El mapa no es el territorio.

—Alfred Korzybski

Los mapas no son sólo mapas, también son proyecciones humanas, metáforas donde se encuentran lo geográfico y lo imaginario. El caso de las islas fantasma —ínsulas que nunca existieron pero que figuraron en nuestra cartografía— es un ejemplo claro de ello. Los mapas son planos de nuestros territorios, de nuestros miedos, deseos y, sobre todo, de nuestra relación con el poder.

Mucho antes de que la tecnología de geolocalización existiera, los mapas se hacían a partir de distintos elementos que no siempre eran parte de la realidad geográfica del planeta: relatos de marineros y exploradores que muchas veces se transformaban en leyendas transmitidas de boca en boca, errores cartográficos y, en algunas raras ocasiones, territorios que de hecho existieron pero desaparecieron a causa de un huracán o terremoto —como Pactolous Bank, isla descubierta en 1885 y visitada por el famoso pirata Sir Francis Drake, que en algún punto desapareció en el fondo del mar.

Así, la historia de la cartografía también es una narrativa de la historia humana y su particular relación con las tierras y mares que cree poseer: está inmersa en lo político y en lo ontológico, en lo fantasioso y en lo alegórico. Los mapas son la forma en que nos narramos a nosotros mismos como seres terrícolas, como miembros de un continente, de un país o una ciudad. El caso de América, territorio dibujado una y otra vez por sus conquistadores europeos, tiene su propia complejidad. Baste recordar el extraño lugar que durante décadas tuvo Brasil en los mapas (como una isla cerca de Irlanda, antes de que el continente americano fuera descubierto); las muchas representaciones de la península de Baja California como una alargada isla desconectada del resto del continente; o ese legendario mar que alguna vez figuró en los mapas de Norteamérica y que nunca existió.

A la distancia, tan física como cultural, los europeos mapearon América, la tierra prometida y el botín recién descubierto, de innumerables maneras. A continuación una breve selección de mapas antiguos de América:

 

1
1633
2
1550
3
1762
4
1825
5
1630

6
1700-1720?
7

 

 

 

 

 

 

Imágenes: New York Public Library – Digital Collections

El mapa no es el territorio.

—Alfred Korzybski

Los mapas no son sólo mapas, también son proyecciones humanas, metáforas donde se encuentran lo geográfico y lo imaginario. El caso de las islas fantasma —ínsulas que nunca existieron pero que figuraron en nuestra cartografía— es un ejemplo claro de ello. Los mapas son planos de nuestros territorios, de nuestros miedos, deseos y, sobre todo, de nuestra relación con el poder.

Mucho antes de que la tecnología de geolocalización existiera, los mapas se hacían a partir de distintos elementos que no siempre eran parte de la realidad geográfica del planeta: relatos de marineros y exploradores que muchas veces se transformaban en leyendas transmitidas de boca en boca, errores cartográficos y, en algunas raras ocasiones, territorios que de hecho existieron pero desaparecieron a causa de un huracán o terremoto —como Pactolous Bank, isla descubierta en 1885 y visitada por el famoso pirata Sir Francis Drake, que en algún punto desapareció en el fondo del mar.

Así, la historia de la cartografía también es una narrativa de la historia humana y su particular relación con las tierras y mares que cree poseer: está inmersa en lo político y en lo ontológico, en lo fantasioso y en lo alegórico. Los mapas son la forma en que nos narramos a nosotros mismos como seres terrícolas, como miembros de un continente, de un país o una ciudad. El caso de América, territorio dibujado una y otra vez por sus conquistadores europeos, tiene su propia complejidad. Baste recordar el extraño lugar que durante décadas tuvo Brasil en los mapas (como una isla cerca de Irlanda, antes de que el continente americano fuera descubierto); las muchas representaciones de la península de Baja California como una alargada isla desconectada del resto del continente; o ese legendario mar que alguna vez figuró en los mapas de Norteamérica y que nunca existió.

A la distancia, tan física como cultural, los europeos mapearon América, la tierra prometida y el botín recién descubierto, de innumerables maneras. A continuación una breve selección de mapas antiguos de América:

 

1
1633
2
1550
3
1762
4
1825
5
1630

6
1700-1720?
7

 

 

 

 

 

 

Imágenes: New York Public Library – Digital Collections