la revista Life. El texto, acompañado de imágenes, describía sus investigaciones y narraba las experiencias de la pareja con María Sabina. Después de su publicación, las visitas de gente de todo el mundo a la curandera se multiplicaron. Ahora ella era famosa.

En 1968,  Wasson publica el libro El hongo maravilloso. Teonanácatl: micolatría en Mesoamérica (The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica) en donde dio a conocer detalladamente los frutos de su investigación micológica y antropológica en México. En el texto, el personaje principal es María Sabina. Es importante recordar que en ese momento en Estados Unidos el movimiento hippie —interesado en la psicodelia y la mística relacionada con ella— estaba en su cúspide. Esto influyó a la enorme popularidad del libro.

Las visitas nacionales y extranjeras a la curandera crecieron aún más. Muchas de ellas, sin embargo, implicaban búsquedas recreativas puramente psicodélicas que obviaron la historia de estas antiguas prácticas, y perdieron el respeto por la cultura y religión del pueblo mazateco. Esto provocó el disgusto de miembros de la comunidad a la que pertenecía María Sabina, argumentando que ella estaba lucrando con sus tradiciones. A Huautla de Jiménez llegaban constantemente medios de comunicación nacionales y extranjeros, turistas, artistas, intelectuales, antropólogos, investigadores y celebridades, entre las que podríamos mencionar a Aldous Huxley, Alejandro Jodorowski, Carlos Castaneda, Albert Hofmann, John Lennon y Walt Disney.

Es importante recordar, sin embargo, que dicha popularidad dio cierta estabilidad económica a María Sabina, a pesar de que sus sesiones hasta los últimos días fueron de cooperación voluntaria. Por todas estas razones, cuando ella murió en 1985, dejó un legado controversial: por un lado, un compendio de sabiduría y prácticas medicinales al compartir las costumbres de los mazatecos con el resto del mundo y, por otro lado, su historia contiene una lección necesaria que nos recuerda la facilidad con la que el mundo moderno consume las tradiciones ancestrales, no siempre con el debido respeto y basándose en moda, como si se tratara de un producto más.

En los pueblos originarios de Mesoamérica, el curandero o brujo es un personaje cuya función comunitaria es esencial por ser quien comunica este mundo con el de los dioses. A partir de ello, pueden curar enfermedades (físicas o espirituales), predecir el futuro y un sinfín de posibilidades. La figura de María Sabina, específicamente, no solamente fue un puente de sabiduría y misticismo dentro de su comunidad o entre el mundo de la divinidad y el de los hombres, fue uno de los personajes clave en el acercamiento que ha tenido el mundo entero, en décadas recientes, a las prácticas sagradas de estos pueblos, un viaje que aún tiene muchas lecciones que mostrarnos.

Imagen: Alan Rockefeller – Creative Commons

Su nombre completo fue María Sabina Magdalena García. Conocida también como la “sacerdotisa de los hongos” es, probablemente, la curandera mexicana más famosa que ha vivido. Su historia y reputación la llevaron a fungir como un puente entre el mundo místico y ritual de su pueblo, y la exploración mística del mundo occidental.

Proveniente de la etnia mazateca, María Sabina nació en 1894, en un pequeño pueblo llamado Huautla de Jiménez, ubicado en la Sierra de Oaxaca, al sur de México. En su familia paterna hubo varios chamanes. El contacto con ellos la acercó, desde muy pequeña, a las ceremonias tradicionales de la región que incluían la ingesta de hongos alucinógenos (conocidos como “niños santos”) como una forma de contacto con la divinidad; ella probó los hongos a la edad de ocho años. Así, María Sabina desarrolló intuitivamente el conocimiento de estos rituales y el poder curativo que en su cultura es atribuido a los hongos.

Entre los mazatecos, el método de sanación más común, desde antes de la colonia, incluye la ingesta ritual de hongos que crecen en la sierra, en particular de la especie llamada Psilocybe mexicana. Al ser visitada por alguien con algún padecimiento físico o espiritual, María Sabina fungía como una guía de viaje del paciente hacia reinos espirirtuales y su regreso (con la cura para su enfermedad). Los hongos eran para ella un instrumento que conectaba las dimensiones y realidades que suceden paralelamente. Por su peculiaridad, intensidad y reportes de su efectividad, las sesiones sanadoras de Sabina se hicieron muy populares en México a principios de la década de 1950.

