El tiempo se detuvo el 9 de agosto de 1945 después de una de las atrocidades más grandes de la historia del hombre. El impacto devastador que colapso la esperanza de millones de habitantes en Japón, el suceso que cambió el curso de la historia. Aunque resurgidos de las cenizas, la cicatriz permanecerá por siempre y para tenerlo presente, el trabajo fotográfico de Shomei Tomatsu (1930 Japón) funge como memoria.

La fotografía de un reloj de pulsera congelado a las 11:02 am, el momento preciso en que la catástrofe nuclear eclipso la luz del sol, la pureza del aire y las intenciones del arte, es el registro estremecedor de la desgracia. Shomei Tamatsu 15 años después de los bombardeos sale a las calles y registra el cambio de su país, contando ya con un extenso trabajo en el área de reportaje social; estudió economía y aprendió fotografía de manera autodidactica, en las décadas cruciales en el destino de esta nueva forma de arte, que en ese tiempo encontró vigorosos exponentes que le dieron voz.

El año pasado el trabajo se Shomei se expuso en el Barbican Centre, en Londres, junto a grandes artistas de distinta procedencia, por ejemplo Bruce Davidson, William Eggleston, David Goldblatt, Graciela Iturbide, Boris Mikhailov, Sigmar Polke, Malick Sidibé y Li Zhensheng. Everything Was Moving: Photography from the 60s and 70s fue el nombre de la exhibición, se compone de 400 obras las cuales, en su mayoría, son poco conocidas.

Una de las imágenes más representativas de este creador octogenario, es la deformación que sufrió una botella de vidrio que se derritió debido al calor la explosión atómica, belleza causada por una catástrofe, Eros y Tánatos indisolubles pares de opuestos que son la esencia y el vigor de la obra de Shomei Tamatsu, un fotógrafo de contrastes que ha estremecido al mundo.

El tiempo se detuvo el 9 de agosto de 1945 después de una de las atrocidades más grandes de la historia del hombre. El impacto devastador que colapso la esperanza de millones de habitantes en Japón, el suceso que cambió el curso de la historia. Aunque resurgidos de las cenizas, la cicatriz permanecerá por siempre y para tenerlo presente, el trabajo fotográfico de Shomei Tomatsu (1930 Japón) funge como memoria.

La fotografía de un reloj de pulsera congelado a las 11:02 am, el momento preciso en que la catástrofe nuclear eclipso la luz del sol, la pureza del aire y las intenciones del arte, es el registro estremecedor de la desgracia. Shomei Tamatsu 15 años después de los bombardeos sale a las calles y registra el cambio de su país, contando ya con un extenso trabajo en el área de reportaje social; estudió economía y aprendió fotografía de manera autodidactica, en las décadas cruciales en el destino de esta nueva forma de arte, que en ese tiempo encontró vigorosos exponentes que le dieron voz.

El año pasado el trabajo se Shomei se expuso en el Barbican Centre, en Londres, junto a grandes artistas de distinta procedencia, por ejemplo Bruce Davidson, William Eggleston, David Goldblatt, Graciela Iturbide, Boris Mikhailov, Sigmar Polke, Malick Sidibé y Li Zhensheng. Everything Was Moving: Photography from the 60s and 70s fue el nombre de la exhibición, se compone de 400 obras las cuales, en su mayoría, son poco conocidas.

Una de las imágenes más representativas de este creador octogenario, es la deformación que sufrió una botella de vidrio que se derritió debido al calor la explosión atómica, belleza causada por una catástrofe, Eros y Tánatos indisolubles pares de opuestos que son la esencia y el vigor de la obra de Shomei Tamatsu, un fotógrafo de contrastes que ha estremecido al mundo.

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