El árbol más antiguo del mundo tiene 5,065 años de edad. Se encuentra en las montañas blancas de California y es un secreto.

El nombre científico es pinus longaeva, y el común es pino longevo. Crece en las condiciones más difíciles: poco suelo, poca humedad y veranos muy cortos. A estos seres casi fantásticos los descubrió en los años treintas Edmund Schulman, un paleontólogo que se dedicaba a fechar sequías y eventos cósmicos a través de los anillos de los árboles.

Los pinos miden menos de 18.3 metros, se alimentan de dolomita, una substancia calcárea en las rocas, y crecen muy lento, algo así como 25 milímetros al año. Cada una de sus agujas puede vivir hasta 30 años. Crecen con toda la tranquilidad del mundo porque en esas cumbres desoladas no hay planta que compita con ellos. Entre uno y otro hay una gran distancia, de forma que si cae un rayo en uno de ellos, el árbol arderá solo y el incendio no afectará a los otros pinos. Es una imagen casi bíblica: un pino en llamas, solo, en medio del desierto.

Parte de su madera se va secando, pero esta madera es tan dura, viva o muerta, que ni los insectos ni los hongos logran dañarla. Así que, cuando mueren, sus troncos quedan intactos por siglos. Estos árboles fantasma parecen esculturas eólicas, como si el viento mismo hubiera tallado la madera.

Hoy es posible visitar a los árboles más antiguos, que han sido nombrados Buddah, Sócrates y Prometeo. Antes de que se detectara la importancia biológica de estos árboles, y se tomaran las medidas necesarias para protegerlos, Prometeo sucumbió al hacha de un estudiante de geografía. El árbol Prometeo estaba encadenado a la montaña igual que el titán de la mitología griega. Antes de que lo talaran era el árbol más antiguo del mundo.

Es por eso que nadie sabe exactamente dónde está el árbol que es ahora el más antiguo, llamado Methuselah (Matusalén). Sus coordenadas exactas permanecen ocultas para que nadie lo dañe, en nombre de la ciencia, la magia o el fetichismo. El árbol más viejo del mundo es el secreto más hermoso, escondido entre árboles fantasma y otros árboles, tan viejos que ya existían cuando se inventó el calendario, cuando se construyó Stonehenge y cuando se domesticó al caballo.

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El árbol más antiguo del mundo tiene 5,065 años de edad. Se encuentra en las montañas blancas de California y es un secreto.

El nombre científico es pinus longaeva, y el común es pino longevo. Crece en las condiciones más difíciles: poco suelo, poca humedad y veranos muy cortos. A estos seres casi fantásticos los descubrió en los años treintas Edmund Schulman, un paleontólogo que se dedicaba a fechar sequías y eventos cósmicos a través de los anillos de los árboles.

Los pinos miden menos de 18.3 metros, se alimentan de dolomita, una substancia calcárea en las rocas, y crecen muy lento, algo así como 25 milímetros al año. Cada una de sus agujas puede vivir hasta 30 años. Crecen con toda la tranquilidad del mundo porque en esas cumbres desoladas no hay planta que compita con ellos. Entre uno y otro hay una gran distancia, de forma que si cae un rayo en uno de ellos, el árbol arderá solo y el incendio no afectará a los otros pinos. Es una imagen casi bíblica: un pino en llamas, solo, en medio del desierto.

Parte de su madera se va secando, pero esta madera es tan dura, viva o muerta, que ni los insectos ni los hongos logran dañarla. Así que, cuando mueren, sus troncos quedan intactos por siglos. Estos árboles fantasma parecen esculturas eólicas, como si el viento mismo hubiera tallado la madera.

Hoy es posible visitar a los árboles más antiguos, que han sido nombrados Buddah, Sócrates y Prometeo. Antes de que se detectara la importancia biológica de estos árboles, y se tomaran las medidas necesarias para protegerlos, Prometeo sucumbió al hacha de un estudiante de geografía. El árbol Prometeo estaba encadenado a la montaña igual que el titán de la mitología griega. Antes de que lo talaran era el árbol más antiguo del mundo.

Es por eso que nadie sabe exactamente dónde está el árbol que es ahora el más antiguo, llamado Methuselah (Matusalén). Sus coordenadas exactas permanecen ocultas para que nadie lo dañe, en nombre de la ciencia, la magia o el fetichismo. El árbol más viejo del mundo es el secreto más hermoso, escondido entre árboles fantasma y otros árboles, tan viejos que ya existían cuando se inventó el calendario, cuando se construyó Stonehenge y cuando se domesticó al caballo.

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