Hace treinta años, seis adolescentes parisinos lograron perpetrar un peculiar robo. Los jóvenes se infiltraron en la oscuridad de la noche al sótano del Ministerio de Telecomunicaciones para buscar los mapas de la red de túneles de toda la ciudad. Hicieron una copia de cada uno y devolvieron las llaves. Este hurto de información, similar al que hoy haría un hacker, fue el acto fundacional de UX (L’Urban eXperiment), asociación clandestina dedicada a preservar el patrimonio cultural de París.

UX es una especie de colectivo artístico que opera al margen de la ley pero en beneficio de los ciudadanos, restaurando sigilosamente los huecos de antigua gloria que nadie cuida, montando una serie de eventos culturales en las redes subterráneas que inyectan energía a los espacios desamparados por la vida superficial.

La organización ha conducido más de quince restauraciones encubiertas. Su intervención furtiva más célebre fue la reparación del reloj decimonónico del Panteón, la estructura que aloja a muchos de los próceres de la “Ciudad Luz”. Ocho restauradores, miembros de la célula Untergunther de UX, construyeron su propio taller secreto, equipado con electricidad, acceso a Internet, nevera, muebles y herramientas de trabajo. Después de un año de trabajo secreto, en el 2007 lograron hacer que el viejo reloj del Panteón volviera a correr. Los habitantes del Barrio Latino no habían escuchado ese tictac desde la década de los sesenta. Lamentablemente, el director del Panteón luego le pidió a otro relojero que desarmara la maquinaria e interpuso una demanda contra UX.

Con una estructura rizomática de subgrupos con habilidades tan diversas como la albañilería y la programación cultural (entre varias otras), lo que une a los cerca de cien miembros de UX es el interés por los espacios y artefactos marginados de la civilización francesa, un preciosismo de los rincones. Posando su mirada sobre lo que ya nadie nota, son también flâneurs de la sombra, exploradores de un mundo subterráneo que solo sigue existiendo para ellos.

UX no tiene manifiesto ni leyes internas, salvo que todos los miembros deben de preservar su secrecía. Para pertenecer, como en cualquier sociedad secreta, se necesita ser previamente invitado. Su labor rara vez sale a la superficie: una inusual entrevista con algun miembroel descubrimiento de alguna de sus restauraciones o una ex-novia despechada que revela la existencia de un cine soterrado.

El libre acceso al subsuelo de París (la organización dice tener entrada a todos los edificios del gobierno) se traduce en un movimiento verdaderamente underground del arte.

Difícilmente uno pensaría que el oficio de preservar monumentos abandonados y de mantener vivo el patrimonio cultural de una ciudad sería una actividad atractiva, excitante, cool. Pero UX ha logrado revolucionar estos prejuicios, convirtiendo en presente vivo el arte de siglos pasados. Los miembros de UX son sin duda parte de una élite anónima que trabaja por el bien colectivo sin esperar reconocimiento.

Hace treinta años, seis adolescentes parisinos lograron perpetrar un peculiar robo. Los jóvenes se infiltraron en la oscuridad de la noche al sótano del Ministerio de Telecomunicaciones para buscar los mapas de la red de túneles de toda la ciudad. Hicieron una copia de cada uno y devolvieron las llaves. Este hurto de información, similar al que hoy haría un hacker, fue el acto fundacional de UX (L’Urban eXperiment), asociación clandestina dedicada a preservar el patrimonio cultural de París.

UX es una especie de colectivo artístico que opera al margen de la ley pero en beneficio de los ciudadanos, restaurando sigilosamente los huecos de antigua gloria que nadie cuida, montando una serie de eventos culturales en las redes subterráneas que inyectan energía a los espacios desamparados por la vida superficial.

La organización ha conducido más de quince restauraciones encubiertas. Su intervención furtiva más célebre fue la reparación del reloj decimonónico del Panteón, la estructura que aloja a muchos de los próceres de la “Ciudad Luz”. Ocho restauradores, miembros de la célula Untergunther de UX, construyeron su propio taller secreto, equipado con electricidad, acceso a Internet, nevera, muebles y herramientas de trabajo. Después de un año de trabajo secreto, en el 2007 lograron hacer que el viejo reloj del Panteón volviera a correr. Los habitantes del Barrio Latino no habían escuchado ese tictac desde la década de los sesenta. Lamentablemente, el director del Panteón luego le pidió a otro relojero que desarmara la maquinaria e interpuso una demanda contra UX.

Con una estructura rizomática de subgrupos con habilidades tan diversas como la albañilería y la programación cultural (entre varias otras), lo que une a los cerca de cien miembros de UX es el interés por los espacios y artefactos marginados de la civilización francesa, un preciosismo de los rincones. Posando su mirada sobre lo que ya nadie nota, son también flâneurs de la sombra, exploradores de un mundo subterráneo que solo sigue existiendo para ellos.

UX no tiene manifiesto ni leyes internas, salvo que todos los miembros deben de preservar su secrecía. Para pertenecer, como en cualquier sociedad secreta, se necesita ser previamente invitado. Su labor rara vez sale a la superficie: una inusual entrevista con algun miembroel descubrimiento de alguna de sus restauraciones o una ex-novia despechada que revela la existencia de un cine soterrado.

El libre acceso al subsuelo de París (la organización dice tener entrada a todos los edificios del gobierno) se traduce en un movimiento verdaderamente underground del arte.

Difícilmente uno pensaría que el oficio de preservar monumentos abandonados y de mantener vivo el patrimonio cultural de una ciudad sería una actividad atractiva, excitante, cool. Pero UX ha logrado revolucionar estos prejuicios, convirtiendo en presente vivo el arte de siglos pasados. Los miembros de UX son sin duda parte de una élite anónima que trabaja por el bien colectivo sin esperar reconocimiento.

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