Aunque a veces es fácil olvidarlo, una de las características esenciales de una nube es su brevedad. Eso es, quizá, lo que ha inspirado al holandés Berndnaut Smilde (Groningen, 1978) a crear instalaciones que hacen un tributo a lo efímero: nubes que habitan interiores por algunos segundos —minas, museos, bodegas y hasta catedrales—, para luego desvanecerse. Su serie Nimbus es una colección de fotografías de estos fantasmas meteorológicos que, con toda su gracia y ligereza, existieron durante un breve periodo de tiempo.

Cada una de las pequeñas nubes creadas por Smilde (extrañas esculturas y, también, sucesos poéticos) existe por un periodo de aproximadamente diez segundos —el tiempo necesario para que ésta pueda ser retratada. Sus materiales de trabajo son simples: humo y vapor de agua. El resultado de sus piezas hechas de clima (y las fotografías que las documentan) dependen en buena medida de la temperatura del lugar, que idealmente debe ser húmedo, lo más frío posible y no tener circulación de aire.

Para dar vida a sus nubes personales —únicas e irrepetibles—, Smilde utiliza un atomizador de agua con el que crea una pared de humedad. Posteriormente, un aparato que produce niebla artificial lanza una buena cantidad de ésta al espacio elegido. El artista procura que sus espectrales creaciones no sean mayores a dos metros, para que no se evaporen tan rápidamente: entre más pequeñas, más concentradas y texturizadas.

El holandés puede llegar a hacer hasta 100 pruebas antes de lograr la nube perfecta. Y, por supuesto, la locación juega un papel dramático en la imagen, que es lograda con la ayuda de fotógrafos especializados en arquitectura; a Smilde le gusta que los espacios y sus texturas se plasmen a detalle y contrasten con las suaves y acolchadas nubes.

Así, las nubes de Smilde no son sólo nubes sino también instantes (casi inquietantes), y símbolos, y metafísica pura. Como si se tratase de fantasmas, embrujos o extraños presagios, estos objetos cuya existencia dura sólo algunos segundos, habitan en algún lugar entre lo material y lo etéreo, entre lo real y lo surrealista, y son producto de una hazaña que es tan ilusionista como sobrenatural..

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Imágenes: Berndnaut Smilde y Ronchini Gallery

Aunque a veces es fácil olvidarlo, una de las características esenciales de una nube es su brevedad. Eso es, quizá, lo que ha inspirado al holandés Berndnaut Smilde (Groningen, 1978) a crear instalaciones que hacen un tributo a lo efímero: nubes que habitan interiores por algunos segundos —minas, museos, bodegas y hasta catedrales—, para luego desvanecerse. Su serie Nimbus es una colección de fotografías de estos fantasmas meteorológicos que, con toda su gracia y ligereza, existieron durante un breve periodo de tiempo.

Cada una de las pequeñas nubes creadas por Smilde (extrañas esculturas y, también, sucesos poéticos) existe por un periodo de aproximadamente diez segundos —el tiempo necesario para que ésta pueda ser retratada. Sus materiales de trabajo son simples: humo y vapor de agua. El resultado de sus piezas hechas de clima (y las fotografías que las documentan) dependen en buena medida de la temperatura del lugar, que idealmente debe ser húmedo, lo más frío posible y no tener circulación de aire.

Para dar vida a sus nubes personales —únicas e irrepetibles—, Smilde utiliza un atomizador de agua con el que crea una pared de humedad. Posteriormente, un aparato que produce niebla artificial lanza una buena cantidad de ésta al espacio elegido. El artista procura que sus espectrales creaciones no sean mayores a dos metros, para que no se evaporen tan rápidamente: entre más pequeñas, más concentradas y texturizadas.

El holandés puede llegar a hacer hasta 100 pruebas antes de lograr la nube perfecta. Y, por supuesto, la locación juega un papel dramático en la imagen, que es lograda con la ayuda de fotógrafos especializados en arquitectura; a Smilde le gusta que los espacios y sus texturas se plasmen a detalle y contrasten con las suaves y acolchadas nubes.

Así, las nubes de Smilde no son sólo nubes sino también instantes (casi inquietantes), y símbolos, y metafísica pura. Como si se tratase de fantasmas, embrujos o extraños presagios, estos objetos cuya existencia dura sólo algunos segundos, habitan en algún lugar entre lo material y lo etéreo, entre lo real y lo surrealista, y son producto de una hazaña que es tan ilusionista como sobrenatural..

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Imágenes: Berndnaut Smilde y Ronchini Gallery