¿Qué pasaría si los espectaculares de una ciudad, en lugar de interrumpir, enaltecieran? La vida urbana sería sin duda otra historia. En su proyecto titulado OMG, Who Stole My Ads?, el artista francés Étienne Lavie se propuso la misión de transformar la publicidad de París en una galería al aire libre. Lavie reemplazó los espectaculares más invasivos de su ciudad con obras de arte de distintas épocas de Francia.

Su proyecto nos hace pensar que, debido a que nuestros sentidos se han sobre-desarrollado al punto de que necesitamos estímulos visuales a nuestro alrededor para satisfacer una necesidad moderna de información, lo mejor sería, más que una ciudad sin espectaculares, una ciudad en la que estos fueran pocos y funcionaran como epifanías. Apariciones clásicas, musas, claroscuros o impresionismos que habiten con modestia algunos rincones de la urbe, sin querer lucrar de ninguna manera con nuestra curiosidad.

OMG, Who Stole My Ads es, por obvias razones, temporal, pero es un atisbo de lo que sería una utopía estética que propone que nuestra mirada, nuestra atención, no sea robada por anuncios obscenamente llamativos, sino que elijamos voltear, y quizás incluso nos quedemos ahí, mirando, un minuto más. Con esta formidable idea, Lavie le regala a Paris un bien merecido descanso de información mediatizada, y ventila los sentidos de sus habitantes; les da más vida, más espacio para sentir la propia ciudad y su historia, más paisajes para visitar.

¿Qué pasaría si los espectaculares de una ciudad, en lugar de interrumpir, enaltecieran? La vida urbana sería sin duda otra historia. En su proyecto titulado OMG, Who Stole My Ads?, el artista francés Étienne Lavie se propuso la misión de transformar la publicidad de París en una galería al aire libre. Lavie reemplazó los espectaculares más invasivos de su ciudad con obras de arte de distintas épocas de Francia.

Su proyecto nos hace pensar que, debido a que nuestros sentidos se han sobre-desarrollado al punto de que necesitamos estímulos visuales a nuestro alrededor para satisfacer una necesidad moderna de información, lo mejor sería, más que una ciudad sin espectaculares, una ciudad en la que estos fueran pocos y funcionaran como epifanías. Apariciones clásicas, musas, claroscuros o impresionismos que habiten con modestia algunos rincones de la urbe, sin querer lucrar de ninguna manera con nuestra curiosidad.

OMG, Who Stole My Ads es, por obvias razones, temporal, pero es un atisbo de lo que sería una utopía estética que propone que nuestra mirada, nuestra atención, no sea robada por anuncios obscenamente llamativos, sino que elijamos voltear, y quizás incluso nos quedemos ahí, mirando, un minuto más. Con esta formidable idea, Lavie le regala a Paris un bien merecido descanso de información mediatizada, y ventila los sentidos de sus habitantes; les da más vida, más espacio para sentir la propia ciudad y su historia, más paisajes para visitar.

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