De la vida sabemos más bien poco. De su otra cara, la muerte, nada. De la vida hemos llegado a comprender sus procesos, el sinfín de concatenaciones químicas que la hacen posible; pero continuamos sin tener una definición exhaustiva que agote su concepto. La muerte, a pesar de las promesas de la religión, sigue siendo un terreno vedado para la ciencia, una barrera que el conocimiento humano no ha podido nunca atravesar. Sin embargo, existen hombres y mujeres que confiesan haber estado allí. Su experiencia es investigada bajo el nombre genérico de ECM: experiencias cercanas a la muerte.

Raymond Moody, doctor en medicina y filosofía, es uno de sus más célebres investigadores. El doctor Moody se interesó por el fenómeno de la muerte a raíz de una experiencia que le fue relatada por un profesor en sus años universitarios. Más tarde, tras estudiar ciento cincuenta casos, constató que algunos elementos se repetían invariablemente: sonidos audibles, sensación de paz, experiencia extra corporal, visión de los momentos significativos de la vida, sensación de viajar a través de un túnel, etcétera.

Algunas de estas experiencias quedarían plasmadas en el libro que le dio fama: Vida después de la vida (1975). En él, Moody plantea interrogantes acerca de estos fenómenos, contrastándolos con las refutaciones más evidentes, como la falibilidad de la interpretación psicológica o su relación con experiencias inducidas por fármacos. Sin embargo, una y otra vez, las experiencias narradas parecen superar todo intento de reducción. ¿Cómo explicar que una persona muerta clínicamente pueda describir con todo tipo de detalles lo sucedido en la habitación antes de ser reanimada? ¿Y cuando se trata, además, de una persona ciega de nacimiento? Las experiencias recopiladas por Raymond Moody abrieron un campo de estudio singular: el de la posible pervivencia de la conciencia más allá de la muerte.

Aunque como científico Raymond Moody haya declarado en diferentes ocasiones que sus estudios no sirven para afirmar que haya vida después de la vida, sí ha dejado claro que la ciencia no puede dar respuesta a dichos fenómenos. Las incógnitas abiertas le han llevado a plantearse, sin embargo, intuiciones personales. Una de ellas es que la muerte pueda ser algo así como una expansión ilimitada de la conciencia, liberada definitivamente del tiempo-espacio.

 Imagen: Pixabay

De la vida sabemos más bien poco. De su otra cara, la muerte, nada. De la vida hemos llegado a comprender sus procesos, el sinfín de concatenaciones químicas que la hacen posible; pero continuamos sin tener una definición exhaustiva que agote su concepto. La muerte, a pesar de las promesas de la religión, sigue siendo un terreno vedado para la ciencia, una barrera que el conocimiento humano no ha podido nunca atravesar. Sin embargo, existen hombres y mujeres que confiesan haber estado allí. Su experiencia es investigada bajo el nombre genérico de ECM: experiencias cercanas a la muerte.

Raymond Moody, doctor en medicina y filosofía, es uno de sus más célebres investigadores. El doctor Moody se interesó por el fenómeno de la muerte a raíz de una experiencia que le fue relatada por un profesor en sus años universitarios. Más tarde, tras estudiar ciento cincuenta casos, constató que algunos elementos se repetían invariablemente: sonidos audibles, sensación de paz, experiencia extra corporal, visión de los momentos significativos de la vida, sensación de viajar a través de un túnel, etcétera.

Algunas de estas experiencias quedarían plasmadas en el libro que le dio fama: Vida después de la vida (1975). En él, Moody plantea interrogantes acerca de estos fenómenos, contrastándolos con las refutaciones más evidentes, como la falibilidad de la interpretación psicológica o su relación con experiencias inducidas por fármacos. Sin embargo, una y otra vez, las experiencias narradas parecen superar todo intento de reducción. ¿Cómo explicar que una persona muerta clínicamente pueda describir con todo tipo de detalles lo sucedido en la habitación antes de ser reanimada? ¿Y cuando se trata, además, de una persona ciega de nacimiento? Las experiencias recopiladas por Raymond Moody abrieron un campo de estudio singular: el de la posible pervivencia de la conciencia más allá de la muerte.

Aunque como científico Raymond Moody haya declarado en diferentes ocasiones que sus estudios no sirven para afirmar que haya vida después de la vida, sí ha dejado claro que la ciencia no puede dar respuesta a dichos fenómenos. Las incógnitas abiertas le han llevado a plantearse, sin embargo, intuiciones personales. Una de ellas es que la muerte pueda ser algo así como una expansión ilimitada de la conciencia, liberada definitivamente del tiempo-espacio.

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