Todo tiene un principio. Como en los primeros discos de grandes leyendas de la música, Pink Floyd o los Beatles por ejemplo, en el primer álbum de Björk es posible reconocer los inicios de su búsqueda estilística, además del talento natural de esta artista que, años después, sería un ícono.

A los tres años de edad ya cantaba los temas de la película La novicia rebelde y dos años después fue aceptada en un conservatorio musical, para graduarse como pianista clásica a los quince años. Uno de primeros discos que tuvo fue Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. A pesar de su amor por la física y las ciencias naturales, para su familia y amigos siempre fue indudable el camino que habría de seguir.

En 1976, mientras asistía a una escuela de música en su natal Reikiavik, Björk Guðmundsdóttir hizo su primer lanzamiento oficial: una versión de la canción “I Love to love” de Tina Charles, transmitida por la entonces única estación de radio de Islandia. Este sencillo le consiguió un contrato para grabar su primer álbum, titulado sencillamente Björk.

El álbum fue grabado en 1977 cuando la artista tenía once años. Se trata de un trabajo familiar: la madre de Björk, Hildur Rúna Hauksdóttir, diseñó la portada y su padrastro, Svævar Árnason, conocido guitarrista de una banda local, compuso algunos de los temas y toca la guitarra. El álbum fue exitoso en Islandia, pero nunca salió del país; contiene versiones traducidas al islandés de Stevie Wonder, Edgar Winter y los Beatles; algunas canciones escritas por Svævar Árnason y un tema, “Arabadrengurinn” —El niño árabe, escrito e interpretado por la propia Björk.

Su primer disco tiene un sonido evidentemente tocado por la psicodelia de su era, una que podría recordarnos a Los Beatles o a King Crimson, en una versión infantil y hermosamente inocente de las bandas que Björk escuchó desde niña.

Después de grabar este primer álbum, la disquera ofreció Björk hacer un segundo álbum; ella se negó y con el dinero que ganó por este primer trabajo, decidió comprarse un piano de cola. Sin embargo, el final de esta historia era completamente inevitable.

Todo tiene un principio. Como en los primeros discos de grandes leyendas de la música, Pink Floyd o los Beatles por ejemplo, en el primer álbum de Björk es posible reconocer los inicios de su búsqueda estilística, además del talento natural de esta artista que, años después, sería un ícono.

A los tres años de edad ya cantaba los temas de la película La novicia rebelde y dos años después fue aceptada en un conservatorio musical, para graduarse como pianista clásica a los quince años. Uno de primeros discos que tuvo fue Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. A pesar de su amor por la física y las ciencias naturales, para su familia y amigos siempre fue indudable el camino que habría de seguir.

En 1976, mientras asistía a una escuela de música en su natal Reikiavik, Björk Guðmundsdóttir hizo su primer lanzamiento oficial: una versión de la canción “I Love to love” de Tina Charles, transmitida por la entonces única estación de radio de Islandia. Este sencillo le consiguió un contrato para grabar su primer álbum, titulado sencillamente Björk.

El álbum fue grabado en 1977 cuando la artista tenía once años. Se trata de un trabajo familiar: la madre de Björk, Hildur Rúna Hauksdóttir, diseñó la portada y su padrastro, Svævar Árnason, conocido guitarrista de una banda local, compuso algunos de los temas y toca la guitarra. El álbum fue exitoso en Islandia, pero nunca salió del país; contiene versiones traducidas al islandés de Stevie Wonder, Edgar Winter y los Beatles; algunas canciones escritas por Svævar Árnason y un tema, “Arabadrengurinn” —El niño árabe, escrito e interpretado por la propia Björk.

Su primer disco tiene un sonido evidentemente tocado por la psicodelia de su era, una que podría recordarnos a Los Beatles o a King Crimson, en una versión infantil y hermosamente inocente de las bandas que Björk escuchó desde niña.

Después de grabar este primer álbum, la disquera ofreció Björk hacer un segundo álbum; ella se negó y con el dinero que ganó por este primer trabajo, decidió comprarse un piano de cola. Sin embargo, el final de esta historia era completamente inevitable.

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