Así, la entrega total a la práctica como sanadora de María Sabina comenzó hacia la mitad de su vida, en la década de los cincuentas. Sus ceremonias curativas con hongos incluían cantos mazatecos, humo de tabaco, ingesta de mezcal y ungüentos extraídos de distintas plantas medicinales. Éstas siempre se hacían durante la noche, pues era a esa hora que curandera podía ser acompañada y guiada por los astros hacia los reinos del más allá.

Con el tiempo, la historia de María Sabina, su fama y su misterio, llamaron la atención de medios y personalidades de muchos lugares del mundo y de distintas disciplinas. Uno de los primeros fue el estadounidense Robert Gordon Wasson, economista de profesión, mejor conocido por los estudios en etnobotánica (las interacciones entre humanos y su contexto vegetal) que hizo al lado de su esposa, Valentina Pavlovna Guercken. Dentro de sus varios intereses, estaba el uso de plantas alucinógenas en rituales de grupos étnicos provenientes de distintos lugares del planeta. Este interés condujo a la pareja a visitar en varias ocasiones la sierra mazateca, donde escucharon sobre la famosa curandera de Huautla.   

En 1955, Wasson y su esposa lograron que María Sabina los recibiera. Guiados por ella, llevaron a cabo algunas “vigilias” con hongos, y documentaron en imagen y sonido toda la experiencia; también obtuvieron muestras para investigación de los hongos utilizados en las sesiones. Un par de años más tarde, en 1957, un artículo escrito por el estadounidense fue publicado por la revista Life. El texto, acompañado de imágenes, describía sus investigaciones y narraba las experiencias de la pareja con María Sabina. Después de su publicación, las visitas de gente de todo el mundo a la curandera se multiplicaron. Ahora ella era famosa.

En 1968,  Wasson publica el libro El hongo maravilloso. Teonanácatl: micolatría en Mesoamérica (The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica) en donde dio a conocer detalladamente los frutos de su investigación micológica y antropológica en México. En el texto, el personaje principal es María Sabina. Es importante recordar que en ese momento en Estados Unidos el movimiento hippie —interesado en la psicodelia y la mística relacionada con ella— estaba en su cúspide. Esto influyó a la enorme popularidad del libro.

Las visitas nacionales y extranjeras a la curandera crecieron aún más. Muchas de ellas, sin embargo, implicaban búsquedas recreativas puramente psicodélicas que obviaron la historia de estas antiguas prácticas, y perdieron el respeto por la cultura y religión del pueblo mazateco. Esto provocó el disgusto de miembros de la comunidad a la que pertenecía María Sabina, argumentando que ella estaba lucrando con sus tradiciones. A Huautla de Jiménez llegaban constantemente medios de comunicación nacionales y extranjeros, turistas, artistas, intelectuales, antropólogos, investigadores y celebridades, entre las que podríamos mencionar a Aldous Huxley, Alejandro Jodorowski, Carlos Castaneda, Albert Hofmann, John Lennon y Walt Disney.

Es importante recordar, sin embargo, que dicha popularidad dio cierta estabilidad económica a María Sabina, a pesar de que sus sesiones hasta los últimos días fueron de cooperación voluntaria. Por todas estas razones, cuando ella murió en 1985, dejó un legado controversial: por un lado, un compendio de sabiduría y prácticas medicinales al compartir las costumbres de los mazatecos con el resto del mundo y, por otro lado, su historia contiene una lección necesaria que nos recuerda la facilidad con la que el mundo moderno consume las tradiciones ancestrales, no siempre con el debido respeto y basándose en moda, como si se tratara de un producto más.

En los pueblos originarios de Mesoamérica, el curandero o brujo es un personaje cuya función comunitaria es esencial por ser quien comunica este mundo con el de los dioses. A partir de ello, pueden curar enfermedades (físicas o espirituales), predecir el futuro y un sinfín de posibilidades. La figura de María Sabina, específicamente, no solamente fue un puente de sabiduría y misticismo dentro de su comunidad o entre el mundo de la divinidad y el de los hombres, fue uno de los personajes clave en el acercamiento que ha tenido el mundo entero, en décadas recientes, a las prácticas sagradas de estos pueblos, un viaje que aún tiene muchas lecciones que mostrarnos.

Imagen: Alan Rockefeller – Creative Commons