Una persona no es solamente una cosa, sino un entramado de gustos y proyecciones. Esto es especialmente claro cuando un director de cine que ha filmado más de 20 películas y ha ganado un sinfín de reconocimientos decide volverse fotógrafo de naturalezas muertas. Dicho ejercicio de exploración y diversificación se divisa como un alivio por desplegar un abanico de posibilidades sobre uno mismo, las muchas capas que integran a una persona y las infinitas maneras de emplear su tiempo e inspiración. Al menos así es para Pedro Almodóvar.

Recientemente, el director español inauguró una exhibición fotográfica en la Marlborough Gallery de Nueva York titulada Waiting for the Light. El color y un evidente dejo pop inundan sus piezas: retratos de floreros, frascos y botellas con flores casi muertas sobre fondos de colores. Como sus películas, las fotografías vibran con esa inconfundible estética almodovariana que en esta ocasión no se encarna en escenas melodramáticas o personajes pintorescos, sino en sencillas naturaleza muertas.

El nombre de la exhibición proviene de un principio que, al parecer, es capital para el artista (en sus películas, en sus fotografías y tal vez en la vida): el acto de esperar el instante correcto en que la luz ilumina exactamente lo que se quiere capturar. Esto no es una sorpresa cuando descubrimos que Almodóvar siempre se involucra en el diseño de arte de sus películas; en esta colección de imágenes es posible percibir su amor por los interiores y la decoración.

Muchos de los títulos de las fotografías están inspirados en pintores como Velázquez y el italiano Giorgio Morandi (cuyos bodegones se tocan con las fotografías de Almodóvar de manera íntima). En ellas también es posible encontrar una fuerte influencia de las estética surrealista de la artista Maruja Mallo, favorita del español, cuyas creaciones se cuentan entre las referencias visuales de su nuevo filme, Dolor y gloria.

En una entrevista para Artnet, Almodóvar habló de sí mismo como un “artista frustrado de muchas maneras”, también aseguró que esas profesiones truncas han encontrado un desfogue en su reciente incursión al mundo de la fotografía. De una manera casi intuitiva, las flores a medio morir que retrata sostienen una correspondencia con los personajes que ha plasmado en sus películas, lo que nos recuerda que, a pesar de sus grandes virtudes, la especialización siempre implicará saber cada vez más sobre menos, y que la posibilidad de diversificar cualquiera que sea la profesión que desempeñamos, que hemos elegido o nos ha elegido, puede convertirse en una aventura radical e imprescindible.

Imagen: T Wei – flickr

Una persona no es solamente una cosa, sino un entramado de gustos y proyecciones. Esto es especialmente claro cuando un director de cine que ha filmado más de 20 películas y ha ganado un sinfín de reconocimientos decide volverse fotógrafo de naturalezas muertas. Dicho ejercicio de exploración y diversificación se divisa como un alivio por desplegar un abanico de posibilidades sobre uno mismo, las muchas capas que integran a una persona y las infinitas maneras de emplear su tiempo e inspiración. Al menos así es para Pedro Almodóvar.

Recientemente, el director español inauguró una exhibición fotográfica en la Marlborough Gallery de Nueva York titulada Waiting for the Light. El color y un evidente dejo pop inundan sus piezas: retratos de floreros, frascos y botellas con flores casi muertas sobre fondos de colores. Como sus películas, las fotografías vibran con esa inconfundible estética almodovariana que en esta ocasión no se encarna en escenas melodramáticas o personajes pintorescos, sino en sencillas naturaleza muertas.

El nombre de la exhibición proviene de un principio que, al parecer, es capital para el artista (en sus películas, en sus fotografías y tal vez en la vida): el acto de esperar el instante correcto en que la luz ilumina exactamente lo que se quiere capturar. Esto no es una sorpresa cuando descubrimos que Almodóvar siempre se involucra en el diseño de arte de sus películas; en esta colección de imágenes es posible percibir su amor por los interiores y la decoración.

Muchos de los títulos de las fotografías están inspirados en pintores como Velázquez y el italiano Giorgio Morandi (cuyos bodegones se tocan con las fotografías de Almodóvar de manera íntima). En ellas también es posible encontrar una fuerte influencia de las estética surrealista de la artista Maruja Mallo, favorita del español, cuyas creaciones se cuentan entre las referencias visuales de su nuevo filme, Dolor y gloria.

En una entrevista para Artnet, Almodóvar habló de sí mismo como un “artista frustrado de muchas maneras”, también aseguró que esas profesiones truncas han encontrado un desfogue en su reciente incursión al mundo de la fotografía. De una manera casi intuitiva, las flores a medio morir que retrata sostienen una correspondencia con los personajes que ha plasmado en sus películas, lo que nos recuerda que, a pesar de sus grandes virtudes, la especialización siempre implicará saber cada vez más sobre menos, y que la posibilidad de diversificar cualquiera que sea la profesión que desempeñamos, que hemos elegido o nos ha elegido, puede convertirse en una aventura radical e imprescindible.

Imagen: T Wei – flickr